La fundación Fundayama lleva años en una lucha intensa e incansable por las mujeres que afrontan todo tipo de cáncer. La fundación es un apoyo emocional, un soporte vital, que ha salvado a muchas mujeres. En su quehacer está la propensión porque las pacientes no pierdan su autoestima, especialmente luego de las cirugías y las quimioterapias, ese tratamiento agresivo que deriva en la pérdida del cabello. Por eso, la elaboración de pelucas es vital para la fundación.
Pero resulta que hacer una peluca no es fácil ni barato. Para hacer una sola se necesitan, por lo menos, de cinco o seis donaciones, aunque eso depende de la cantidad de cada donación. Pues bien, las campañas han calado en los últimos años y las mujeres se han animado a cortarse el cabello y darlo a quienes lo necesitan.
El problema es que la elaboración de la peluca, además de la materia prima, requiere de otros elementos costosos como la cinta, el gorro base y la cinta para extensiones, esto sin contar la mano de obra.
Ese ha sido un cuello de botella para Fundayama: han recibido muchas donaciones de cabello, pero no tienen los recursos para transformarlas en pelucas. Claudia Urrego, la fundadora y directora de la fundación, dice que tienen cerca de 3.000 donaciones sin poder transformar. La meta de este año es hacer como mínimo 300 pelucas, pero eso se ha vuelto muy complejo por los costos.
“Por este asunto hemos bajado nuestra producción en un 50 por ciento. Los materiales son muy costosos. Tenemos el cabello acumulado, pero no tenemos la manera de hacer la transformación”, comentó Claudia.
Para salir del escollo, Fundayama está pidiendo encarecidamente que las personas hagan donaciones a la cuenta de ahorros Bancolombia 61733310501. Y es que perder el cabello en medio del tratamiento no es un asunto menor, por el contrario, dice Claudia, es un golpe emocional que se suma a los efectos secundarios que causa la quimioterapia, ya muy fuertes por sí solos.
Aumentar la producción de pelucas para las pacientes que han perdido el cabello es un acto de generosidad hacia una persona que atraviesa una prueba muy difícil.