El exmandatario ultraderechista Jair Bolsonaro será juzgado en Brasil por intento de golpe de Estado contra su rival Lula, según una decisión histórica de la Corte Suprema que mina las aspiraciones del líder opositor de volver a la presidencia.
Cinco magistrados del tribunal aceptaron el miércoles por unanimidad el pedido de la fiscalía, que imputó a Bolsonaro, de 70 años, por supuestamente liderar una organización criminal que buscó impedir la investidura de Luiz Inácio Lula da Silva tras las elecciones de 2022.
En un país todavía marcado por la memoria de la última dictadura militar (1964-1985), el juicio contra el expresidente, un nostálgico de ese periodo, amaga con sacudir la vida política de los próximos meses.
El líder de la oposición brasileña clama su inocencia y se declara un “perseguido”.
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“Parece que tienen algo personal contra mí, y las acusaciones son muy graves e infundadas”, dijo a periodistas el líder ultraderechista rodeado de congresistas, incluido su hijo Flávio Bolsonaro, en su primera reacción a la decisión de la corte en Brasilia.
Bolsonaro, que ya está inhabilitado políticamente hasta 2030, podría enfrentar una condena de unos 40 años de prisión.
Pese a ello, mantiene su voluntad de aspirar de nuevo a la presidencia en las elecciones de 2026, ante un Lula en caída de popularidad.
Los analistas estiman que es poco probable que sea detenido preventivamente, por lo que debería aguardar su juicio en libertad.
Aunque no hay un plazo legal, “hay expectativa de que el caso sea juzgado este año”, para no interferir en las elecciones del año próximo, dijo a la AFP el abogado penalista Enzo Fachini.
El plan golpista dirigido supuestamente por Bolsonaro contemplaba medidas como la elaboración de un decreto para justificar un “estado de defensa” e incluso el asesinato de Lula y del juez Alexandre de Moraes, según la fiscalía.
El complot no se habría consumado por falta de apoyo de los altos mandos del Ejército.
La investigación vincula también directamente a Bolsonaro con los disturbios del 8 de enero de 2023, cuando sus seguidores asaltaron las sedes de los tres poderes en Brasilia mientras pedían una intervención militar.
“La dictadura vive de la muerte, no solo de la sociedad, no solo de la democracia, sino de seres humanos de carne y hueso que son torturados, mutilados y asesinados cuando contrarían los intereses de aquellos que tienen el poder”, declaró la juez Carmen Lúcia al emitir su voto.
Junto a Bolsonaro, serán juzgados siete colaboradores, incluidos exministros como Walter Braga Netto (Defensa) y Anderson Torres (Justicia), y un excomandante de la Marina, según decidió la corte.
Bolsonaro compareció inesperadamente en el tribunal el martes, primer día de deliberaciones, y mantuvo un semblante serio, sentado en primera fila. El miércoles no se presentó en la audiencia.
“Contra el expresidente no se halló absolutamente nada”, afirmó su abogado, Celso Sanchez Vilardi.
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“Hay indicios razonables de la fiscalía que apuntan a Bolsonaro como líder de la organización criminal”, dijo el miércoles el juez Moraes antes de emitir su voto.
La defensa del líder ultraderechista intentó sin éxito apartar a Moraes.
El juez, blanco del supuesto plan de asesinato y al frente de varias causas contra el expresidente, fue cuestionado por tener “interés personal” en el caso.
Entre los magistrados que decidieron la suerte de Bolsonaro también figuran Flávio Dino, exministro de Lula, y Zanin, exabogado del presidente.
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Bolsonaro está inhabilitado políticamente hasta 2030 por cuestionar sin pruebas el sistema de urnas electrónicas, pero él confía en que su pena sea revertida o reducida.
“Por el momento, soy candidato”, declaró días atrás.
Compara su situación con la de Donald Trump, quien regresó a la Casa Blanca a pesar de sus problemas judiciales, y espera que el presidente estadounidense ejerza “influencia” a su favor.
La incertidumbre sobre su futuro ocurre mientras el izquierdista Lula, de 79 años, se muestra ambiguo sobre sus intenciones de aspirar a la reelección.
Antes de volver al poder por tercera vez en 2023, el mandatario también tuvo problemas con la justicia por un escándalo de corrupción que lo llevó a prisión, aunque sus condenas fueron luego anuladas.