Desde enero de 2021 la Alcaldía de Daniel Quintero venía anunciando que a partir de 2023 pondría en operación el nuevo vaso para ampliar así la vida útil del relleno sanitario La Pradera hasta 2030.
Sin embargo, el nuevo vaso llamado Piñuela, responsable de garantizar la disposición de ocho millones de toneladas de residuos sólidos, no solo no empezará a funcionar este año sino que ni siquiera alcanzará a ser construido.
En el cronograma inicial del proyecto Emvarias tenía en sus planes empezar la construcción en enero de 2022. Sin embargo, solo hasta abril de ese año logró que Corantioquia le entregara la licencia para ampliación del relleno.
Pero ahí no se destrabó el proceso, pues el estudio de impacto ambiental que entregó Emvarias tenía serios reparos, al punto que tuvo que afrontar recursos de reposición por parte de Proambiente, una entidad que, actuando en defensa de las poblaciones afectadas por el relleno, reclamó que el estudio trasgredía los requisitos para garantizar que el funcionamiento del vaso no atentara contra el medio ambiente ni las comunidades.
A pesar de lo embolatado que estaba el proceso para ampliar la vida útil del relleno, Emvarias comenzó a recibir residuos sólidos de casi 50 municipios del departamento (y de otros fuera de Antioquia como ocurrió en agosto de 2021 cuando permitió el ingreso de basuras desde Santander), con lo que aceleró el agotamiento del vaso actual llamado Altaír.
Con este panorama, la solución que encontró la empresa fue solicitar una modificación de licencia a Corantioquia para prolongar el funcionamiento de Altaír, más allá de septiembre de 2023, fecha en la quedaría obsoleto. Gracias a esto, según responde Emvarias, Altaír tendrá una vida útil hasta marzo de 2024 y una capacidad remanente para recibir 1.450.000 toneladas de residuos.
Consultada sobre cuáles son las razones técnicas que determinaron el retraso de la construcción del nuevo vaso, del cual dependerá la disposición de basuras de la mitad del departamento durante esta década, la empresa no entregó razones específicas y en cambio modificó el cronograma ya conocido, asegurando que en 2022 desarrolló “actividades previas a la construcción y adecuación (...) como fueron: los estudios técnicos, diseños y el presupuesto”.
Emvarias negó que la prolongación del funcionamiento de Altaír genere impactos ambientales adicionales. Sin embargo, la evidencia que ha recogido este diario del mismo personal que trabaja en el relleno da cuenta de daños y deterioro en el funcionamiento del vaso que acarrean serias amenazas de contaminación por lixiviados y otros riesgos.
Los retrasos y las implicaciones contra el medio ambiente no son las únicas preocupaciones. Según conoció EL COLOMBIANO, desde el Grupo EPM hay serios interrogantes por la posibilidad de que Emvarias le entregue la construcción y operación del vaso a un tercero. Lo que supo este medio es que después de que la Junta Directiva aprobara en agosto de 2022 unas polémicas vigencias futuras por $42.357 millones, quedaron entre los directivos y personal técnico al menos siete grandes interrogantes sobre los proyectos que pretende adelantar Emvarias y que comprometerían el futuro de la empresa.
Uno de estos es, justamente, cuál es la implicación económica, técnica y administrativa que tendrá Emvarias si decide entregar la operación de La Pradera a un tercero, cuando la empresa siempre se ha encargado de realizarlo directamente.
Este medio le preguntó a la entidad si esta opción es real, a lo cual respondió ambiguamente que realiza la “construcción, adecuación y operación de los vasos a través de aliados estratégicos”, que “cuentan con la experiencia en el desarrollo y operación de este tipo obras de infraestructura” .