El 10 de mayo de 1996, José Antonio Ocampo asumió el que hasta entonces era el chicharrón más grande de su carrera, el Ministerio de Hacienda en el Gobierno de Ernesto Samper –que estuvo salpicado por los financiamientos ilícitos a la campaña presidencial–. Desde entonces dio cuenta de su gestión y del talante al frente de una cartera a la que volverá 26 años después.
Jahir Gutiérrez Ossa, quien es docente de Administración de Empresas de la Universidad CES, recuerda que hubo varios vientos en contra, pues además de la desinversión en Colombia que causó el escándalo por el famoso “Proceso 8000”, el Gobierno Samper debió “pagar los platos rotos” de la expansión del gasto público en los 90.
Según él, con la Constitución del 91 se asumieron más compromisos sociales en salud o vivienda, se dio paso a la apertura económica y unos años más tarde los gobiernos regionales empezaron a recibir recursos del presupuesto con cargo a los planes de desarrollo municipales y locales.
La inexperiencia de las autoridades regionales pesó y el Gobierno, como una suerte de “fiador”, debió responder por los desbordados manejos; la papa caliente le cayó a Samper y, de paso, se sumó a la desconfianza de los inversionistas tras la polémica mencionada.
Teniendo en cuenta todo esto, Óscar Eduardo Medina, docente de Organización y Gerencia de Eafit, considera que Ocampo logró maniobrar y capotear la crisis, pues aunque el país tuvo las puertas cerradas él entonces titular de Hacienda entregó cifras aceptables.
Datos al tablero
Al echar un vistazo, se observa que Ocampo recibió una economía creciendo al 2,26% (segundo trimestre 1996) y la entregó con una expansión de 4,23% (tercer trimestre de 1997). Por su lado, el déficit fiscal fue de 4,1% en 1996 y para el siguiente año se redujo a 3,8%, mientras que la inflación en esos períodos fue de 21,63% y 17,68%, respectivamente (ver Gráfico).
Mientras tanto el desempleo fue uno de los dolores de cabeza porque continuó en una tendencia alcista que venía desde 1993. Para el 96 la tasa de desocupación iba en 11,8%, y en el 97 llegó a 12,1%.
En un documento publicado en 1998 por Fedesarrollo, José Antonio Ocampo –autor– admite que el aumento del desempleo fue la gran “contrapartida” del Gobierno Samper. Así mismo cita el déficit de cuenta corriente, la crisis de liquidez, el incremento en las tasas de interés y el crecimiento del gasto público.
Aunque claramente un ministro de Hacienda no es per se quien hace que las cifras macroeconómicas sean de una u otra manera, sus decisiones influyen y por eso, a ojos de expertos consultados, se puede decir que sorteó los retos del Gobierno Samper, máxime cuando el contexto daba para un saldo bastante negativo.
No quiere decir esto que no haya espacio a la duda, pues hay quien considera incluso que Ocampo “entregó el país a punto de la quiebra”, en tanto que para 1998, un año después de su salida de Hacienda, las cifras tomaron una senda negativa: el déficit fiscal y el desempleo subieron y el crecimiento económico bajó a 0,6%.
¿Dará confianza?
Más allá de ello, hay que resaltar que en principio el nombre de José Antonio Ocampo como líder de Hacienda en el entrante Gobierno de Gustavo Petro le da confianza al mercado, principalmente por su trayectoria; ha sido ministro de Agricultura, director de Planeación Nacional, director de Fedesarrollo o secretario ejecutivo de la Cepal. Además, fue candidato a presidir el Banco Mundial en 2012.
Para los mercados se trata de un economista conocedor de la problemática social y fiscal del país, quien está al tanto de la estructura del Estado y de las reformas estructurales que se demandan. Además, su nombramiento llegó en un momento delicado ya que el déficit fiscal, la inflación y los programas sociales pueden convertirse en una “bomba de tiempo” sin un manejo adecuado.
De acuerdo con expertos, el mercado ya venía dando por descontado que Ocampo sería el Minhacienda, por lo que la noticia que dio Gustavo Petro no tuvo mayor incidencia en factores como dólar o acciones. De hecho, ayer el primero estuvo al alza y se acerca a su máximo histórico por Tasa Representativa del Mercado (TRM), mientras que el MSCI Colcap, principal indicador de la bolsa colombiana, cayó 1,78%, todo esto influenciado por el miedo a una recesión en Estados Unidos.
Pero, como dicen, “hasta no ver no creer”, y eso es lo que piensa el profesor Medina, de Eafit. Aunque Ocampo le da tranquilidad al mercado y a los gremios (ver “Opinión”) la hora decisiva, dice el docente, será cuando el nuevo ministro le meta mano a la reforma tributaria que plantea Petro, pues los $50 billones o $75 billones que buscará suenan muy ambiciosos. Entonces también será decisivo qué tanto puede hacer para que el líder del Pacto Histórico “aterrice” sus ideas.
En tal dirección, la calificadora Fitch se pronunció y aseguró que tendrá la lupa puesta en las reformas que propone Petro y la relación del electo presidente con el Congreso para sacar adelante sus propuestas. Sobre la tributaria, particularmente, cree que el impuesto a los dividendos podría tener un efecto adverso en tanto golpearía la caja de las empresas.
Plagado de tareas
En todo caso, al igual que en 1997, Ocampo recibirá un Ministerio de Hacienda lleno de retos, principalmente en déficit fiscal, desempleo, continuidad de los programas de asistencia social e inmensas necesidades de reformas.
“Es un reto recibir Hacienda hoy con tantos desajustes. No es el mejor momento de la economía, estamos con un período de alta inflación, el desempleo sigue alto, tenemos un desbalance muy grande en las cuentas del Estado, un endeudamiento alto y un déficit en la cuenta corriente muy grande”, dice Mauricio López González, coordinador del Grupo de Macroeconomía Aplicada de la UdeA.
El experto menciona que aunque muchos consideran a Ocampo un economista ortodoxo, “más bien él valora y respeta lo que ha sido una tradición de la economía colombiana, de tener un manejo prudencial”.
Sobre sus ideas, hay que decir que Ocampo –al igual que la gran mayoría de economistas– considera que Colombia requiere una reforma tributaria estructural enfocada en un mayor gasto social y frenar la creciente deuda pública.
Considera que un ajuste de este tipo debe tener en cuenta que el impuesto de renta hoy está más enfocado en las empresas que en las personas naturales y a su modo de ver cualquier modificación que se haga no debe tocar la canasta básica familiar.
Resta por ver cómo será el trato del nuevo MinHacienda con Petro, qué tanto puede ajustar las reformas que plantea el presidente electo y los virajes del mercado a medida que se tomen decisiones. Por ahora, el único pronunciamiento de Ocampo tras su nombramiento en Hacienda fue a través de Twitter: “Muy honrado por la designación señor Presidente. Encantado de servir al país”.