En la noche del jueves 27 de junio se llevó a cabo el primer debate presidencial de Estados Unidos entre los candidatos Donald Trump y el actual presidente de la nación norteamericana, Joe Biden, un encuentro que se destacó más por los ataques personales y las mentiras que por los argumentos.
Sin embargo, un rumor que aumentó luego de este evento es la posibilidad de que el partido Demócrata reemplace a su candidato Joe Biden, el presidente estadounidense en ejercicio más viejo, quien perdió una oportunidad única para tranquilizar a millones de votantes sobre su forma física y su salud durante el primer debate de la campaña.
En el escenario, el líder demócrata a menudo parecía confundido, dejaba frases inacabadas y se trababa. Nada más terminar el programa, numerosos demócratas anónimos pidieron en la prensa que dimitiera.
Muestra de esto son las declaraciones que dio a la cadena CNN David Axelrod, exfuncionario de la Casa Blanca y quien hizo parte del equipo de campaña de Barack Obama. “Hay una sensación de shock por cómo salió al comienzo de este debate. Cómo sonó su voz. Parecía un poco desorientado”, declaró ante este medio, reconociendo que habrá discusiones en el partido sobre si Biden debe o no continuar en la carrera hacia una nueva presidencia.
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Otro que reconoció que Biden tuvo una mala actuación fue el mismo expresidente Barack Obama, aunque él tuvo una posición más moderada apoyando al actual presidente y candidato.
“Suceden malas noches de debate. Créeme, lo sé. Pero esta elección sigue siendo una elección entre alguien que ha luchado por la gente corriente toda su vida y alguien que solo se preocupa por sí mismo”, posteó Obama en su cuenta de X.
Ante este panorama, el presidente Joe Biden confirmó este domingo 21 de julio que renuncia a buscar la reelección y ahora el partido Demócrata debe buscar su reemplazo.
Aunque Joe Biden decidió dar un paso al costado, el proceso para sustituirlo sería un poco técnico. El presidente ya ha sido designado candidato presidencial demócrata en una serie de primarias celebradas entre enero y junio. Por tanto, en teoría debería ser entronizado en la convención del partido en Chicago.
Al abandonar la carrera antes de esta convención, prevista a mediados de agosto, la última palabra correspondería a los delegados del partido, 3.900 personas con perfiles muy variados. La opinión pública desconoce a la mayoría de ellas.
Sería entonces una “convención en la que todo está permitido”, ya que cada bando trataría de impulsar a su candidato, predice Elaine Kamarck, investigadora del Brookings Institute, en una nota reciente.
Un escenario más o menos similar se produjo para los demócratas el 31 de marzo de 1968, cuando el presidente Lyndon B. Johnson anunció públicamente que no se presentaría a un segundo mandato, en plena guerra de Vietnam.
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Un candidato debe anunciar su intención de disputar la candidatura del presidente Biden en la Convención Demócrata que se celebrará del 19 al 22 de agosto en Chicago.
Biden ganó el 95% de los delegados durante las primarias, pero estos no están obligados a votar por él durante la Convención. Son 3.979 delegados. Estos delegados, generalmente, son fieles al candidato que ganó las primarias de su Estado y no desafían la voluntad de los residentes de cada Estado votando a otro candidato.
El candidato que desee reemplazar a Biden necesita que 1.969 de estos delegados vote por su nominación como candidato presidencial del partido.
Kamala Harris, la primera mujer y la primera vicepresidenta afroestadounidense, podría tener a rivales entre la joven guardia del partido. Como el gobernador de California, Gavin Newsom, que tiene el viento a favor entre los demócratas. Pero Newsom consideró que este tipo de “conversaciones” “no son buenas” para la democracia.
También se barajan los nombres de la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, y del gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro.