Vivir escoltados y con pistolas al cinto, desplazarse en camionetas blindadas, alquilar guaridas secretas y pagar sobornos a la Fuerza Pública no es suficiente para que los narcos duerman tranquilos en España. Hoy el peligro no lo representan policías con órdenes de captura, sino sus propios colegas, que se han especializado en robarles a los de su misma ralea.
En aquella nación del Viejo Continente, cuyos puertos se han convertido en uno de los principales puntos de acopio de la cocaína colombiana, se viene incrementando desde el año pasado una extraña modalidad criminal, conocida en el bajo mundo como “vuelco”.
Se presenta cuando una banda narcotraficante atraca a otra, bien sea para robarle drogas o dinero. Los asaltos suelen ser violentos, involucrar secuestros y torturas, e intrincados métodos de espionaje para detectar los movimientos de una actividad que es de naturaleza clandestina.
Uno de los grupos implicados en los “vuelcos” estaba compuesto por cinco colombianos residentes en Madrid. Su especialidad era engañar a los narcos que querían comprar cocaína para distribuirla en las plazas de España y Europa Central.
Según el reporte oficial del caso, los embaucadores empacaban azúcar al vacío y le ponían stickers de marcas de ropa, para simular un alijo de cocaína de exportación. Grababan el cargamento y le enviaban el video a los potenciales compradores de la mafia.
En algunos casos, le llevaban algunas dosis reales del estupefaciente a domicilio, para terminar de convencerlo.
En España, un kilo de cocaína se vende por cifras que rondan los 30.000 y 40.000 euros ($127’583.333 a $170’111.111 al cambio de hoy), según datos de la Oficina de la ONU contra las Drogas y el Delito (Unodc), y los tumbadores buscaban concretar compradores de cinco kilos o más.
Cuando el incauto mordía el anzuelo, lo citaban a un apartamento alquilado en la capital ibérica, adonde debía llegar con la plata en efectivo. Allí era sometido a brutales golpizas y, de ñapa, al robo.
En uno de los episodios, registrado en mayo de 2023, “a la víctima, tras comprobar en el garaje que portaba el dinero apalabrado, la llevaron hasta el apartamento, la engrilletaron de pies y manos, la golpearon con un arma de fuego y la privaron de libertad, sustrayéndole todo el dinero y huyendo del lugar, dejándola malherida”, indicó la Policía de España en su informe.
Hace dos meses, el agregado policial de la Embajada de Colombia en España se reunió con sus homólogos en Madrid y les informó sobre la existencia de la banda, lo que desató un operativo que dejó cinco capturados y 140.000 euros incautados.
“En el momento de las detenciones, uno de los investigados portaba dos mochilas con 19 paquetes de un kilo de azúcar, simulando contener cocaína, los cuales iban a ser empleados para cometer otro ‘vuelco’ de dinero a una nueva víctima”, concluyó el reporte.
Cuidando la “guardería”
En los reportes más recientes de las autoridades españolas se relatan toda clase de aberraciones cometidas por “volcadores” de diferente nacionalidad, incluyendo dominicanos, ucranianos y españoles. Uno de ellos, de origen alemán y detenido el pasado mes de septiembre en Alicante, tenía la especialidad de torturar narcos para obtener información sobre el arribo de embarques de droga y la ubicación de las bodegas de almacenaje.
A una de sus víctimas, involucrada en el tráfico de metanfetaminas, le extrajo la ubicación del escondite de las pepas con un castigo insoportable. “Las torturas consistieron en quemaduras con mecheros y cigarrillos, lesiones en los dedos con llaves de tubo, y heridas en el muslo producidas con la broca de un taladro”, reportó la Policía.
La zozobra que se ha extendido en el bajo mundo obligó a los traficantes a reforzar la seguridad en las “guarderías”, como le dicen en el argot delincuencial a los sitios en los que se almacenan los estupefacientes.
Esta situación impulsó a los “volcadores” a implementar diferentes estrategias para sorprender a sus colegas.
Uno de los más destacados en este aspecto era el español Erick de Ventura Pacheco, alias “Perú”, quien desde 2014 estaba reseñado en la lista de los más buscados por Europol.
Era integrante de una estructura denominada “los Cásper”, dedicada al tráfico internacional de narcóticos y a los “vuelcos” de droga.
Según las autoridades, “era experto en herramientas técnicas e informáticas que la organización empleaba para vigilancias y seguimientos de otros traficantes”.
“Perú”, de 37 años, se valía de sensores de movimiento, dispositivos de GPS, escáneres de frecuencia y programas cibernéticos para interceptar las comunicaciones y hacer seguimientos a otros narcos, con el propósito de averiguar cuándo recibirían embarques provenientes de Suramérica.
Una vez identificada la embarcación y la fecha de arribo al puerto, la banda se robaba la cocaína de los contenedores.
Esta modalidad le permitía a la organización ahorrar grandes cantidades de dinero en el cultivo, producción y exportación del alcaloide.
Tras buscarlo durante nueve años, un informante anónimo les indicó a los investigadores que se estaba escondiendo en una vivienda de la provincia de Toledo, a la cual comenzaron a hacerle vigilancia con agentes encubiertos.
El 9 de enero de 2023 vieron salir de allí a un hombre de tez blanca, gafas oscuras y gorra. Aunque su rostro había cambiado por el paso del tiempo, lo reconocieron por un hoyuelo en el orificio derecho de la nariz y un lunar en la mitad de la mejilla derecha.
Ahora está preso, como los colombianos, respondiendo por su participación en los “vuelcos”.