Un equipo de investigación de la Universidad de Córdoba, en España, creó un biodiésel con los ácidos grasos provenientes de los desperdicios de alimentos de restaurantes. El método utilizado es de menor costo energético y más sostenible que otros usados en la obtención de combustible de origen vegetal.
Con la intención de fomentar el desarrollo de una economía circular eficaz, los investigadores tratan de incorporar al sistema productivo los desechos. Siguiendo la regla de las tres “r”’ (reducir, reciclar, reutilizar), esta estrategia pretende que el actual flujo de los alimentos (recursos-producto-residuos) se transforme en un flujo circular (recurso-producto-residuos reciclados-producto).
Así, en un estudio publicado por la revista Fuel, demuestran que la grasa de los desperdicios de comida es adecuada para la producción de un biodiésel, que cumple las propiedades fundamentales de la norma europea y que se obtiene con un ahorro de energía y tiempo de reacción.
Este biocombustible se genera con las grasas de la carne o el aceite del pescado.
Los expertos han logrado reducir de una hora a 20 minutos el tiempo dedicado a la transformación de los ácidos grasos en biodiésel.
El análisis de propiedades físicas y químicas mostró que el producto cumple con el estándar europeo de biodiésel, aunque aún es necesario ajustar la estabilidad a la oxidación, requisitos para su comercialización. Este biocombustible también se podría utilizar mezclándolo con diésel o mediante la simple adición de antioxidantes fenólicos, unos compuestos naturales que contribuyen a un mejor rendimiento del motor.