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Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com
Lástima que un medio de interacción como Facebook, que era muy amistoso y cordial, haya perdido cualidades y se vuelva hostil y tóxico, en la medida en que se metan personas agresivas, de pésimo humor o contaminadas por un ánimo sectario e insultante que impone la exclusión de todo aquel que no esté de acuerdo con sus gustos y pareceres políticos. Para evitar experiencias tan fastidiosas como la de recibir agravios sin ton ni son es preferible mantener una actitud prudente de simple observador callado y optar, si acaso, por hablar del estado del tiempo, de las reuniones familiares o de los helados predilectos o de las recomendaciones y fórmulas para lucirse con la buena mesa.
Tal vez algún día los amargados que usan esa red social calmen su fiebre de polemistas novatos y desistan de avanzar en el cultivo de la insultología. Tan bueno que es conversar, intercambiar opiniones, en un entorno tolerante, como para que el ciberespacio disponible se convierta en un ring de boxeo, peor todavía en dominio de individuos amargados que, así exhiban títulos avanzados y un prestigio que les niegan a los demás, disfrutan el oficio autocrático de censores y agentes de la contracultura represiva de la descalificación.
He sostenido que en este país no hay censura, a pesar de algunos signos más o menos frecuentes. No la hay, como práctica institucional. Sí la han impuesto desde hace años las corrientes antiinstitucionales, la delincuencia organizada, la guerrilla, el paramilitarismo, etc. De resto, la libertad la hay hasta en exceso, en forma silvestre, natural, sin cultivar. Es una belleza que brota de modo incontrolado. Ni siquiera aprendemos a identificarla, diferenciarla, hacerla y vivirla. Pero se usa de manera abusiva, hasta negárselas a los oponentes o contradictores, como está pasando en Facebook y en otros escenarios parecidos. Se trastrueca en censura. Los ciudadanos que usurpan cuentas y sitios de redes sociales para matonear a todo aquel que se atreva o incurra en la tontería de discordar ya es tiempo de que se notifiquen del linchamiento al que están exponiéndose. Es seguro que no van a salir bien librados.
En tiempos de sectarismo y apasionamiento ideológico, político, grupista, personalista, como sucede ahora, es una desgracia tener que admitir que en virtud de la prudencia y la protección del derecho personalísimo al buen nombre habrá que abstenerse de discutir, al menos mientras pasa el huracán de los censores enmascarados de pensadores, dueños de la verdad y de la honra y la fama de cualquier contradictor. Replicar, discordar, argumentar, emplear la razón y utilizar la dialéctica para hacer valer puntos de vista respetables con el fin de contribuir a la comprensión y la interpretación de los hechos de actualidad, son actividades prohibidas en la red social ya mencionada, en la cual decir que se tiene una lista de centenares de amigos está a pasando a ser un engaño, una falacia, porque se ha entronizado una nueva expresión de la censura soterrada.