Bernard Arnault suele ocupar páginas de revistas y periódicos por su éxito en los negocios, pues además de ser el director ejecutivo de Louis Vuitton, es el segundo hombre más rico del planeta.
Esta vez la historia es diferente. Lo último que se ha escrito en referencia a este empresario es la apertura de una investigación por presunto lavado de activos.
La fiscalía francesa confirmó que está trabajando en una pesquisa preliminar desde el año pasado, todo a raíz de una transacción que involucra a Arnault con Nikolai Sarkisov, un oligarca que hace parte de clase privilegiada en Rusia.
Vale mencionar que los oligarcas son un grupo de hombres acaudalados que además tendrían incidencia política. Fue por ello que tras la invasión a Ucrania, ordenada por Vladimir Putin, el paquete de sanciones aplicadas a Rusia desde EE. UU. y Europa incluye la congelación de activos y un bloqueo para realizar transacciones a través del sistema internacional de pagos.
La medida consiste en generar presión en contra del presidente de Rusia incomodando a la elite que concentra el poder económico en su país. Lo cierto es que hay reportes de las distintas formas en que estos personajes se las ingenian para burlar la barrera financiera que les pusieron.
Ha tenido resonancia el quite que han hecho moviendo sus fortunas a través de criptomonedas. Y, según lo reportó el periódico Le Monde, Arnault sería un presunto vehículo para Sarkisov.
El escándalo
Como se mencionó, todo la polémica que relaciona al millonario francés con el ruso obedece a la compra de unos inmuebles que Sarkisov hizo mediante compañías intermediarias, aunque el propietario final en los registros sería el cofundador de Louis Vuitton.
Adicionalmente, parece que hay una contradicción en las declaraciones que los medios han levantado, pues Le Monde reportó que un colaborador cercano a Arnault aseguró que la operación se hizo dentro del margen de la ley francesa.
Sin embargo, Igor Ivanov, director de RESO-Garantia, compañía de seguros para la que trabaja Nikolai y que le pertenece su hermano, Sergei Sarkisov, aseguró a CNBC que ni la empresa ni el oligarca habían realizado una transacción con Arnault ni habían tenido reunión alguna con él.
Ivanov defendió que “la operación fue gestionada por una pequeña unidad de inversión que invierte profesionalmente en el sector inmobiliario europeo. Consistía en la adquisición de apartamentos en un edificio antiguo de Courchevel, con vistas a venderlos más tarde a un promotor una vez comprado todo el edificio”.
Sin embargo, no precisó a quien le pertenece la firma inversionista, ni de dónde proceden los fondos ni por qué en el trato apareció Bernard Arnault. Además, dijo que no han recibido ninguna notificación por parte de las autoridades francesas.
Por su parte, Jacqueline Laffont, abogada de Arnault, sostuvo que las acusaciones de lavado de dinero eran “absurdas e infundadas”. La apoderada del multimillonario francés agregó que “la operación llevada a cabo para permitir la ampliación del hotel White Horse en Courchevel es bien conocida y se llevó a cabo respetando las leyes y con el apoyo de los ayuntamientos. La investigación, aparentemente en curso, no dejará de reconocerlo”.
“Además, ¿quién puede imaginar seriamente que el señor Bernard Arnault, que durante los últimos 40 años ha construido la empresa más importante de Francia y Europa, se dedicaría a blanquear dinero para ampliar un hotel? Creo que a nadie se le escapa el carácter absurdo de estas acusaciones”, puntualizó la jurista.
Mientras la investigación avanza, se sabe que el bloqueo impuesto a los oligarcas puede extenderse a quienes sirvan como intermediarios para burlar la malla financiera que les pusieron los países occidentales.