Para alguien que aterrizó el pasado domingo en Río de Janeiro y desconocía el contexto, le podía parecer que la playa de Copacabana, cartón postal de la ciudad, se había convertido de nuevo, en escenario de carnaval. Sin embargo, eran los brasileños de clase media y alta que, a voz en cuello, pedían la dimisión de la actual mandataria Dilma Rousseff, la encarcelación del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y la salida del Partido de los Trabajadores (PT) que lleva 14 años en el poder.
Un millón de personas, según los organizadores, impulsadas por el Movimiento Brasil Libre (MBL) y Vem Pra Rua, se apoderaban del verde y amarillo —colores de la bandera de Brasil—, para llenar la Avenida Atlántica. Canciones irónicas creadas para la ocasión eran la banda sonora de la marcha. El tono humorístico también se podía percibir en los creativos disfraces y en algunas pancartas que hacían referencia a países vecinos: “Nunca pensé que sentiría envidia de los argentinos” o “aquí no es Venezuela, nuestra bandera nunca será roja”.
Dilma Rousseff enfrentará en los próximos meses una moción de censura, iniciada a finales del año pasado, un hecho que podría servir de presión para que abandone el cargo, aunque ella lo ha descartado.
“En toda la historia de Brasil no ha habido un gobierno tan corrupto como el PT. Dilma es la principal involucrada en este caso. De hecho, su campaña electoral fue financiada con el dinero de esta trama (caso Petrobrás)”, aseguraba Evelyn Dahen, una de las manifestantes, mientras Jackson Shemes decía que Lula debería estar encarcelado hace mucho tiempo, “porque así no incentiva a los demás a ser corruptos. No tengo duda de que él es el jefe de la cuadrilla”.
La Fiscalía de São Paulo exigió el pasado jueves la prisión preventiva del expresidente, líder del PT y mentor de la actual mandataria. Fue precisamente Lula quien ganó fama internacional por haber disminuido los niveles de pobreza, creado una clase media robusta y fomentado la inclusión social.
“Lula dijo una vez: cuando el pobre roba va a la cárcel; cuando es el rico quien roba se convierte en ministro. Es una pena que se haya olvidado de su pasado, que se haya olvidado que viene de familia humilde”, comentó Edson Xavier.
Los gritos se han escuchado en 24 estados más. La más multitudinaria de las manifestaciones tuvo lugar en São Paulo, con un acto que ocupaba más de 2 kilómetros en la Avenida Paulista.
En Brasilia, la marcha recorrió la explanada de los Ministerios, donde están los edificios del poder público. Unas 100.000 personas, según fuentes oficiales, se congregaron ante el Congreso Nacional, punto final de la paseata que fue blindado por un amplio despliegue de la Policía Militar. Los brasileños que viven en el extranjero también se han sumado a las reivindicaciones. En Washington, por ejemplo, la protesta sucedió frente al consulado de Brasil.