Guillermo, junto a su esposa Gladis, me saluda con un abrazo y una sonrisa grande. Somos amigos desde hace más de veinte años, durante los cuales hemos vivido eventos, a veces dolorosos, que han marcado la existencia de ambos; más recientemente, la muerte repentina de nuestro amigo David. Pero esta vez Guillermo quiere celebrar. Hace unos meses se metió a un curso de criptomoneda en la Montaña Sagrada de Daniel Tirado, y descubrió un mundo que no solamente le abrió nuevas posibilidades económicas, sino que le despertó la conciencia. De hecho, el mundo de la criptomoneda, con su estructura descentralizada, no es solamente un nuevo modelo económico que se apoya en las nuevas tecnologías, sino una manera de crear economía impulsada por una nueva visión del mundo, de la humanidad y del futuro. Guillermo finalmente siente que puede ser el creador de su vida y del futuro de su familia. Empezó a vivir bajo un nuevo estilo de vida, madrugando, practicando yoga y meditando, antes de encender la pantalla de su computadora y analizar los gráficos de las criptomonedas con las cuales está haciendo trading.
Guillermo es uno de los miembros más recientes de la creciente cripto-tribu, la cual es todavía, en gran parte, underground e imperceptible, y que vive lejana (y diría en alternativa, si no en oposición) al sistema económico tradicional que se erige en la alianza entre élites empresariales, financieras y políticas; un sistema económico que sigue favoreciendo a unos pocos, alimentando, en lugar de resolver, los índices de desigualdad. La tribu trasnacional de las criptomonedas y del blockchain, en cambio, pretende apoyar la realidad de la interdependencia, la promesa de las nuevas tecnologías y cumplir con la utopía del capitalismo de expresar el potencial humano de cada uno y democratizar la abundancia. Este potencial Guillermo y sus compañeros lo vivieron esta semana al ver como el bitcoin alcanzó un nuevo récord histórico (superando los 66 mil dólares), creciendo un 50 % más que el mes pasado. Disfrutaron de retornos que ningún banco o fondo les ha permitido durante el mismo tiempo. El potencial de la criptomoneda es altamente disruptor para el sistema financiero mundial.
El emerger de esta realidad lo habían previsto economistas como James Dale Davidson y lord William Rees-Moog, quienes en los años noventa escribieron el libro The Sovereign Individual, profetizando una independencia financiera sin precedentes para los individuos. Decretaron que la cibereconomía será el mayor fenómeno económico del futuro. “La cibereconomía, más que China, bien podría ser el mayor fenómeno económico de los próximos treinta años”, escriben, decretando el cambio progresivo de la soberanía del Estado Nación a la soberanía del individuo. Hoy, quienes tienen los ojos abiertos son concientes de que la semilla de este futuro ya está presente y de que es detectable también en otros comportamientos que estamos observando, como el declive de la participación electoral y, sobre todo en Estados Unidos y Europa, la oposición a las medidas de los gobiernos contra el covid-19.
En esta era de la incertidumbre y de la crisis permanente, se está engendrando una nueva humanidad