La construcción del metro de la 80 ha generado temores en los 13,5 kilómetros de su trazado. Una obra de ese tamaño, en una zona densamente poblada, requiere de una intervención enorme, complejísima. El último rumor, que comenzó como un runrún, nació en la 80 con la 19, a todo el frente de la Clínica Vida. Los habitantes de la zona temen que el barrio no vuelva a ser el mismo.
La inquietud comenzó el año pasado, cuando les informaron que en el sitio quedaría una parada, es decir, una de las estaciones del nuevo sistema. Preocupados, acudieron al concejal Daniel Duque, quien les ayudó a redactar un derecho de petición para que la empresa diera claridades sobre el porqué de la construcción de esa estación en ese lugar.
La primera inquietud de los habitantes, y que fue recalcada por John Jairo Hurtado, conocedor de temas de planeación, fue por qué levantar una estación a solo 500 metros de otra. Los diseños de fase dos del proyecto tienen definida otra parada en La Palma, cerca al Consumo.
“No tiene sentido que hagan esas estaciones con una distancia de 500 metros. Pensamos que podría hacerse más al norte, por la Mota, por ejemplo, y sería más eficiente”, comentó Hurtado.
La segunda duda tiene que ver con la gestión predial, uno de los retos más grandes del proyecto. Al tratarse de una zona tan urbanizada, el metro, a través de un convenio con la EDU, tendrá que comprar más de 1.000 predios de manera parcial o total a lo largo del recorrido. Para ello hay 935.000 millones de pesos, un porcentaje muy importante del presupuesto total de la obra, que es de 3,5 billones.
La duda de los habitantes del barrio es por qué la estación no se construía al frente de donde se tiene pensada. Acá vale hacer una claridad geográfica: la parada se propone al margen derecho de la vía cuando se viene de norte a sur, justo junto al coliseo del colegio San Carlos. Lo que alegan los habitantes, como Hurtado, es que al frente, en el margen izquierdo, hay un lote vacío, que es público. Construir allí, dicen, no requeriría de compra de predios ni alteraría las dinámicas del lugar.
Pero los planes del metro son diferentes. La estación será sobre el lado derecho y para ello deberán comprarse 152 predios, algunos de ellos solo de manera parcial. Sobre ese costado hay restaurantes, farmacias y talleres de reparación de electrodomésticos. Casi todas las viviendas son de tres pisos, con los comercios en la primera planta. Desde el año pasado están hablando con comerciantes y moradores para explicarles lo que pasará.
Y acá viene la tercera queja de la gente. Dicen que transformar el barrio, que hoy es tranquilo, será modificar sus dinámicas urbanas. Una estación de un sistema masivo atrae mucha gente y eso, por obvias razones, atraerá más comercio, ventas informales, ruido. Y muchos no están dispuestos a soportarlo.
El barrio, donde hay gente desde hace 40 y 50 años, no será el mismo. Un temor similar existe en el otro extremo del proyecto, en San Germán, donde se planea construir un plan parcial a todo el frente del Pascual Bravo. Son casos que ilustran la dificultad de construir un proyecto de esta magnitud.
El metro responde
Retomamos las tres inquietudes y las compartimos al metro. En primer lugar, la razón de la construcción de la estación en los lotes ocupados, en vez de hacerse al frente, donde alegan los habitantes que hay un lote sin construir.
John Alexánder Castaño, profesional de la gerencia de Planeación, respondió que esto se debe a una decisión técnica, y es que, por el trazado del metro, no es posible hacer la estación al frente, porque, literalmente, la curva no da.
En palabras parroquiales, al tren no tendría cómo dar la curva y entrar a una estación de ese lado. El lote del que hablan en la zona es un parque donde hay unas bancas y las personas sacan a sus mascotas. Al preguntar sobre el futuro de ese espacio, desde el metro respondieron que en los diseños actuales no se contempla ningún cambio.
Castaño agregó que la compra de predios no es el problema en este caso. Explicó que, constrúyase sobre un lado u otro de la vía, hay que comprar en los dos costados, porque el sistema necesita espacio. Al final, resulta siendo relativamente irrelevante si la parada está de un lado o del otro.
Marinela Quintero, profesional de la gerencia social del proyecto, contó que desde el año pasado se ha acompañado a la comunidad y se le ha dado información sobre el proyecto. En este momento están en una caracterización previa al avalúo de los lotes, pero ese proceso lo tendrá que hacer la Lonja.
Ahora bien, la pregunta del millón es por qué la estación se decidió construir ahí, a solo 500 metros de otra. Castaño respondió que esto obedeció a un criterio técnico, pero también social: “En esa zona hay más barrios de estratos dos y tres. La parada nos puede recoger a toda esa población. En la Mota, por ejemplo, hay más estratos cuatro o cinco, que se mueven más en vehículo particular. La idea era recoger a toda esta población y que no tuviera que desplazarse mucho”.
Este caso ambienta lo que será el primer gran reto de la obra, comprar los predios requeridos en los 13,5 kilómetros, una tarea que desde ya se avizora muy compleja