Tal vez por estos días los ha escuchado cantar más que de costumbre, no solo en las mañanas, sino durante el día. Los ha visto volar cerca de su balcón o ventana y hasta ha tenido tiempo para tomarles fotos para subirlas en las redes sociales, presumir y buscar likes.
No es que por esta temporada el Aburrá se haya llenado de pájaros de la noche a la mañana, al contrario, siempre han estado ahí, lo que pasaba era que, quizá no tenía tiempo para observarlos, y ahora con la cuarentena, la poca circulación de carros y el descenso en los niveles de contaminación en el aire y auditiva se hacen notar más.
Sobre el cielo del Valle de Aburrá, en los 60 kilómetros de extensión que separan sus dos extremos (Caldas, al sur, y Barbosa, al norte), habitan 509 especies, que representan el 5 % del total de la población de aves del mundo, comenta Ana María Castaño, subdirectorade ecosistemas de Corantioquia, al anotar que es “la tasa más alta del planeta”.
Esa amplia diversidad de avifauna no es gratuita y tiene su explicación en las condiciones topográficas de la región, en especial con la conexión con otras ecoregiones en los puntos extremos, explica Andrés Cuervo, director científico de Colecciones Biológicas del Instituto de investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humbolt.
“Los cambios de paisaje y clima pueden facilitar la llegada de poblaciones de aves que no eran de la región”, relata Cuervo en el prólogo del libro Guía Fotográfica de las Aves del Valle de Aburrá - Segunda Edición, publicado en 2018.
La observadora Ana María Castaño anota que las condiciones geográficas del Aburrá, con altitudes que van entre los 700 y los 3.200 metros de altitud, permiten recibir por el Sur y por el Norte influencias de territorios como Chocó, el Caribe y el Magdalena Medio.
De acuerdo con la Guía Fotográfica, con respecto a la edición publicada en 2014, se hallaron 22 nuevas especies. Entre las novedades está un cuco, del que por primera vez se hace un registro en la Cordillera Central, un águila de gran tamaño, que habita en las zonas boscosas, y un colibrí avistado por primera vez en la región que baña el río Medellín.