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Maracaibo, la diáspora y la insensatez

El éxodo en Maracaibo constituye la mayor parte de los ocho millones de venezolanos regados en 90 países, empujados por la miseria social, política y económica que creó el chavismo.

03 de septiembre de 2024
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  • Maracaibo, la diáspora y la insensatez

Por Juan David Ramírez Correa - columnasioque@gmail.com

Durante sus años de auge, Maracaibo fue un pilar esencial de la economía venezolana. La ciudad fue centro de inversiones y espacio para talentos provenientes de todo el mundo. Su puerto era uno de los más relevantes para la exportación de petróleo. Además, gozaba de una vida cultural y social vibrante, con universidades de renombre, teatros y una gastronomía influenciada por diversas culturas.

Pero ahora...

Ahora, casi medio millón de marabinos ha dejado la ciudad, al igual que también lo han hecho 7,5 millones de venezolanos más y la diáspora tiende a incrementarse en los próximos días. Los pocos taxistas que quedan informan sobre un aumento en los viajes hacia la frontera con Colombia.

Según la ONG Nueva Ilusión, cerca de 180 personas están cruzando a diario el paso fronterizo de Cúcuta, un aumento inusitado y eso sin contar a quienes lo hacen por los pasos ilegales, las trochas, para después atreverse a cruzar el tapón del Darién, llegar por Centroamérica a México y luego someterse al peligro de cruzar por el hueco a los Estados Unidos.

¿Cómo es vivir en una ciudad que ha perdido a medio millón de habitantes? “El primer golpe que sientes es la soledad. Es devastador y te afecta emocionalmente”, le dijo al New York Times el alcalde de Maracaibo, Rafael Ramírez, un político de oposición que concentra su energía en buscar que el mundo se dé cuenta de las deplorables condiciones de vida en su ciudad.

Casas abandonadas con las ventanas y techos desmantelados porque fueron vendidos como chatarra, jardines cubiertos de maleza, cortes de energía frecuentes y escasez de gasolina y agua, es lo que hay en Maracaibo, pero, sobre todo, cohabita un dolor profundo en el alma de su gente que ya nada bueno se espera en su ciudad. “Hay que reinventar la ciudad”, concluye su alcalde.

El éxodo en Maracaibo constituye la mayor parte de los ocho millones de venezolanos regados en 90 países, empujados por la miseria social, política y económica que creó el chavismo. Angilei Quintero es un ejemplo. Desde hace cinco años está en asilo político en Islandia... Sí, Islandia, un país diametralmente opuesto a su Venezuela, quien, con lágrimas en los ojos, afirma que su país ya no es más que “un recuerdo bonito”.

Leyendo historias de inmigrantes venezolanos encontré varias menciones al poema Coloquio Bajo el Laurel, escrito en 1955 por Andrés Eloy Blanco, poeta, abogado y exministro de relaciones exteriores de Venezuela. En una de sus estrofas dice: “Viviendo estás los años más sucios de la Historia, pero si sobrevives, será tu tiempo el tiempo de la bondad triunfante, de la justicia erguida, donde la voz alcance la libertad del sueño”.

La estrofa cae como anillo al dedo ante la realidad actual. ¿Cuánto más se necesita para entender que las cosas en Venezuela se pasaron hace mucho tiempo de la raya?Mientras tanto, el gobierno colombiano sigue con los ojos bien cerrados. ¿Qué podemos, entonces, esperar ante tanta insensatez?

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