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Un país fatigado

Esos delirantes y fantasmagóricos estados petristas hacen inaplazable construir una candidatura presidencial decente y seductora, que sea garantía de seriedad, serenidad y reconciliación nacional.

26 de marzo de 2025
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  • Un país fatigado

Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

El librepensador y exrector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, es otra de las voces autorizadas del centro que, aunque no era abiertamente hostil a Petro, sí advirtió desde hace tiempo dudas sobre su idoneidad. Así como hay decenas de exministros y altos funcionarios del Estado que hoy se dan golpes de pecho por su ingenuidad, condenados a cruzar las horcas caudinas del picapleitos presidente de los colombianos, otros independientes suman sus voces a la alarma por el destino del país.

El profesor Wasserman expresa que “una de las características del presidente Petro es usar a los colaboradores para luego maltratarlos y despreciarlos. No tiene amigos sino fichas útiles y desechables”. Una verdad de a puño, cuya realidad han sufrido en sus propias carnes muchos que entraron a este caótico gobierno con una candidez que raya en la tragicomedia.

El país está harto de tanta pugnacidad presidencial, de tanto engaño oficial. Cansado con tanta incompetencia, escándalos, inmoralidades. Agobiado por tantas provocaciones, tanto relajamiento ético, tantos desastres causados por la impotencia de un régimen que no sabe garantizar el orden público, ni la salud que ya tiene al borde del colapso a muchas vidas de gentes humildes que imploran asistencia en las semicerradas puertas de los hospitales.

Petro encuentra disculpas para ocultar su incapacidad de enfrentar esos desafíos, en “los enemigos agazapados en la estructura del Estado”. Reitera que “no pudo hacer una revolución gobernando”, creyendo que solo en ella toparía el elixir de la vida. Olvida que López Pumarejo la hizo en 1936 por los canales de la Constitución y las leyes, sin lanzarse al monte. Que no es factible lograrla y menos a través de los sistemas fracasados de la subversión. Ve fantasmas por todos los rincones de la Casa de Nariño. Dice que llevará un chamán para que los expulse. Debería saber que no tiene necesidad de buscarlo en la calle, cuando tiene uno a su lado, Benedetti, capaz de poner en polvorosa al más terrorífico de los espíritus malignos.

Esos delirantes y fantasmagóricos estados petristas hacen inaplazable construir una candidatura presidencial decente y seductora, que sea garantía de seriedad, serenidad y reconciliación nacional. De alguien austero, aterrizado, que trabaje y deje trabajar. Que enfrente con éxito la que cocinan sigilosamente Petro y sus socios. Un candidato que le baje el tono al lenguaje pendenciero. Que aglutine a quienes están del lado de recuperar la dignidad nacional. Hoy, el fuego amigo, más que error, sería un suicidio. Inaplazable sustraer la polémica del choque entre hermanos separados porque como estado de alma permanente, no hace sino esterilizar la calidad de los argumentos y marchitar su vigencia para cautivar al votante.

El compromiso nacional es el de construir una alternativa de poder, sin Talleyrands, aquel personaje “que traicionó tanto a tantos durante tanto tiempo”. Lograr formar un gobierno con gente idónea y proba, para reemplazar a los inexpertos que ahora atiborran la nómina burocrática del Estado. Los cargos públicos no se hicieron para experimentar ni aprender sobre la marcha, sino para poner en ejecución conocimientos y experiencias. Ese es el gran reto electoral de los colombianos.

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