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“Me ponían a aguantar hambre para volverme heterosexual”: el testimonio de joven gay al que una iglesia cristiana intentó “convertir”

Hoy es la marcha del Día del Orgullo LGBTIQ+ en Medellín. Este es el duro testimonio de un joven al que torturaron.

  • “Me ponían a aguantar hambre para volverme heterosexual”: el testimonio de joven gay al que una iglesia cristiana intentó “convertir”
  • Sergio estuvo en un foro de El Colombiano, dirigido por Luz María Sierra, donde contó su historia. Foto: Camilo Suárez.
    Sergio estuvo en un foro de El Colombiano, dirigido por Luz María Sierra, donde contó su historia. Foto: Camilo Suárez.
01 de julio de 2023
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Las calles de Medellín se llenarán hoy de música, colores, chivas y carrozas. Es la celebración de Día del Orgullo LGBTIQ, que se celebra cada año con fervor.

Por eso hablamos con Sergio Chacón Barrera, conocido como Checho, organizador de la marcha. Nos contó su experiencia, cómo una iglesia cristiana le hizo una “terapia” para “quitarle la homosexualidad”. En realidad, fue una tortura, un chantaje que aún recuerda con dolor.

¿Qué siente usted como una persona de la comunidad LGBTIQ+ al estar en esa marcha? ¿Qué significa para usted? Además, es joven, tiene unos 20 años...

“Tengo 22 años y soy codirector de la Alianza Social LGBTI de Antioquia y soy consejero distrital de juventud. Llevo muchos años en el liderazgo político, en el liderazgo social de participación ciudadana de la juventud. Y bueno, ahorita hablaremos un poquito más de esto, pero entre otras cosas, mi proceso inició en una iglesia cristiana, donde además fui líder también de un movimiento juvenil. Pero, lastimosamente, en esta iglesia cristiana me realizaron una terapia de conversión. Hoy yo soy sobreviviente de una terapia de conversión, lo que significa que tuve que pasar por muchas, muchas, muchas cosas para poder salir del clóset y para poder reafirmarme ante la sociedad como lo que soy. Soy un hombre gay, ¿cierto?”.

Centrémonos, por ahora, en la marcha...

“Mi primera marcha a los 18 años fue una experiencia que me tocó el corazón. Porque esa marcha significa, entre otras cosas para nuestra población, la oportunidad perfecta para salir a la calle, para salir a tomarnos el espacio público y defender lo que creemos, defender nuestras formas de amar, nuestras formas de ser, nuestras formas de reafirmarnos ante la sociedad, de expresar nuestras identidades de género. Y a mí en lo particular me emociona mucho porque yo soy una de las personas que lo coorganiza. La Alianza Social LGBT de Antioquia durante nueve años ha organizado las logísticas y las y planeaciones necesarias para realizar la marcha. Es un triunfo enorme porque yo estoy detrás de la marcha durante cuatro o cinco meses con todo el equipo”.

Usted mencionó que fue víctima de una terapia de reconversión y justamente está haciendo carrera en el Congreso un proyecto de ley para acabar con ese tipo de terapias. Cuéntenos un poco ¿cómo fue esa experiencia?, ¿cuántos años tenía?, ¿qué le dijeron?, ¿en qué consistía esa terapia?

“A veces no es tan fácil contar todo lo que uno tuvo que pasar, porque son procesos en los que se ejerce diferente violencia. En cuanto al proyecto de ley, yo hago parte del equipo de activistas que lo acompaña. Estuvimos hace tres semanas en el Congreso en el primer debate en la Comisión Primera y ahí sigue en curso esta ley que prohíbe todo tipo de terapias. Esas terapias no solo existen en Colombia”.

Háblenos un poco de las terapias...

“Hay terapias físicas que incluyen electrochoques, que implican que a los muchachos les meten la cabeza en baldes de agua fría. También hay terapias de violencia psicológica, emocional. En mi caso aplicaron la psicológica, además de violencia política y violencia económica. Yo tenía 16 años cuando fui sometido a la terapia de conversión. Hubo presiones y chantajes porque primero se enteró la iglesia que mi familia”.

Sergio estuvo en un foro de El Colombiano, dirigido por Luz María Sierra, donde contó su historia. Foto: Camilo Suárez.
Sergio estuvo en un foro de El Colombiano, dirigido por Luz María Sierra, donde contó su historia. Foto: Camilo Suárez.

¿Qué pasó entonces?

“La iglesia entonces me dijo ‘te sometes a la terapia de conversión o le contamos a tu familia’. Y claro, yo por todo el temor y todo el miedo de qué iba a pensar mi familia o qué iba a decir, me sometí a esa terapia. Me prohibieron y me restringieron mi participación ciudadana y política en un montón de espacios. Básicamente me dijeron ‘no se junte con esa gente ni por el berraco’. Me sometían a ayunos, a vigilias, a cadenas de oración y a ‘espacios en el oratorio’. Así lo llaman ellos, pero no era nada más ponerme a aguantar hambre durante ocho días rogándole e implorándole a Dios que me quitara lo homosexual.

Me dejaban en un cuarto a oscuras, tirado en una alfombra; me llenaban de aceite ungido el cuerpo y me dejaban ahí media hora, 40 minutos y todo el tiempo ejerciendo violencia psicológica sobre mí. Me decían que yo estaba haciendo algo malo, que era un pecador, que tenía que pedirle a Dios que me cambiara.

Cuando yo intento salir de esa terapia, generan una presión en mi familia tan grande que los convencen de quitarme el apoyo para estar en la universidad. En ese momento cursaba segundo semestre en la Universidad de Antioquia. Querían quitarme el apoyo económico hasta que yo cambiara, hasta que yo volviera a ser heterosexual”.

Usted dice que entró cuando tenía dieciséis años en segundo semestre seguía allí. Usted era un menor de edad, ¿esto significaría que la iglesia tomó la decisión de aplicarle esa terapia sin permiso, sin consentimiento de sus padres?

“Así es”.

¿Y esto no supone una ilegalidad o implicaría una posible denuncia contra esta iglesia?

“Es lo que justamente estamos buscando a través de este proyecto de ley, que busca darle un agravado al tipo penal, pero también establecer en un marco legal y jurídico qué es una terapia de conversión. Hoy, cuando yo voy a presentar la denuncia, entre comillas, ¿a razón de qué la voy a denunciar? Uno podría decir que eso es tortura, y realmente eso es tortura y es lo que hoy queremos visibilizar”.

Es decir, no existe como delito...

“El delito de tortura existe, pero perfectamente para un fiscal o para un juez esto no fue tortura, sino que fue simplemente un desacuerdo entre la iglesia y yo. A mí nunca me dijeron ‘sométete a terapia’ o vamos a ‘hacer un acompañamiento para que Dios cambie tu vida’. Ese es el problema, que ni siquiera se pueden llamar terapias. Incluso una de las iglesias en Colombia ha tenido ese problema porque se hacen llamar centro de teoterapia, pero es que resulta que el Ministerio de Salud y Protección Social regula los centros que ofrecen algún tipo de terapia psicológica o física. Y como las iglesias no tienen esos permisos ni tienen los profesionales o las licencias, no tienen los requisitos para llamarse terapia”.

¿Cómo logró salir?, ¿cómo fue el proceso para que eso no le hiciera daño?

“En mi mente yo sabía que eso no estaba mal, o sea, yo sabía que yo no estaba ahí porque yo me sintiera mal por ser gay. Yo estaba ahí por presión. Por la presión de que le iban a decir a mis papás. Yo decía como ‘Dios, cámbiame’, porque si sigo siendo gay, nunca me van a aceptar en la sociedad, nunca voy a poder tener los hijos que mi mamá quiere que tenga, voy a sufrir un montón de discriminación en la calle, en el colegio, en la universidad.

Por más que yo intenté y le pedí a Dios, e incluso intenté tener relaciones con mujeres, no funciona así. Son cosas que todavía me duelen, que todavía estoy procesando, tramitando”.

¿No cree que los haya terminado de superar?

“Uno no siempre lo termina de superar, porque es que finalmente tocan las fibras personales y hace poco di mi testimonio en el Congreso. Eso salió en redes sociales, el video se hizo viral, la cantidad de comentarios que yo recibí fue impresionantes, y también la reacción de la iglesia y de la gente de la iglesia atacándome e insultándome. Fue muy complejo y son cosas que todavía duelen”.

¿Cuál es la iglesia?

“Yo prefiero no decir el nombre para ahorrarme problemas jurídicos y que ellos me pongan una denuncia por calumnia e injuria. Es que ellos siguen negando que lo que hicieron conmigo fue terapia, para ellos fue un proceso de acompañamiento. No era aguantar hambre, sino un ‘ayuno’”

En general, ¿cómo se discrimina a la población LGBT?, ¿se siente discriminado?

“En la Universidad de Antioquia las violencias basadas en género han salido a relucir en todas partes, no es solo acoso sexual a mujeres, también es violencia contra la población LGBTI, porque todavía hay profesores que menosprecian, que menosprecian la participación, la voz de cualquier estudiante de la población LGBTI y que les incomoda. Todavía hay directivos que les incomoda”.

Realmente hay una brecha generacional, ¿usted siente una brecha importante generacional en el acogimiento a la comunidad diversa?

“Sin duda alguna. Las nuevas generaciones somos mucho más abiertas y más receptivas al tema. Porque, claro, hay una transformación cultural evidente en nuestro país desde hace 30 años, cuando se promueve la constitución del 1991, en la que se empiezan a reconocer diferentes derechos a nivel constitucional. Y se empiezan a hacer esfuerzos por reducir brechas. Brechas de género, brechas de discriminación racial, brechas de clasismo, de xenofobia. Y lo que pasa también es que en el mundo somos una generación que, aunque nos llamen la generación de cristal, entre otras cosas, somos la generación más sensible a las realidades sociales. Es una generación más ecológica y que piensa todo el tiempo en la sostenibilidad del medio ambiente. Es una sociedad que se está pensando también la inclusión de personas que han sido históricamente discriminadas por discapacidades. Por eso es que hoy nuestros esfuerzos son en llegar a esos espacios donde las personas adultas reproducen sus discursos de odio y de discriminación en las personas, en los menores, en los niños”.

Volvamos a la marcha. ¿A qué hora es?, ¿cómo es?

“Estamos muy contentos porque este año vamos a tener un recorrido diferente. Este año vamos a salir desde la avenida Las Vegas a la altura de la calle 10, es decir, desde la estación Poblado. Ahí vamos a estar concentrados para salir de la marcha. La concentración inicia a las 10:00 de la mañana. La gente va a poder encontrar un mercadillo diverso, que es un espacio para que conozcan emprendimientos de la población LGBTI. Van a salir diferentes marcas con sus estrategias, promoviendo la diversidad. Marcas como Coca-Cola, como Éxito, como Pintuco. Y a partir de las 2:00 de la tarde el recorrido va a iniciar desde este punto, desde la avenida Las Vegas. Va a subir por toda Las Vegas hasta llegar a la avenida Los Industriales, va a coger la carrera Carabobo y va a llegar al centro, por la avenida San Juan, para terminar con una tarima política y cultural en el Parque de las Luces. Esta tarima política y cultural es una estrategia de la Alianza Social LGBTI de Antioquia, que es organizadora del evento, con apoyo de la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia, donde, entre otras cosas, se da el cierre de la marcha. Se le cuenta a la gente qué significó la marcha, cuántas personas marcharon, la intervención de diferentes liderazgos del movimiento LGBTI”.

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