El resultado del juicio político que iniciará hoy contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está cantado: será absuelto. Lo que está en duda es si llegará al Discurso de la Unión, el próximo 4 de febrero, sin ese peso sobre sus hombros. Si allí, frente a la Nación, podrá hablar de su victoria.
Para inculparlo los acusadores necesitan dos terceras partes de los votos, es decir, a 67 senadores, pero solo son 45 demócratas y dos independientes que usualmente se apegan a los primeros; mientras los republicanos son 53.
Así que este es un juicio que nace muerto; pero ante esa diferencia numérica, lo que los liberales piden es que sea un procedimiento más justo y que puedan ilustrar a la Corte (el Senado) por qué debe considerar a Trump indigno de su cargo por abuso de poder y obstrucción al Congreso (ver Para Saber más) y dicen que solo será posible si se llama a testigos.
Los testimonios
Ese será el principal tire y afloje de esta jornada, cuando el Senado definirá las normas para el impeachment. Y para hacerlo, solo se requieren la mitad más uno de los votos, por lo que los demócratas tratan de sumar desesperadamente cuatro votos republicanos que les permitan llamar al jefe del gabinete de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, y a John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional, entre otros. Ya un par de republicanos se ha mostrado a favor de oír lo que tienen qué decir los testigos.
La senadora republicana de Maine, Susan Collins, dijo tener una “tendencia a creer que disponer de información complementaria sería útil. Es probable que yo apoye una moción para citar a testigos a comparecer”, indicó.
Y Mitt Romney, senador por Utah, también republicano, advirtió que votaría a favor de escuchar los testimonios, de no ocurrir “sorpresa” alguna.
Así las cosas, los republicanos también se alistan para llamar a sus testigos, si es que se hace necesario. Ya advirtieron que están dispuestos a poner ante la Corte a Hunter Biden, hijo de Joe Biden (vicepresidente de Obama y actual precandidato a la presidencia), sobre su trabajo para la compañía de gas ucraniana Burisma, y al denunciante anónimo que en agosto advirtió sobre la llamada telefónica entre Trump y el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, que desató este proceso.
Con el tiempo a favor
De acuerdo con David Castrillón, internacionalista de la Universidad Externado, si los demócratas no consiguen los cuatro votos que necesitan para llamar testigos, el juicio contra Trump durará poco menos de dos semanas, en las cuales los siete fiscales de la Cámara explicarán la acusación; los abogados defensores darán sus argumentos, según los cuales las conductas cometidas por el presidente no son delitos a la luz de la Constitución; habrá un espacio de preguntas y respuestas; argumentos de conclusión de lado y lado; y, por último, la votación.
Si los testigos son llamados, tal como ocurrió en el juicio contra Bill Clinton (1999), serán al menos otras dos semanas de procedimiento, por lo que Trump daría su Discurso de la Unión sin haber salido de esta comprometedora situación.
Castrillón concluye que “el asunto de fondo es que este juicio le conviene al presidente, ya que no tiene que comparecer personalmente, mientras tiene sentados en el Senado de lunes a sábado en jornadas de seis horas y sin hablar ante cámaras a sus principales contendores en las elecciones presidenciales: Elizabeth Warren y Bernie Sanders”.