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No basta el paraguas

17 de marzo de 2025
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  • No basta el paraguas
  • No basta el paraguas

Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com

Los que hemos vivido en Medellín desde mediados del siglo pasado no recordamos que haya habido una temporada tan extraña, fuerte, sorpresiva y asustadora de aguaceros, tempestades y descargas eléctricas, como la de estos días. De repente y cuando se sentía que la tarde estaba despejada y el cielo era de un azul festivo y cautivante, se larga a llover como si se precipitara un diluvio regional, se paraliza el tránsito, las calles se inundan, el río y las quebradas amenazan con desbordarse y la vida de la ciudad se altera mientras los bomberos no dan abasto para auxiliar en las inundaciones y miles de habitantes rezan y hacen fuerza por los riesgos de desastre. Así está pasando en esto días. El calendario tradicional sobre el estado del tiempo está disparatado, enloquecido.

Los pronósticos del Siata, es decir las llamadas alertas tempranas, ofrecen unos datos que deberían estimular acciones previsibles de protección. Pero todos sabemos que la incredulidad siempre ha sido un defecto de las colectividades humanas. Ni gobernados ni gobernantes suelen tomar precauciones y medir las consecuencias que se registran como inminentes. Al desastre del Dana en octubre en la comunidad española de Valencia no le pusieron atención suficiente cuando empezaron a aparecer los pronósticos. Ocurrió, murieron decenas de personas, los daños todavía no han sido reparados, la pasividad oficial ocasionó condenas públicas justísimas, y la engañosa sensación de retorno a la normalidad va tendiendo el manto del olvido hasta nueva orden de la Naturaleza. Ni riesgos de pretender la provocación de sucesos apocalípticos, pero la verdad está en que, cuando el río suena... Y el nuestro, el Aburrá, ha avisado de su temible peligrosidad. Si se desmadra, quién sabe...

Parece elemental y simple, pero es urgente que se tomen medidas de puro sentido común que al menos dejen constancia de que hay ánimo precautelativo, capacidad de modular con anticipación la bravura de las aguas desbordadas, suspensión de la movilidad vehicular en lapsos de más peligro para evitar congestiones como las que se han repetido, cancelación de clases escolares y universitarias, cierre del comercio y otras actividades laborales, es decir y en general, un breve pero prudente toque de queda posmeridiano para reducir a tiempo situaciones posibles y además probables. Todo eso, decidido y anunciado con anticipación y con el respaldo en los datos técnicos disponibles y mientras persistan las alertas tempranas, que no deben subestimarse como si fueran llamadas de atención por simple gadejo.

Claro que no hay que distraerse en discusiones sobre experimentos misteriosos de manipulación climática. No deben hacerse afirmaciones que vayan más allá de conjeturas tal vez conspiranoicas. Lo providente, serio, es que la administración del distrito y los municipios vecinos analicen a tiempo la situación, que tiende a prolongarse, piensen en la responsabilidad de proteger a los ciudadanos y los menores, se atrevan a dictar órdenes preventivas sin temor a que los critiquen y no se limiten a promocionar el uso del paraguas.

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