La carne de res lleva un par de años subiendo, de eso han sido testigos las familias que han tenido que reemplazarla por otras proteínas más baratas, pues se ha convertido en un lujo. Y, ahora, la prohibición de importación de carne de origen gringo podría aumentar aún más los precios.
Luego de la pandemia, la carne de bovino fue uno de los alimentos que empujó la inflación. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), su precio alcanzó a subir 20,2% en 2022. Sin embargo, su carestía fue más controlada el año pasado, pues su costo en promedio solo varió 3,46%.
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No es coincidencia que el consumo per cápita registró un leve repunte el año pasado. En 2022, un colombiano consumió en promedio 17,1 kilogramos de carne de res, mientras que el año pasado esa cifra aumentó a 17,7 kg. Todavía muy lejos de los niveles de consumo antes de la pandemia, cuando era de 18,6 kilos, y aún más lejos de lo que se consume en Argentina, que lidera el ranking con 46,9 kg, seguido de Zimbabue (42,3 kg), Estados Unidos (38,9 kg), Australia (37,0 kg) y Brasil (35,4 kg).
El meollo del asunto
A ningún a consumidor le agrada que los productos suban de precio. Y recientemente las especulaciones podrían causar un aumento en el costo de la carne a raíz del freno de las importaciones de carne de Estados Unidos.
Así es. La cancelación de esa compra se dio como medida de protección y con el fin de mantener a Colombia libre de influenza aviar y salvaguardar la salud humana.
El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) suspendió temporalmente la importación de bovinos en pie y productos como semen, embriones y carne cruda, procedentes de Estados Unidos, ya que el gigante norteamericano fue notificado de la presencia de influenza aviar en vacas lecheras en ocho estados de su territorio.
El ICA aseguró que Colombia autorizó la carne vacuna de ganado sacrificado antes del 16 de abril, mientras que el ganado sacrificado después de esa fecha estará prohibido.
¿Subirá de precio?
Lo cierto es que eso no justifica que el precio aumente. Así lo explicó Óscar Cubillos, director de Planeación y Estudios Económicos de Fedegán, sostuvo no hay argumento alguno para que los comerciantes le suban el costo a la carne.
Hay dos razones cruciales que justifican la premisa de Cubillos. La principal es que la importación de Estados Unidos no es significativa para el mercado colombiano. La producción nacional anual es cercana a las 800.000, mientras que de Estados Unidos solo se importaron 7.059 toneladas el año pasado. Lo que significa que las importaciones de EE.UU. solo representan el 0,8% del consumo nacional en Colombia.
La otra razón es que Estados Unidos no es la única nación de donde se importa. Un ejemplo es que el año pasado llegaron de Chile, 1.652 toneladas a este país; de Paraguay, 1.061; y de Argentina, 773. Eso quiere decir que dichos mercados podrían reemplazar la carne estadounidense que se deje de traer, por lo que no habría impacto.
“Los comerciantes podrían aprovechar esta prohibición de importaciones para especular y decir que la carne tiene que subir, cuando no hay razones para hacerlo”, sentenció Cubillos.
La variación de precios en la Central Mayorista de Antioquia parece depender del corte de carne. La falda, uno de los cortes más populares, se podía comprar por $30.200 el kilogramo, entre la semana del 27 de abril y 3 de mayo. Esto según del sistema de información de precios (Sipsa) del Dane. Eso quiere decir que en lo corrido del año se ha encarecido 1,3%, y 3,8% en los últimos doce meses, teniendo en cuenta que el mismo lapso del año pasado esa misma cantidad de carne se podía adquirir por $29.075.
La carne que presenta las mayores variaciones son las chatas. Un kilo costaba $46.450 hace un año, mientras que ahora cuesta $56.050, equivalente a un incremento de 20,6%. Solo en lo que va de 2024 se encareció 6%, ya que en la primera semana de enero un kilo costaba $52.850.
Sin embargo, no todo es carestía. Otro corte muy conocido es la cadera. Este, en cambio, bajó 0,6% en lo corrido del año, entre la última semana de abril y parte de la primera de mayo se comercializó en la Mayorista de Antioquia por $32.500 el kilo.
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Mayor impacto en cortes finos
El director de Estudios Económicos de Fedegán indicó que las importaciones de Estados Unidos son de cortes finos y premium como el lomo fino. Eso quiere decir que dicho mercado en gran parte está dirigido a unos consumidores en particular. “Esto abastece a un nicho muy específico de la población nacional que cuentan con un ingreso alto. Estos consumidores representan cerca del 2% del país”, explicó. Lo que significa otra razón para que los cortes más populares como la cadera, la costilla y demás no se afecten en el precio.
Cubillos insistió: “Este año el precio de la carne ha estado muy estable, es posible que los especuladores estén buscando mejorar ganancias y aprovechar la situación para subir el precio”. Invitó a que si los consumidores se encuentran con precios inflados denuncien ante las autoridades competentes: como la Superintendencia de Industria y Comercio o ante las secretarías de desarrollo económico de cada municipio.
Lo cierto es que Colombia cuenta la suficiente producción para abastecer el mercado y las alzas que llevaron a una fuerte carestía de la carne bovina han ido cediendo poco a poco. En otras palabras, la carne gringa no es indispensable para los ciudadanos colombianos, por lo menos no para la gente de a pie.