Pico y Placa Medellín
viernes
0 y 6
0 y 6
La institucionalidad paralela que propone Petro es mala para la caficultura y también para el país y sus regiones.
Por Mauricio Perfetti Del Corral - mauricioperfetti@gmail.com
Hace poco se realizó la llamada “Asamblea Nacional Cafetera” con la justificación de una supuesta existencia de organizaciones de productores que no tienen representación en la institucionalidad cafetera; además, con la pretensión del presidente Petro y la ministra de Agricultura de construir una organización paralela a la Federación Nacional de Cafeteros (FNC). Dicha Asamblea constituye un golpe a una institucionalidad creada hace ya cerca de 100 años siendo la alianza público-privada más grande del siglo XX, aún antes de que esta figura fuera ampliamente utilizada (Juan Carlos López, Eafit).
La caficultura sigue siendo importante en términos económicos: El café representa cerca del 10,0% del PIB agropecuario y casi 1,0% del PIB; sin embargo, para departamentos como el Huila, primer productor, el café representa casi el 50,0% del PIB agropecuario departamental. La caficultura está presente en 23 departamentos y 604 municipios y una cosecha cafetera vale en promedio al año $12,5 billones. En términos sociales, 640.000 familias dependen del café y cerca de 600.000 personas trabajan en labores del cultivo; como dice Juan Luis Mejía, la caficultura es ante todo una historia social. La caficultura y su institucionalidad han significado escuelas, educación, puestos de salud, vías terciarias, acueductos, entre otras obras en zonas de influencia que muestran una menor pobreza respecto al total rural. La estructura productiva favorece una mejor distribución del ingreso pues cerca del 90,0% de los productores son pequeños. La institucionalidad se caracteriza por una democracia que elige sus representantes en elecciones donde votan cerca de 200.000 caficultores y se presentan cerca de 5.000 candidatos.
La FNC ha consolidado un sistema de extensión que se distingue notoriamente por su cobertura respecto a otros cultivos (Censo Agropecuario, Dane); así mismo, la investigación ha generado nuevas variedades de café resistentes a la roya, con mayor resistencia a la variabilidad climática y posibilidad de siembra en diversas zonas cafeteras. Fundamental también ha sido la garantía de compra que ejerce la FNC para proteger al pequeño caficultor de abusos de mercado cuando hay pocos compradores. Quizás una de las labores más importantes ha sido la política comercial y de valor agregado, como señala Gabriel Silva, exgerente de FNC, que las multinacionales que comercializan y procesan el grano en el mundo “no escondan el origen del café colombiano” lo cual ha significado mayores precios que se trasladan al productor.
La institucionalidad paralela que propone Petro es mala para la caficultura y también para el país y sus regiones. Petro es el primer presidente en la historia que no aboga por la caficultura, que ataca la institucionalidad y desvirtúa las palabras del expresidente Santos acerca de la FNC: “la concertación es ley y las políticas se fijan conjuntamente con el gobierno”. La Federación debería estudiar varios de los puntos de la mencionada Asamblea y, con base en ello, incorporar lo pertinente en su agenda y echar mano de “la capacidad de sobreponerse con éxito a las adversidades y continuar el camino del progreso”, como lo señala Juan Luis Mejía.