Las tensiones entre la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) y Rusia a causa del posible incumplimiento del tratado de armas de mediano y corto alcance, también conocido como INF, por sus siglas en inglés, no cesan.
Esta situación llevó a que la Otan anunciara ayer que está preparando medidas ante el probable fin de este acuerdo que incluyen reforzar los sistemas de defensa aérea e incrementar el intercambio de información para conocer las posiciones en las que está Rusia.
Y es que en dos meses caduca el plazo que tiene Moscú de cumplir con el INF, que incluye puntos como la destrucción de sus misiles SSC-8, que son proyectiles crucero con potencial nuclear que el gobierno de Vladimir Putin hasta ahora no da señales de erradicar. Ese periodo vence el 2 de agosto y desde ya la alianza se prepara para un escenario de incumplimiento.
El plan de la Otan
Según informó el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, “nuestra respuesta será defensiva, comedida y coordinada. No reflejaremos lo que hace Rusia. No tenemos intención de desplegar nuevos misiles nucleares de tierra en Europa”.
Esto plantea dos escenarios. El primero es un grupo de aliados reforzando su defensa; el segundo, una ruptura mayor del vínculo con Moscú.
Como lo indica el profesor de relaciones internacionales de la U. del Rosario, Mauricio Jaramillo Jassir, “que se abandone una regulación es una mala noticia para el mundo, por lo menos para los que quieren un mundo sin armas”.
Rusia es el país con más ojivas nucleares. De acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, cuenta con 6.850 cabezas de este tipo, 400 más que Estados Unidos.
La tensión no va solo por cuenta de Moscú. Washington ya anunció que si para agosto estos no han cumplido su parte del acuerdo, se retirará totalmente del tratado de armas, lo que lleva a un escenario en el que los dos países con mayor arsenal estarían por fuera de la regulación que data de 1987 y parece estar a punto de fracasar .