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In Memoriam César Pérez Berrío

César fue un ciudadano a carta cabal, un destacado y honesto periodista, un contertulio informado y de buen humor, un católico convencido, un amigo sincero y un ser humano íntegro.

18 de enero de 2025
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  • In Memoriam César Pérez Berrío
  • In Memoriam César Pérez Berrío

Por Armando Estrada Villa - opinion@elcolombiano.com.co

El año nuevo llegó para mí con una ingrata nueva: la muerte del periodista y amigo César Pérez Berrío. Tuve próspera amistad con él durante más de cuarenta años y aumentó mi aflicción por su fallecimiento debido a que lo visité en su casa durante su enfermedad tres domingos consecutivos: el último del mes de noviembre y los dos primeros de diciembre. En el primero, estaba postrado en cama, con mucha tos, hablando muy bajo y con el rostro enjuto y en el último, me recibió de pie, leía el periódico, su voz era normal, me explicó sus planes para el futuro y se mostraba optimista sobre su total recuperación. Optimismo que compartí, porque el cambio entre mi primera visita y la última era notable.

César se destacó como creativo reportero, entrevistador y comentarista, lo que le permitió ocupar diversos cargos en el periodismo antioqueño, como quiera que fuese cronista y editor político del periódico El Colombiano, director del noticiero radial En Tertulia en la cadena Todelar, reportero en el radio periódico Clarín, dirigido por Miguel Zapata Restrepo, entre otros. En la actividad gremial, se desempeñó como presidente del Círculo de Periodistas de Antioquia y del Club de Prensa de Medellín y miembro de sus juntas directivas. En el sector público, ocupó el cargo de jefe de prensa en la alcaldía de Juan Gómez Martínez, al igual que en el Ministerio del Trabajo cuando era ministro Oscar Montoya y también fue representante a la Cámara por el Partido Conservador.

Debo resaltar dos aspectos centrales de su vida: su profunda religiosidad y su sana pasión por las controversias. Su catolicismo estaba sustentado en sus firmes creencias en los dogmas acerca de Dios, su veneración y el temor hacia Él; el acatamiento de los preceptos morales para la conducta individual y social como los Diez Mandamientos y las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y teologales (fe, esperanza y caridad); la práctica permanente de los rituales religiosos como la oración, la eucaristía, la confesión, la comunión y las procesiones como homenaje a Dios, a la Virgen y a los santos, y en el respeto a la organización eclesiástica, jerarquías, clérigos y monjas. Fruto su fe, siempre al comienzo de sus informativos se invocaba el santoral y también la campaña de mecenazgo que adelantaba en toda Semana Santa para adquirir hostias para las parroquias más pobres.

A su sana pasión por las controversias en la política, le dio vida conjuntamente con sus colegas Fernando Vera Ángel y Jorge Carvalho, a la tertulia denominada al principio de Todelar, después de San Joaquín y por último Hildebrando Giraldo Parra, luego de su aleve asesinato, conformada por dirigentes de varios partidos y profesiones, y también con su programa radial y virtual En Tertulia. De las tertulias opinaba que eran útiles para aprender, debatir ideas, intercambiar opiniones y consolidar amistades. Por eso, su insistencia en que la tertulia Hildebrando Giraldo se mantuviera activa. Sin embargo, sus esfuerzos fueron vanos y después de funcionar con varios nombres durante más de 40 años se disolvió definitivamente en 2021.

En su programa, donde primaba la libertad, buscaba siempre una amplia discusión, un encuentro de argumentos donde unos defendían unas posturas y otros unas diferentes, que enriquecieron a sus oyentes, con la información recibida y el peso de los razonamientos y las refutaciones, que, aunque fueran contarios a su ideología, nunca lo condujeron a descalificar a quien pensara distinto.

Harán falta su sonrisa irónica, sus preguntas picantes pero respetuosas, su interés en promover debates sobre temas políticos y su férrea fe en que el periodismo libre y responsable es vía correcta y eficaz para la construcción de una mejor democracia y un país más justo.

En conclusión, puede afirmarse que César fue un ciudadano a carta cabal, un destacado y honesto periodista, un contertulio informado y de buen humor, un católico convencido, un amigo sincero y un ser humano íntegro.

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