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¿Qué sonidos esconde la descomposición del suelo?

Un profesor de la UdeA logró darle respuesta a esta pregunta luego enterrar bolsitas de té en diferentes ecosistemas y de adelantar, con los datos obtenidos de la siembra, un arduo proceso de sonificación.

  • Bolsas de té enterradas en Tulenapa, para propiciar análisis científicos y estrategias de apropiación social del conocimiento. Foto: Juan Felipe Blanco Libreros.
    Bolsas de té enterradas en Tulenapa, para propiciar análisis científicos y estrategias de apropiación social del conocimiento. Foto: Juan Felipe Blanco Libreros.
05 de mayo de 2024
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Hace casi 10 años un grupo de científicos europeos se idearon la forma de estudiar lo que sucede en un ecosistema con un método bien particular y de fácil realización para cualquier persona: la siembra de bolsitas de té verde o té rojo disponibles en cualquier supermercado en una presentación piramidal de nailon, pues se dieron cuenta de que si las enterraban la actividad microbiana del suelo iba a descomponer el material vegetal que se encontraba en el interior por medio de hongos, bacterias y otros microorganismos, mientras que el exterior iba a permanecer intacto, logrando así recrear un pequeño ecosistema o microcosmos en el que de manera simple y estandarizada se reflejaba lo que sucede en el suelo de cualquier parte del mundo.

Pero este método solo llegó a Colombia hasta la pandemia, cuando a Juan Felipe Blanco Libreros, investigador y profesor titular del Instituto de Biología de la Universidad de Antioquia, se le ocurrió en medio del curso de Ecología y de la virtualidad, practicarlo en casa con sus estudiantes. Así lo cuenta: “Empezamos con bolsitas de té tradicionales, de papel, pero obviamente esas bolsitas se descomponían muy rápido y el contenido era difícil de separar del suelo, luego una empresa de acá empezó a producir las pirámides en un material similar al nailon, pero biodegradable, o sea, seguro para el ambiente, y casi de inmediato comenzamos a incorporarlo a las prácticas docentes”.

Teniendo tan buenos resultados, que, de regreso a una cotidianidad sin pandemia, empezó a hacer estas mismas pruebas en el campus, en distintas zonas verdes de Medellín e incluso, en distintos lugares de Colombia, uno de ellos en el bosque tropical de la Sede de Estudios Ecológicos y Agroambientales, Tulenapa, en el Campus Carepa de la misma universidad, donde en una plantación de un metro por un metro de árboles de caucho del género Castilla, depositó con el apoyo de su grupo de investigación, un total de 15 bolsitas de té verde que fueron reemplazadas cada mes, y que terminaron por convertirse en la base del proyecto La sonificación y musicalización de datos de la descomposición de suelo.

¿Y por qué eran reemplazadas cada mes? Porque este método consiste en hacer un seguimiento del suelo en el que se entierran las bolsitas, tal y como se le hace un seguimiento de control y desarrollo a un niño para monitorear su salud: ya sabemos que la salud o las condiciones cambian a través del tiempo por factores naturales.

Plantación en Tulenapa en dónde se desarrollo el experimento científico. Foto: Juan Felipe Blanco Libreros.
Plantación en Tulenapa en dónde se desarrollo el experimento científico. Foto: Juan Felipe Blanco Libreros.

“Y eso justo fue lo que observamos en Carepa”, comenta Juan Felipe. “Es decir, tomamos el peso inicial de las bolsas de té verde de una marca específica. Luego, las enterramos a cinco centímetros de la superficie. Después de un mes retiramos cada bolsa del medio —el bosque de Tulenapa—. Parte del material vegetal que contenía se “fue” porque se incorporó al sistema digestivo de los invertebrados y a la red alimenticia en la que también participan hongos y bacterias, y ese metabolismo finalmente se convierte en dos cosas: en masa en los seres vivos o en CO2 liberado a la atmósfera, y lo que queda en las bolsas es lo que no consumieron por falta de tiempo o por la difícil digestión de estos microorganismos: ese remanente, que es un testigo de la captura de carbono en el suelo, es el que nos da los datos que se sonifican”.

Ahora, ¿por qué en el marco de todo esto se habla de sonificación? Porque el profesor quería ir más allá, encontrar una forma en la que la ciencia reverberara en el arte y así acercar a la comunidad en general al tema, y la sonificación “es una herramienta que permite la transformación de cualquier tipo de información en sonido”, como explica el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, entonces lo que termina pasando con esto es que se pueden plasmar en sonido imágenes 2D, datos de tráfico en redes de comunicaciones, cotizaciones de la bolsa de valores, o como en este caso, el peso remanente de la materia orgánica vegetal.

Así que una vez convertida toda esa información en patrones sonoros que determinan factores como armonía, sincronía y ritmo, Juan Felipe compuso la pieza sonora Tulenapa Smooth Jazz, que es en sí el compendio de los datos que se levantaron en ese lugar entre septiembre de 2021 y mayo de 2023, puesto que, según él mismo, “cada experimento tiene sus patrones melódicos, es como si tuviéramos una pequeña orquesta ensamblada. Cada instrumento tiene su espíritu y colores y con ello dan diferentes opciones creativas. La estructura de los datos permite crear pistas con varios ritmos, como el jazz y el blues”.

Referentes de la sonificación

Explican en la Universidad de Antioquia, que “los estudios de la astronomía y la física de partículas, al convertir en sonidos y música los datos que les llegaban de diferentes regiones del universo —son datos muy pesados—, identificaron formas de almacenamiento y análisis a partir de datos sonoros o audibles. En las ciencias de la salud también se ha trabajado a partir de electrocardiogramas y grabaciones de sonidos de diferentes órganos vitales desde hace más de cincuenta años. Las ciencias de la Tierra y la oceanografía han adoptado poco a poco esta práctica.

Hoy muchos investigadores se interesan en convertir datos en sonido por las dificultades de representarlos visualmente —lo que es conocido en inglés como big data—; trabajar con sonidos a veces simplifica los procesos”.

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