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Monastery, la marca paisa de lujo que ya le apunta a vender $100.000 millones

“Quien no conoce la canción, conoce la marca”, dice su CEO. Hoy es un éxito y llueven ofertas para abrir más tiendas.

  • El antioqueño Pedro Castellanos es el cofundador y CEO de la marca de lujo Monastery. Dice que esta es una compañía internacional hecha por colombianos. FOTOS JAIME PÉREZ

    El antioqueño Pedro Castellanos es el cofundador y CEO de la marca de lujo Monastery. Dice que esta es una compañía internacional hecha por colombianos. FOTOS

    JAIME PÉREZ

06 de mayo de 2023
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A Pedro Castellanos, un joven empresario antioqueño, le causa gracia cuando los propios paisas escriben en inglés al Instagram de Monastery preguntando si hacen envíos a Medellín, sin saber que la empresa está, tal vez, a la vuelta de la esquina, porque su fama la ha ido forjando desde la sede en Guayabal.

Es que muchos siguen pensando que Monastery Couture es extranjera, pero en realidad es una marca de lujo “made in” Medellín, la segunda de su clase en América Latina después de Carolina Herrera. El empresario, quien la fundó hace tres años junto a su socio Esteban Velásquez, recuerda que el inicio fue duro, en plena pandemia, pero hoy le coquetean incluso desde Dubái para que abra una sede; además, sus prendas las utilizan hoy personalidades como James Rodríguez, Radamel Falcao, Zion, Maluma o Daddy Yankee.

Como toda historia empresarial forjada desde estas montañas, la de Monastery es una mezcla de persistencia, apuestas arriesgadas y hasta algo de suerte. Incluso hay una canción de por medio, porque a finales de 2021 los reguetoneros paisas Ryan Castro y Feid lanzaron “Monastery”, número 1 en Colombia y la región en su momento y que hoy en día supera los 300 millones de reproducciones. Todo un “boom” tanto para los cantantes como para la marca.

¿Pero cómo pasó de ser un proyecto para las prácticas de la universidad a una compañía que apunta a vender $100.000 millones este año? En diálogo con EL COLOMBIANO, Castellanos, quien a sus 30 años es el CEO, cuenta que como estudiante fue más bien regular porque lo que le gustaba eran los negocios; llegó a estar metido en el mundo de los alimentos, gimnasios y hasta apartamentos.

Nació en una discoteca

“Empecé a pensar que esos negocios no tenían un futuro grande porque eran muy locales. Entonces cuando estaba en la universidad (Eafit), me dije ‘yo necesito aprender de algo diferente’”. Y fue justo en ese momento cuando conoció, rumbeando en Medellín, a su socio Esteban.

Sin saberlo, esa alianza derivaría en una marca a la que hoy le hacen fila para comprar camisetas de $350.000 o hoodies de casi $1 millón. Así, Pedro hizo la práctica en el 2016 en una empresa de telas que tenía Esteban y los siguientes tres años los dedicarían a viajar, ver cómo se movía el negocio de la ropa, apalancarse en créditos, probar un montón de muestras de telas y, sobre todo, pensar en una empresa que los lanzara al éxito.

“Con la tela que él (Esteban) tenía sacamos algunas camiseticas y trajimos cosas de China para hacer plata. Pero después dijimos ‘no, tengamos una marca bien montada’. Luego necesitábamos ponerle nombre y en esa época había una marca que se llamaba Monarch; entonces pensamos en Monar, Monasterio y luego pensamos en Monastery. Al final quedó Monastery Couture”, recuerda Castellanos.

Después de ir a China, Europa, Estados Unidos y haber visto de cerca cómo funcionaba el negocio en ferias como Magic, en Las Vegas, se dieron cuenta de que lo que querían era una marca de lujo; que la gente les comprara por la calidad, pero sobre todo por portar el logo de Monastery, cual manzana de Apple para los amantes de los celulares. Todo esto los dejó endeudados hasta el cuello, se gastaron casi $1.500 millones.

“Yo decía que quería vender caro. Quería que se viera una marca internacional. Lo más lento fue el tema de las muestras, porque cuando no nos gustaban tenían que mandar otras desde China y podían pasar uno, dos o tres meses. Además, no podíamos salir con una marca de lujo que no tuviera buena página web, buena comunicación o buenas fotos. Mi socio me decía que cuándo la íbamos a lanzar y yo le decía que esperáramos”, describe.

Con los últimos $150 millones que quedaban, el 9 de diciembre del 2019 decidieron lanzar Monastery. Botaron la casa por la ventana, trajeron un Porsche y hasta contrataron modelos rusas y la idea despegó con gorros, polos, camibusos y maletas. Como en todo emprendimiento, los primeros clientes que atendieron fueron familiares, amigos y conocidos y ese mes lograron sus primeros $50 millones.

La pandemia fue decisiva

Los empresarios paisas empezaron de a poco con la idea, conscientes de los riesgos normales que enfrenta todo negocio, pero nunca imaginaron lo que vendría solo tres meses después: llegaron la pandemia y los confinamientos. La gente se quedó en la casa y lo último en lo que pensaba era en comprar ropa. Las cosas se pusieron difíciles y estaba latente el riesgo de tener que cerrar definitivamente, como le pasó a medio millón de empresas en esa época.

“Yo no sabía qué iba a pasar, si se iba a acabar el mundo o qué. Nos tocó empezar a generar contenido y trabajamos muy fuerte las redes sociales. Yo empecé a salir a rumbear demasiado, no en el mal sentido, sino a mostrar mucho la marca en eventos de alto nivel. Regalaba prendas como un berraco y vestía puro Monastery. Con mi socio comenzamos a contactar con artistas y cogimos fuerza”, señala Castellanos.

Además, recuerda cuando recorrió Colombia a punta de carretera para llevar su idea más allá de las montañas de Antioquia. “Por ahí en mayo (de 2020) cogí un carro, por la empresa de alimentos yo tenía un permiso especial para moverme en el país, y me fui para Cali, Pereira, Manizales, Bogotá, muchos lados. Ahí conocí gente, regalé ropa y abrí algunos punticos que vendían Monastery. Todo empezó a funcionar”.

Monastery, el reguetón

En medio de los embates la empresa sobrevivió y terminó facturando $4.000 millones en el 2020. Y luego llegó el año en el cual se empezó a estructurar y a prometer; es que en 2021 ya contaba con 20 trabajadores, nombró un gerente para poner la casa en orden y contactó artistas top para mostrarles la marca: Zion, Lennox, J Balvin, Randy y varios más. “Todos han sido muy amigables porque nosotros les regalamos cosas de nuestra marca, pero no esperamos nada a cambio”.

A mediados de ese año dieron el siguiente paso: montar las primeras tiendas multimarca con productos Monastery. Hoy en día ya cuentan con 25 y aunque las propuestas para abrir más llueven, el CEO dice que piensa más en la marca que en la plata y de momento ve un espacio limitado para nuevos distribuidores, en esa búsqueda de proteger el lujo que su empresa representa.

También iniciaron ventas en otros países. El primero fue Venezuela, y hoy en día ya llegan a varios más, entre ellos Chile, Estados Unidos, Puerto Rico, República Dominicana o España. Las puertas se abrieron, el camino se despejó y a final de año habría una sorpresa más.

“Un día me llama un amigo y me dice ‘hay un man que está cantando Monastery y va a salir en Poblado Remix’. En esa canción iban a estar Nicky Jam, J Balvin y Karol G y yo me emocioné. Pero las cosas no se dieron y entonces yo llamé un día a Ryan Castro, que era el que iba a mencionar a la marca, y le dije ‘¿Vos es que sos bobo? ¡Sacá la canción!’”, describe.

“Entonces cuadré con Zion, que es socio de la marca, para que sacara la canción con Ryan. Ya el verso se había filtrado y a la gente le había gustado. Pero al final se decidieron porque la hicieran Ryan Castro y Feid; me pidieron una suma de dinero, y yo ayudé también mucho con el video del tema. Entonces sacamos Monastery, esa canción fue un hit. El que no conoce a Monastery por la marca, lo conoce por la canción y se pregunta qué es”, comenta el empresario, quien describe el hecho como un hito de la compañía.

Ahora –dice él–, saber si la canción impulsó las ventas no se puede identificar, pero el hecho es que el 2021 fue un nuevo peldaño y al final la facturación terminó en el orden de los $14.500 millones.

Con sello peruano

Para 2022, ya más reconocida, Monastery dio otro giro decisivo a ojos de su CEO. “Me enfoqué mucho en el producto. Entonces empezamos a fabricar las prendas en Perú, ese fue otro hito. La empresa que lo hace le fabrica a Hugo Boss o a Karl Lagerfeld. Quería seguirle subiendo calidad al producto y dicho y hecho, empezamos a hacer los polos, los busos, las camisetas; ya era una marca de lujo”.

Y también recuerda: “El año pasado le compré $4 millones de dólares a esa fábrica. Dante, que es la persona de allá, le empezó a creer al proyecto (...) entonces ahí vino otra cosa importante: subimos precios; yo antes vendía una camiseta en $220 mil, y hoy vale $360.000.

Así, Monastery dio otro paso más y alcanzó ventas por $45.000 millones. Es decir que cada año la facturación ha ido al alza, y conforme prospera el negocio llegan los interesados en invertir, como dos hermanos reconocidos en el mundo empresarial que manifestaron su deseo de inyectar capital, pero la marca anda bien y el CEO tiene cerrada esa puerta de momento.

Eso sí, recuerda que en un punto se emocionó mucho y pidió mercancía de más desde Perú sin mirar bien el flujo de caja, temiendo graves consecuencias para la empresa, pero al final esta arriesgada apuesta terminó saliendo bien.

Quiere ser mundial

Como ha sido su característica, Castellanos es paciente y ve el 2023 como otro paso para cumplir el mayor sueño de Monastery: ser una manda mundialmente reconocida. Este año va por $100.000 millones en ventas y tiene claro que no quiere fabricar ninguna prenda sino seguir con el modelo que ha funcionado hasta la fecha, con fábricas especializadas que hacen ese trabajo dependiendo de cada línea.

Entre tanto, también abrirá su primera tienda propia en Bogotá –recordemos, las que ya tiene funcionan bajo el formato multimarca–. “Si todo se da, este año vamos a abrir tiendas en México, en Guadalajara y Ciudad de México; en Nueva York y Miami; y en Guatemala y República Dominicana”.

“También tengo una gente en Dubái que quiere coger todos los países de Medio Oriente, un jeque por allá”, explica entre risas. Además, a petición de la clientela Monastery piensa sacar una línea de ropa infantil que puede ser su próxima idea ganadora y sumarse a las camisetas, gorras, polos y t-shirt de mujer, los productos más vendidos.

Hoy, el mayor orgullo de este antioqueño es ver a Monastery en Estados Unidos al lado de grandes jugadores como Gucci o Dolce & Gabanna. “Eso es el hito más importante de esta empresa. No es lo que vendemos, es lo que logramos con la marca”.

A fin de cuentas la idea no es que sea una marca colombiana, sino una marca global hecha por colombianos.

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