El presidente de Rusia, Vladímir Putin, quiere legalizar cerca de 30 empresas de mercenarios rusas, de las que cada una cuenta con al menos 500 soldados o hasta miles de uniformados privados que están desplegados en territorios en conflicto del mundo como Ucrania o geografías de África como agentes de defensa.
El investigador del Instituto Ucraniano para el Futuro, Igor Tishkevich, sostuvo que la crisis de seguridad que estalló por la rebelión de los mercenarios de Wagner dejó ver un complejo entramado de efectivos armados que son impulsados por el Kremlin, pero que estuvieron a punto de salírsele de control a Putin con la rebelión de los agentes de Wagner, la compañía más robusta dedicada a ese tema.
Las empresas de mercenarios son catalogadas por algunos como grupos paramilitares. Ese calificativo se debe a que se trata de grupos armados integrados por excombatientes de ejércitos de varios países, pero que no combaten a título de un Estado, sino en una firma de seguridad que se entrena para la guerra y que puede ser contratada para tareas de defensa.
La hipótesis del investigador Igor Tishkevich es que Putin quiere regularizar esas empresas “como la forma más fácil de hacerse con el control de la industria y subyugar a quienes no aceptan ese control”, según dijo el experto al diario El País. De esa forma, se evitaría otra rebelión de mercernarios como la sucedida el 24 de junio en medio de la guerra en Ucrania.
La rebelión de los mercenarios Wagner
La rebelión, liderada por el jefe del grupo de mercenarios, Yevgueny Prigozhin, representó el mayor desafío al presidente ruso, Vladímir Putin, tras dos décadas en el poder. Pero después de 24 horas de negociaciones, Prigozhin aceptó exiliarse en Bielorrusia y ordenó a sus hombres dar media vuelta.
Durante esta acción relámpago estallaron enfrentamientos, cuyas circunstancias aún no están claras, entre Wagner y el ejército regular en la región de Voronezh, 450 kilómetros al sur de la capital rusa, una zona agrícola famosa por su fértil “tierra negra”.
El grupo Wagner es señalado por Estados Unidos de “financiar sus brutales operaciones en parte mediante la explotación de recursos naturales en países como la República Centroafricana y Malí”. Wagner ha sido contratado por regímenes de África y ha desempeñado un papel cada vez más violento en la invasión rusa de Ucrania.