Muy lejos quedó la fogosidad por salvar al mundo del aumento de la temperatura a la que está condenado que mostraron los países de la ONU en 2015, cuando alcanzaron el Acuerdo de París.
Este año en la COP25, en Madrid, no hubo más que palabras, intenciones, que no se tradujeron en medidas concretas, pese a que la ciencia fue contundente mostrando cómo al terminar este siglo el globo se habrá calentado, al menos, cinco grados centígrados.
Fueron dos semanas de intensas negociaciones, con una prórroga récord de 42 horas, que no llevaron a ninguna parte, más que a tibias decisiones en las que las naciones aprobaron aumentar las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en 2020.
Grandes países emisores como China e India se habían resistido a comprometerse a ello, y más aún Estados Unidos al haber anunciado su retirada del Acuerdo de París. Solo la Unión Europea había dado un paso al frente con su aprobación de alcanzar la neutralidad carbono en 2050.
Se formaron dos grupos: “Quien quiere ir más deprisa y quien quiere escudarse en lo que hasta ahora ha sido insuficiente, para (así) no seguir avanzando”, resumió esta semana la ministra española para la Transición Ecológica, Teresa Ribera.
Al respecto, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, manifestó que “La comunidad internacional ha perdido una oportunidad importante de demostrar una mayor ambición en materia de mitigación, adaptación y financiamiento para enfrentar la crisis climática”, y sentenció: “No debemos rendirnos y no me rendiré”.
Organizaciones reclaman
Para Greenpeace, unas de las organizaciones ambientales más grandes del mundo, “la fuerte y silenciosa presión ejercida por los lobbies de los combustibles fósiles y de corporaciones, que solo defienden sus propios intereses, han socavado los avances de la COP25”, y agregó que el miedo a que sus lucrativos negocios se vieran afectados ha hecho que ejercieran toda su influencia para evitar un acuerdo multilateral que abordara de forma decidida la emergencia climática.
“Se preveía que esta COP fuera técnica, pero finalmente ha sido más bien política y hemos visto cómo operan los grupos de presión de los sectores más contaminantes que torpedean las negociaciones, así como la profunda desconfianza de la juventud hacia la clase política”, señaló Jennifer Morgan, directora de Greenpeace Internacional.
Por su parte, Mar Asunción, responsable de Clima y Energía de WWF, advirtió que la sociedad civil está “bastante decepcionada”, porque después de dos semanas “clamando por una mayor ambición”, ésta no está garantizada.
Esa organización mencionó a las naciones que son grandes contaminantes y que no están comprometidas con mitigar su impacto: Estados Unidos, China, India, Japón, Brasil y Arabia Saudí, quienes “eluden su responsabilidad”.
“Aunque fue llamada la ‘COP de la ambición’, lo evidenciado en Madrid fue una falta de voluntad política para responder a los retos que señala la ciencia a la escala necesaria. Los gobiernos retrógrados ponen el beneficio por encima de la crisis planetaria y el futuro de las próximas generaciones”, agregó WWF.
La ONG One Ocean valoró por su parte “el tan esperado” reconocimiento sobre el papel vital del océano en el sistema climático, pero consideró que la declaración final de la COP25 es “insuficiente” por sus carencias para enfrentar la emergencia climática.
Y Alex Rogers, director de Ciencia de REV Ocean concluyó: “sin recortes inmediatos y a gran escala de las emisiones de CO2, perderemos la oportunidad de mantener el calentamiento global a 1,5 grados o por debajo de esta cifra”.