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Mercedes Campuzano, la mujer detrás de la marca

Inició vendiendo “chanclitas de colores” y hoy día genera cerca de 1.400 empleos indirectos en todo el país.

  • Pese a las coyunturas que vive Colombia, Mercedes Campuzano no ha contemplado migrar hacia otro país. FOTO Cortesía
    Pese a las coyunturas que vive Colombia, Mercedes Campuzano no ha contemplado migrar hacia otro país. FOTO Cortesía
30 de mayo de 2022
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En los pasillos de la Universidad Eafit se hicieron populares unas coloridas sandalias que no estaban marcadas por ninguna reconocida casa de moda. Aun así, eran muy apetecidas entre las estudiantes y ese fue el origen de una firma que hoy día es sinónimo de prestigio en Colombia. Detrás del emprendimiento estaba una joven de 20 años que estudiaba Administración de Negocios.

Corrían los días de 2006 y la demanda por sus “chanclitas” aumentaba, tanto que abrió una pequeña tienda de 12 metros cuadrados. A partir de ahí, el crecimiento ha sido continuo y, 16 años después, su empresa genera cerca de 1.400 empleos indirectos en toda Colombia.

Mercedes Campuzano es el nombre de esta emprendedora quien desde muy joven demostró que había nacido para destacarse y hoy día sigue en marcha tras superar la crisis más severa que haya enfrentado: la pandemia de la covid-19. ¿Cómo lo logró? Aquí está su historia.

Poca fiesta

Nació en Sincelejo, pero su familia se trasladó a Medellín cuando ella era una recién nacida. En la capital antioqueña vivió hasta los 10 años y luego retornó a la tierra natal.

Siempre ha sido una persona disciplinada, sus calificaciones fueron las más altas y le gustaba participar en olimpiadas de matemáticas. Aunque pocos lo saben, cuando cursaba su último año de secundaria obtuvo el segundo mejor puntaje en las pruebas Icfes en el país.

Recuerda que solo asistió a dos fiestas de quinceañeras. Ella relata que su familia procuraba cuidarla mucho y tenía que regresar a su casa antes de las 11:00 de la noche, cuando ni siquiera terminaban de llegar los demás invitados.

Por sus venas corre sangre de emprendedora, quizás la heredó de su abuelo, quien es oriundo de El Santuario, Antioquia, reconocida como tierra de grandes comerciantes. Así es como ella correlaciona esas cualidades que le permitieron generar ingresos con sus propios negocios. Desde muy temprana edad vendió desde brownies hasta velas que ellas misma hacía.

Ya en su época de universitaria, nuevamente en Medellín, mientras sus amigas disfrutaban de las fiestas —tan normales en esa etapa de la vida— ella, tal como lo narra, dedicaba todo su tiempo a cortar y vender “chanclitas”.

Los primeros tropiezos

La amplia aceptación derivó en la apertura de su primera tienda en la calle 10 de El Poblado. Cuatro meses después abrió la segunda en el centro comercial El Tesoro. Su pasión por el trabajo era tanta, que ella misma se desplazaba hasta el centro de la ciudad para escoger telas y materiales.

Todo marchaba sobre ruedas hasta el día en que descubrió cómo el fabricante le estaba entregando sus zapatos a otras personas. Ese fue el primer trago amargo que probó como empresaria; no fue fácil ver que le estaban robando sus insumos y, con ellos, haciendo el mismo calzado.

Se repuso del golpe y optó por tener su propio taller, era un espacio que iban a cerrar debido a la situación de insolvencia que enfrentaba la propietaria. Ahí salvó los empleos y le encargó a los operarios mantener la lealtad y no repetir el error del antiguo zapatero. Pero al paso de un tiempo, le hicieron lo mismo.

Lejos de considerar el retiro de la industria, se levantó y siguió trabajando. Se asesoró con expertos jurídicos y contrató maquilas exclusivas por todo el país. “Esta —dice— es una industria muy familiar y cada fábrica se encarga de un tipo de calzado. Cuando entendí eso, pude diversificar mucho más mi portafolio y hacer crecer la marca”.

Alerta: pandemia

Para el 2020, Mercedes Campuzano ya era una empresaria ampliamente reconocida en el sector de la moda, pero no contaba con la llegada de una pandemia que la obligaría a cerrar las tiendas de cara al público entre marzo y septiembre de ese mismo año.

“Estuve muy mal —narra Mercedes— cerré 11 tiendas y perdí demasiado. En ese momento, participaba en grupos de chat con otros empresarios. En esos espacios, además de compartir mejores prácticas y recomendaciones para afrontar eso que estábamos viviendo, también empezamos solidariamente a consultarnos cómo iban los porcentajes de ventas frente a 2019”. Allí todos coincidían en que la facturación estaba cercana a un 30% con respecto a una época de normalidad.

Eso le generó una preocupación inmediata porque sus ventas estaban en un 12% y cargaba en su espalda con la responsabilidad de cuidar los empleos de sus colaboradores. En esa situación descubrió que hay personas comprensivas y otras no tanto. Algunos proveedores y acreedores la respaldaron, otros no.

Le consultó a su equipo de trabajo qué estaba pasando y concluyeron que vender zapatos es de lo más complejo en el sector moda.

El instinto no falla

Entendió que en medio de los confinamientos totales, la gente no estaba muy interesada en adquirir calzado. Muchos de los que hacían teletrabajo optaban por vestirse bien de cintura para arriba, que era la zona captada por las cámaras en las videollamadas.

Ahí se le encendió el bombillo: recordó que a las estudiantes de Eafit no solo les gustaban las sandalias coloridas, también las prendas que ella vestía en esa época. Confió en su instinto y tomó la decisión de crear una línea de ropa, cosa que hasta ese momento la marca no hacía.

Sus asesores más cercanos consideraban que era muy riesgoso producir más inventarios cuando ni siquiera se estaban rotando los que ya tenían listos. No obstante, Mercedes sabía que, ante la adversidad que atravesaban, era mejor moverse porque no toleraba la idea de cerrar más tiendas y prescindir de más colaboradores.

Menciona que puso manos a la obra y comenzó a trabajar en los diseños de la primera colección: “Faltaban 50 días para Colombiamoda, logré tenerla lista para la feria y en 10 días se vendió toda”.

Luz al final del túnel

Los días de pandemia no le traen gratos recuerdos. Tuvo que asumir muchos frentes de batalla a la vez para salir de la crisis más dura que se haya visto en la historia reciente de la economía mundial.

Por momentos se sintió abrumada, pero sus hijas le dieron combustible extra cuando le hicieron notar algo que ella misma estaba olvidando: era Mercedes Campuzano, la mujer que ya había levantado una empresa de la nada y le estaba dando empleo a centenares de personas.

Todavía sigue en proceso de recuperación, estima que tras el golpe propinado por las cuarentenas, le tomará un lapso de cuatro años retornar al punto en el que estaba. Sin embargo, tiene claro que un empresario vive para abrazar la incertidumbre.

Pese a las coyunturas que hoy día vive el país, no ha contemplado la idea de trasladarse y enfatizó en que cree en la responsabilidad social que tienen las empresas: “Emprender es un estilo de vida. Es un espíritu único. No se trata del producto o servicio que estás lanzando, eso puede cambiar mil y una vez. Se trata de lo que sientes, de una energía superior que te motiva todas la mañanas a continuar pese a todas las dificultades”.

“Es tener una idea, validarla y levantarte todos los días a mejorarla. Es sobre todo la oportunidad de transformar nuestro país y nuestra sociedad, es generar oportunidades y sabernos parte del todo, parte de la solución”, agregó.

Sobre los planes a corto plazo, revela que seguirá trabajando en la internacionalización de la marca y vienen nuevos proyectos de negocio en la industria de la moda y la belleza. Es decir, sigue pensando en crecer a pesar de que ya tiene en sus manos una compañía exitosa.

“¿Que si la niña que fui estaría orgullosa de la adulta que soy? Absolutamente sí. La mujer que soy hoy ha sido el proyecto que me levanto a construir todos los días desde que tenía claro la mujer que quería ser”, puntualiza

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