Tan pronto se enteró de que Pablo Díaz había llegado a Colombia, la semana pasada, y que deambulaba por colegios de Bogotá para conversar con los jóvenes de la ciudad, el presidente Gustavo Petro lo mandó contactar. Quería entrevistarse con él, porque lo admira. Sin embargo, con toda la diplomacia posible, el sexagenario argentino le mandó a decir que no podía, porque esta semana iba a estar ocupado en la comuna 13 de Medellín.
Díaz, que aún compartiendo posiciones ideológicas con el primer mandatario lo dejó “con los crespos hechos” por venirse a una barriada popular, es el invitado principal del Festival de Cine y Video Comuna 13, la otra Historia, que desde el lunes vive su versión número 13 en varios colegios, universidades y sitios culturales de ese rincón de ciudad.
Su presencia la empezó a gestionar desde hace un año el director del festival, Fernando Avendaño. Cuenta que posteriormente, en una cita con integrantes de la Comisión de la Verdad de Colombia en Guernica (símbolo de la barbarie franquista en España), le dijeron que podía ser peligroso, pero para él primaron las ganas de conocer la resiliencia de las comunidades y el trabajo de las organizaciones.
Pablo es un personaje con una historia trágica que lo marcó para mal, pero que a la vez le dio sentido a su vida. Hace más de cuatro décadas recorre el mundo haciendo memoria de la ignominia de la dictadura militar que vivió su país entre 1976 y 1983.
Él, con tan solo 16 años entonces, sobrevivió a la llamada ‘Noche de los lápices’ (16 de septiembre de 1976) que dio origen a la película homónima que se estrenó en 1986 con el drama de los 90 días de cautiverio y torturas que padecieron siete estudiantes de secundaria a manos del ejército argentino luego de que lideraran un movimiento de los colegios de la provincia de La Plata para reclamar un beneficio económico llamado boleto estudiantil.
De hecho, el testimonio de Díaz ante las autoridades judiciales en el tránsito hacia la democracia y para el informe del Nunca Más, lo mismo que su asesoría directa, fue clave para elaborar el guion del filme que dirigió Héctor Olivera. Fuera de eso, estuvo en el casting a los adolescentes que representaron papeles protagónicos y fue esencial para que las familias de las demás víctimas del fatídico suceso dejaran hasta entrar con cámaras a las habitaciones de estas. “Incluso las prendas que usa la jovencita que hace de Claudia Falcone —su Claudia, de la que se enamoró en el encierro y a la que aún parece recordar en cada instante— son las mismas que dejó en su ropero”.
La película y él le han dado la vuelta al mundo. No en vano, Pablo mezcla en sus charlas alguna conversación que tuvo en Japón con el famoso director Akira Kurosawa, o habla de algún encuentro con el pintor Pablo Picasso o con nuestro nobel Gabo.
Sin embargo, él es una celebridad sin limusinas ni guardaespaldas. Desde el miércoles 20 de septiembre, cuando llegó a Colombia, no ha hecho más que patonear de un lado para otro. Parece un penitente que por no haberle podido cumplir a Claudia su última promesa, se dedicó a peregrinar como apóstol.
Efectivamente, en una de las últimas escenas de La noche de los lápices, él está próximo a salir del campo de concentración de Banfield para una celda regular donde pasó otros cinco años, y ella le dice desde el otro lado de su celda con ese acento argentino que se parece tanto al paisa: “¿Me prometés que todos vamos a salir de acá?”.
La respuesta, fallida, fue que sí, pero la verdad es que la joven —también de 16 años— jamás apareció; según el expediente, la asesinaron dos días después de ese último encuentro.
En medio de la proyección, en la tarde-noche del miércoles pasado, en el Parque Biblioteca de San Javier, por momentos los asistentes traslucían una mezcla de dolor y rabia ante las escenas en las que aparecen Pablo y los demás jovencitos con sus costillales al viento mientras que los uniformados les pegan, o mientras aquellos violan a María Clara Ciocchini.
En el conversatorio posterior, Pablo soltó una perla provocadora: “Yo no hice esta película con el egoísmo de querer volver a ver a Claudia, no la hice para ustedes”.
A una espectadora se le salió una pregunta incómoda pero que parece obvia. ¿Por qué usted se salvó y los otros no?
Entonces, relató que su papá era benefactor de la Iglesia y por ello un religioso lo contactó con un coronel. “Desde entonces faltaron muchas cosas en mi casa, faltó campo y algunas casas”, dijo dejando entre líneas que habían pagado un rescate. “Yo denuncié a mi papá y al obispo de La Plata, porque si abogaron por mí, lo tuvieron que haber hecho por todos”.
En la película, uno de sus carceleros le dice: “Hemos decidido que vos salís, pero escúchame clarito, tenés que olvidarte de lo que viste”, y él lleva casi toda su vida desobedeciendo la orden.
Con esa misma contundencia, Pablo ha dicho en varios lugares donde se ha presentado en la comuna 13 algo que pareciera políticamente incorrecto en un país como Colombia, donde se han hecho varios procesos de paz y hay otros en curso, o específicamente ante una comunidad como la que padeció la Operación Orión con sus 105 desapariciones forzosas, 71 personas asesinadas por los ‘paras’, 17 homicidios cometidos presuntamente por la Fuerza Pública y 80 civiles heridos, según el informe del Centro de Memoria Histórica. Para él, el perdón no es admisible, y menos el olvido.
“Los vivos no podemos perdonar sobre el asesinado, sobre el desaparecido. La pregunta es para los desaparecidos y los asesinados, y obvio que nunca van a contestar. O sea, no existe el perdón, no para mí, no. Una sociedad reitera los mismos hechos si no ordenó su castigo a los culpables”. Luego preguntó: “¿Acaso perdonan al que se roba una manzana, que es un delito menor comparado con una muerte o una violación?”.
De cualquier manera, él mismo reconoce que La noche de los lápices está muy lejos de ser interpretada como décadas atrás, por su trasfondo político, porque los jóvenes actuales se interesan más en la historia de amor, esa que vivió con Claudia y que parece no tener fin todavía aunque él esté casado con otra compañera de la secundaria y tengan tres hijos. La paradoja de la vida es que uno nació justo el 24 de marzo, en un aniversario del golpe militar. Como para no olvidar.
UNA MARATÓN AUDIOVISUAL
El Festival de Cine y Video Comuna 13 va hasta mañana. Esta es la versión 13 y lo lidera la Escuela Audiovisual Full Producciones.
En total, comprende alrededor de 40 proyecciones de filmes en colegios e instituciones culturales, así como talleres y conversatorios con los realizadores. Se prevé que entre 1.500 y 1.600 personas disfruten de la programación.
Hoy, en el Parque Biblioteca San Javier, después de las 2:00 p.m. se proyecta de nuevo La noche de los lápices y estará Pablo Díaz. Además, hasta las 7:00 p.m. lanzarán varios documentales hechos en las comunas 5 y 13.