Aunque no están en el umbral de la extinción, las abejas enfrentan situaciones adversas en el territorio nacional y sus beneficios no son aprovechados todavía a plenitud.
Si siguieran acentuándose las amenazas, podrían desaparecer de algunas áreas y habría pérdidas para quienes trabajan con ellas o las aprovechan para sus cultivos. Son una opción de ingresos y empleo cuyo potencial es promisorio.
Tras la serie de informes sobre el estado de estos insectos, las siguientes son las conclusiones de los principales temas y aspectos pendientes y que se deben solucionar para preservar e incrementar el servicio de la polinización y la salud de los ecosistemas.
1. Protección legal
Hasta ahora no se ha logrado plasmar de manera clara un mecanismo legal de protección para polinizadores.
El 27 de noviembre pasado el Juzgado Primero penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de Cartagena ordenó al Estado promover políticas de precaución ambiental para proteger las abejas. Sobre el tema, desde 2017 en el Congreso de la República se discute un proyecto de ley, presentado por el representante Didier Burgos, al cual le falta un debate.
Para Abdón Salazar, apicultor del Colectivo Abejas Vivas, hay controversia por dos artículos modificados, referentes a la prohibición o regulación de pesticidas y el establecimiento de zonas de protección donde los polinizadores no se vean afectados por las actividades humanas.
En Antioquia se aprobó en diciembre una Ordenanza que declara las abejas como insectos de interés ecológico, social y económico en el departamento, iniciativa que contiene principios y propósitos, pero no establece cómo lograrlos ni con qué presupuesto.
2. Iniciativa Nacional
Danny Vélez, experto en abejas en el Instituto Humboldt, reveló que se cuenta con un documento base para la Iniciativa Colombiana de Polinizadores que pretende fomentar y orientar la gestión del servicio de polinización de estos insectos y los demás que cumplen esa función. Se espera que sea un documento oficial que guíe la actividad.
3. Regulación de los agroquímicos
Investigadores como Guiomar Nates Parra, del Laboratorio de Abejas de la Universidad Nacional, cree que se debe regular el uso de estos productos y establecer un control efectivo porque hoy no existe. Aunque apicultores de Abejas Vivas y otros piden que se prohiban, no parece que esa vaya a ser la decisión final. La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) ha restringido el uso de algunas sustancias, y el ICA pidió moratoria ambiental sobre la molécula fipronil aplicando el principio de precaución.
4. Racionalización en la aplicación.
Existe consenso en que hay que usar de manera racional los agroquímicos, siguiendo estrictamente las indicaciones de los fabricantes. Como reveló un estudio en 2016 de la Universidad Nacional, es frecuente que se exagere en las aplicaciones de los productos. Sobre este tópico no existe control alguno.
5. La pérdida vegetal y deforestación
No solo son los pesticidas, la deforestación se ha convertido en otro factor desestabilizador de las poblaciones de abejas, a lo que se suma la limpieza de terrenos adyacentes a cultivos. Una situación que incide más en las abejas nativas y cuyo impacto real no ha sido medido todavía.
6. Conversar es fundamental
El profesor John Jairo Idárraga, de la Universidad Nacional, considera vital el diálogo entre agricultores y apicultores para evitar o reducir la mortandad de abejas. Cuando hay floración no se debe fumigar o se debería avisar para proteger las colmenas.
En ese sentido, María Helena Latorre, directora de la Cámara Procultivos de la Andi, informó que hacen alianzas entre ambos sectores para que trabajen juntos y se beneficien sin perjudicar al otro.
7. Están desaprovechadas.
Como expresara el profesor Idárraga, el país tiene capacidad para más de 700.000 colmenas y hoy solo se tiene una sexta parte según Minagricultura para satisfacer la demanda de los distintos productos de las abejas. Pese a que pueden polinizar más de 70 cultivos de interés (aparte de flores), no se usan de manera sistemática en esta función al impedirse o desecharse su establecimiento cerca a los campos agrícolas. La polinización que hacen las abejas mejora en general la calidad y cantidad de las distintas cosechas.
8. Sí se reduce su número
Si bien el número de colmenas explotadas de la especie Apis mellifera ha subido en los últimos tres años, no significa que el número de abejas no se esté reduciendo. Los análisis de la profesora Nates Parra lo confirman y por envenenamiento y otras causas cada año desaparecen miles de colmenas. Existe de todas maneras un vacío en la información: los agroquímicos y la deforestación afectan las especies nativas, pero no se ha establecido hasta qué grado se han reducido las poblaciones.
La investigadora reportó ausencia de especies que antes se encontraban con frecuencia en ciertos ambientes.
9. Falta investigación
El conocimiento sobre las 1.000 especies de abejas del país tiene grandes vacíos. No se manejan más que un puñado de especies (melífera y sin aguijón), pero hay muchas otras que tienen un rol importante en la polinización de las plantas y frutos en los bosques y otros ambientes de las cuales se tienen pocos o ningún dato sobre su biología, comportamiento, aporte o problemas que las afectan.
10. No habrá extinción.
Algunos agoreros y la prensa del espectáculo vaticina que si se acaban las abejas a los humanos les quedarían pocos años. No es así. La disminución de poblaciones de estos insectos afectan cultivos, en particular donde son usadas más para polinizar. Podría haber reducción de cosechas y de la calidad de estas, generando más hambre en ciertos entornos, pero por esto no se extinguirán los humanos. También podría haber pérdidas económicas en ambientes en los que escaseen.
40%
de especies de abejas tienen algún grado de amenaza en el plano global: Ipbes.
60
plaguicidas con fipronil reporta el ICA, que pidió moratoria para uso en cítricos, aguacate y café