La crisis que desató su insistencia de reformar el sistema judicial israelí a como dé lugar, lo que llevó a que durante los últimos tres meses haya protestas masivas –de cerca de 1 millón de personas– presionando por el golpe a la democracia que significa ese proyecto, el premier del Estado judío, Benjamín Netanyahu, tuvo que recular este lunes en sus intenciones. Aunque lo hizo parcialmente.
Si bien la situación era insensible, pues solo en las últimos 48 horas Jerusalén y Tel Aviv se paralizaron por las masivas manifestaciones, y hasta se habló de un paro general en todo Israel, el gobierno del ultraderechista aún tiene entre sus cálculos llegar a un acuerdo político que le permita mantener viva su reforma judicial.
En una declaración radiotelevisada, en horario prime de los canales israelíes, Netanyahu anunció que le ponía pausa temporal a su polémica norma.
“Por responsabilidad nacional, decidí suspender la segunda y tercera lectura de la ley (de elección de jueces) en esta sesión de la Knéset (Parlamento) para dar tiempo a tratar de llegar a un acuerdo amplio, en preparación para la legislación durante la próxima sesión parlamentaria”, dijo el premier.
El parlamento israelí entrará en receso todo el mes de abril –por la Pascua judía– y el Gobierno aprovechó para darse plazo hasta la pausa del verano en julio, con el fin hacer los ajustes necesarios a la reforma, vista por la oposición y amplios sectores sociales como una amenaza para la democracia porque socava la independencia de la justicia.
El primer ministro mantuvo reuniones todo este lunes con sus socios de coalición, con los que acordó retrasar la tramitación de las leyes que conforman la reforma judicial a después del receso parlamentario, incluido el proyecto de ley de elección de jueces –que da al Gobierno control casi total sobre el comité de selección–, cuya aprobación definitiva estaba prevista para esta misma semana.
“Cuando es posible prevenir una guerra fratricida con negociaciones, yo, como primer ministro, me tomo un tiempo para negociar”, afirmó Netanyahu. Sin embargo, el primer ministro insistió en la necesidad de acometer una amplia reforma de sistema judicial, aunque por primera vez en tres meses se mostró dispuesto a negociar con la oposición.
“Insistimos en la necesidad de realizar las correcciones necesarias en el ordenamiento jurídico, y daremos la oportunidad de lograr un amplio consenso”, dijo Netanyahu, quien tiene tres juicios abiertos por corrupción.
Además, tumbó el domingo a su ministro de Defensa, Yoav Gallant, después de que este se pronunciara a favor de frenar la reforma ante la protesta social que ha provocado, la cual, incluso, llevó a miles de reservistas a negarse a servir, un “peligro real e inminente para la seguridad de Israel”.
Como respuesta, casi un millón de israelíes salió en la noche del domingo a las calles, sobre todo en Tel Aviv, en protestas improvisadas que se convocaron rápidamente por redes sociales, después de trece semanas consecutivas de manifestaciones desde que se anunciara la reforma.
Y este lunes, además, se hizo un llamado a una huelga general por parte de la Unión General de Trabajadores, el principal sindicato de Israel, que fue seguida por universidades, bancos, la compañía eléctrica, cadenas de restauración como McDonalds, ayuntamientos y hospitales.
Además, los trabajadores del aeropuerto de Ben Gurion lograron que se suspendiera durante varias horas los despegues de vuelos, y también se ha frenado el tráfico en el puerto de Ashod; mientras los manifestantes volvieron a las calles.
Sin embargo, los grupos antireforma dijeron que no se contentan con el retraso en la tramitación de la reforma anunciado por Netanyahu, sino que seguirán con sus protestas hasta que esa legislación quede cancelada y se plantee una nueva reforma consensuada. Lo que por ahora no se vislumbra es una caída definitiva del Primer Ministro, aunque tampoco se descarta.
La Casa Blanca expresó sus dudas
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, le transmitió su preocupación al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en torno a la polémica reforma judicial que tiene al Estado judío en una crisis sin antecedentes. Uno de los portavoces del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, dijo que las inquietudes de Biden vienen de la idea de que tiene que haber “controles y equilibrios” y un apoyo de “consenso” en los sistemas democráticos. Kirby indicó “el presidente cree que uno de los grandes puntos sobre Israel es su historia fuerte de democracia (...), aun cuando tengamos preocupaciones sobre esa legislación pendiente”.