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El Distrito de Medellín debe ser un actor principal y no sólo un moderador del mercado: debe participar activamente del negocio inmobiliario para dar soluciones ante la gentrificación.
Por Daniel Carvalho Mejía - @davalho
El aumento de los precios de la vivienda en Medellín es innegable y, en algunos barrios, francamente preocupante. Los análisis muestran incrementos de hasta 50% en el valor de los arriendos, lo cual genera el desplazamiento de vecinos tradicionales que, ante la incapacidad de asumir el aumento, tienen la obligación de migrar a otros barrios con menores costos y calidad de vida. A este fenómeno se le llama gentrificación (o turistificación). La respuesta simplista ante esta situación es gritar: ‘gringos go home’ y suponer que, sin turistas, todo sería mejor. La realidad, como siempre, es más compleja y requiere análisis y respuestas integrales.
El posicionamiento de Medellín como destino turístico internacional es uno de los motivos que explica esta situación, pero no el único: el aumento general del costo de vida en el país - que ha regresado a cifras de inflación de dos dígitos - y el déficit de oferta de vivienda en el Valle de Aburrá - con indicadores de vivienda nueva muy por debajo de otras urbes colombianas - son otros factores que explican el fenómeno. La respuesta institucional debe, por lo tanto, abordar las diferentes causas y actuar de forma estratégica, pero urgente.
Los arrendamientos de corta duración (inferiores a 30 días, según la normativa colombiana), tan apetecidos por los turistas y facilitados por las plataformas digitales, generan un incremento de costos como, desde hace décadas, sucede en las principales ciudades turísticas. Conviene aprender lecciones ajenas para pensar cuáles de sus estrategias pueden funcionar en nuestro contexto.
Demos un vistazo a las principales medidas tomadas en otras latitudes: - Limitación del número de días de alquiler al año (Londres, Vancouver, Amsterdam...) - Normas estrictas de registro como negocio turístico para los propietarios (Nueva York y Argentina). - Protección especial de ciertos barrios patrimoniales o tradicionales (Florencia, Munich y Valencia). - Creación de unidades administrativas dedicadas a la verificación del cumplimiento de las normas (París y Barcelona). - Incentivos para que los dueños reconviertan sus propiedades al modelo de renta permanente (Portugal). Considero que estas ideas son pertinentes para Medellín y deberían ser estudiadas para su implementación por la nueva administración distrital.
De otra parte, es prioritario relanzar la construcción de vivienda. Para ello, en primer lugar, es necesario abordar el tema a nivel metropolitano y dejar atrás la competencia (a veces desleal) que hemos visto entre municipios del Valle de Aburrá en la última década. En el caso particular de Medellín, considero urgente tomar las medidas necesarias para acelerar la renovación urbana a lo largo del río (por ejemplo en Guayabal, Perpetuo Socorro, Naranjal y los alrededores de la Autopista Norte); encontrar modelos viables y agradables de densificación de los barrios de baja ladera (en especial en la zona Norte y a lo largo del Metro de la 80) y garantizar la posibilidad de crecimiento futuro alrededor del aeropuerto Olaya Herrera, con la decisión de su cierre definitivo y su conversión en parque público metropolitano. El Distrito de Medellín debe ser un actor principal y no sólo un moderador del mercado: debe participar activamente del negocio inmobiliario para dar soluciones ante la gentrificación.
Espero que este tema sea atendido por las administraciones entrantes y se refleje en los planes de desarrollo, pues debemos aprovechar al máximo el auge del turismo y ofrecer vivienda digna y accesible a los habitantes de nuestra ciudad; tenemos el recurso humano y el conocimiento para lograrlo, ahora necesitamos la voluntad.