Que hoy el precio del mercado esté un 26,6% más caro que hace un año es consecuencia de varios factores, entre ellos una crisis logística que azotó al mundo y puso a los empresarios a pagar más por los insumos y, como efecto en cadena, transmitirles ese sobrecosto a los consumidores.
Mucho que ver en esto tuvieron los contenedores. Su precio se disparó y, dependiendo del país de origen y el receptor, los fletes podían llegar a US$20.000, una situación extraordinaria para empresas que estaban acostumbradas a pagar US$2.000 o $2.500 como máximo.
Para septiembre del año pasado los gremios prendieron las alarmas sobre el efecto que eso podría tener en la inflación y, en efecto, un año después se ve claramente: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en Colombia está en su nivel más alto en 23 años: 11,44%.
Pues bien, son esos mismos gremios los que ahora anticipan luz al final de ese túnel de precios altos: los fletes de contenedores están bajando, la demanda por bienes y servicios en el mundo empieza a moderarse y quizás en unos meses la inflación empezará a darles tregua a los hogares colombianos.
Según la consultora marítima Drewry, si se compara el precio de un contenedor de 40 pies hoy en día con octubre del año pasado, hay una reducción del 64%. El flete pasó de US$10.300 (en promedio a nivel mundial) a US$3.700, según los datos más recientes.
Javier Díaz, presidente de Analdex, gremio del comercio exterior colombiano, dice que en el país los exportadores han experimentado esa situación más rápido. “Llegamos a pagar fletes de US$16.000 cuando en el mundo todavía estaban a US$22.000”.
Según el líder gremial, lo que se empieza a reflejar es que las altas tasas de interés y el encarecimiento de prácticamente todo en el mundo están mermando el consumo y al final de cuentas la carga a movilizar en el mundo es menor y los contenedores bajan de precio.
El líder de Analdex analiza la situación desde tres escenarios: el de los exportadores, quienes siguen con ventas fuertes a Estados Unidos, Brasil, Panamá, Perú o Chile a pesar de la coyuntura, pero que temen lo que pasará el próximo año con las alertas de una recesión mundial.
El otro caso es el de los importadores, que ya no están tan asfixiados con los costos logísticos y por consiguiente el efecto en cadena haría que el precio de los alimentos y electrodomésticos, entre otros, bajen los próximos meses.
Y la tercera arista es el 2023, pues una recesión bajaría la dinámica del comercio exterior, sector clave para una economía como la colombiana; de hecho, dice Díaz, ya el Banco de la República bajó su perspectiva de crecimiento del PIB para el año entrante de 1,1% a 0,7% y habrá que ver qué efecto tiene sobre el empleo y las oportunidades para las familias.
Sube y baja
En resumidas cuentas, que los contenedores estén bajando de precio indica que se estaría avecinando al menos una leve reducción en la inflación en Colombia, pero también señala que algunos socios comerciales claves están comprando menos y los recursos provenientes de la canasta exportadora serán moderados en 2023.
Esto contrasta con el 2022 de ensueño que están teniendo los exportadores del país, quienes se han favorecido por los buenos precios de las materias primas y una buena tasa de cambio.
A agosto las ventas externas alcanzaron US$39.137 millones, quedando muy cerca de los US$41.224 millones que se comercializaron en todo 2021 y, además, apuntándole a alcanzar el récord histórico de US$60.000 millones visto en 2012.
Entre los empresarios las cuentas van en esa misma dirección. Cristian Cabra, gerente Comercio Exterior y Logística de Gecolsa, comenta que aunque este año fue de reactivación, para el 2023, especialmente el primer trimestre, existen varias dudas.
“Hay bastante incertidumbre, particularmente por todo lo que ha generado la inflación y el alto precio del dólar. Vemos demasiada prevención y eso puede hacer que el año entrante las compras disminuyan bastante. Esperaremos cómo reacciona la construcción y el sector de petróleo y gas para adaptarnos”, menciona el empresario.
Complementa que tal cual se ha anticipado desde varios centros de investigaciones, el remate de este año tendrá menor dinamismo. En el caso de Gecolsa, que es el distribuidor autorizado de productos Caterpillar en Colombia, varias compras de maquinaria ya se habían hecho con anticipación, pues los clientes querían curarse en salud antes de que la crisis logística se agravara.
Cabra también resalta el orden público y el impacto del aumento del precio de la gasolina para el transporte de última milla y la logística urbana como factores sobre los cuales deberá estar la lupa en los próximos meses para prevenir nuevas disparadas de precios.
Desde la logística
Por su parte, Miguel Espinosa, gerente de la Federación Colombiana de Agentes Logísticos en Comercio Internacional, Fitac, confirma que aunque varios factores están presionando los precios y preocupan, paradójicamente por el lado de los contenedores hay calma.
Según él, una de las grandes razones para la caída en los fletes, además de que hay menor demanda, tiene que ver con que entre 2019 y 2020 las grandes navieras iniciaron la construcción de buques con capacidad para contenedores de más de 24 pies. Con la pandemia la entrega de estos se retrasó, pero en los últimos meses han empezado a navegar paulatinamente.
Además, al no haber tanta carga para mover las navieras necesitan recuperar estas grandes inversiones y en ese sentido la reducción de los fletes ha sido la fórmula para sacar a flote su operación.
Espinosa, quien augura que estos movimientos se terminarán sintiendo tarde que temprano como un alivio para el bolsillo de los colombianos, menciona que en todo caso aún falta para que los contenedores vuelvan a los precios que tenían en 2016 o 2017.
Sobre los próximos meses se muestra optimista de cara al remate de año, pero, no obstante, cree que el inicio del 2023 será de cautela para los empresarios, quienes empezarán a sentir los efectos de la reforma tributaria.
Es que el sector del comercio exterior colombiano no esconde sus dudas con los cambios que la reforma propone para las zonas francas. Allí se establece que para que estas áreas especiales apliquen a una tarifa de renta más baja (20%) sus operaciones locales no deberán superar el 40% en 2024; el 30% en el 2025 y el 20% en 2026.
“Fijar en la reforma tributaria límites para que las zonas francas vendan a mercado local pone en riesgo su subsistencia a mediano plazo. Las zonas francas generan cerca de 150 mil empleos, que se verían en riesgo si se mantiene la restricción propuesta en la ponencia”, indica la presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana, AmCham Colombia, María Claudia Lacouture.
Para Espinosa, de Fitac, en la agenda del nuevo Gobierno para el comercio exterior será clave la identificación de cuellos de botella y oportunidades para facilitar el intercambio de bienes; también hay especial atención en el nuevo Régimen Sancionatorio Aduanero, que el Gobierno podría hacer a través de facultades extraordinarias contempladas en la tributaria.
“Queremos aprovechar el nuevo Régimen Sancionatorio para corregir errores y preceptos que vienen de tiempo atrás (...) sanciones altísimas por errores formales, el hecho de que no exista segunda instancia para controvertir una multa por parte de la Dian”, apunta el líder de Fitac.
Así las cosas, aunque los contenedores empiezan a bajar de precio, de fondo hay varias preocupaciones para los exportadores frente al próximo año. Los comerciantes aseguran que el alivio en los fletes debe estar secundado por otros hechos como definir con rapidez el futuro del mencionado Régimen Sancionatorio y agilizar la modernización de la Dian para quitarle al menos un poco de complejidad a la logística del del país.