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“Quiero historias que me hacen mirar más al fondo a la vida”: Tim Keppel

Legado —el cuarto título del autor norteamericano Tim Keppel— fija el punto de interés en las contradicciones de la edad adulta.

  • Tim Keppel es estadounidense, pero ha pasado sus últimos años en Colombia. FOTO cortesía
    Tim Keppel es estadounidense, pero ha pasado sus últimos años en Colombia. FOTO cortesía
10 de marzo de 2022
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En Legado, Tim Keppel –estadounidense radicado en Colombia desde 1995– no se anda con medias tintas: fija la lupa de sus cuentos en las flaquezas de los hombres de edad madura, en los sinsabores de las relaciones matrimoniales, en las dolorosas encrucijadas de la paternidad. Lou, el protagonista y narrador de los textos, padece y sobrevive a la perdida de la juventud y a los cambios de las formas de concebir los roles de los sexos. EL COLOMBIANO habló el autor sobre sus maneras de concebir la literatura y los géneros escriturales.

En alguna ocasión dijo que intentar encontrarle sentido al mundo puede ser gracioso y triste. ¿Para qué sirve el arte y la escritura, entonces?, ¿para qué le han servido a usted?

“Solo logramos conocer a fondo un puñado de personas en la vida. La literatura nos permite conocer muchas más, indagar en sus vidas y sus dificultades y compararlas con las nuestras. Raymond Carver dijo: Un buen libro te lee. Harold Bloom agregó que también puede hacerte sentir menos solitario. La literatura siempre ha sido una parte fundamental de mi vida. Me permite vivir dos vidas a la vez, mi vida cotidiana y la vida imaginaria que estoy leyendo o creando. Esto enriquece mi vida. Sin ella, mi vida se sentiría vacía. Estaría perdido”.

Legado puede ser leído como la novela de la paternidad y el principio de la vejez. Cada capítulo funciona como un cuento. En su experiencia, ¿cuáles son las similitudes de la novela y del cuento?, ¿cuáles las diferencias?

“Un cuento usualmente se enfoca en un momento crucial de la vida de un personaje de una manera que revela e ilumina su vida en general. Es extremadamente condensado y enfocado y cada palabra lleva rápida y directamente a la conclusión.

Una novela tiende a cubrir un periodo más largo de tiempo e involucra más personajes. Muestra cómo ellos cambian con el tiempo, y tiene más enfoque en cómo encajan en la sociedad, con el objetivo de pronunciarse con respecto a la sociedad en sí.

Legado entra en la tradición de obras híbridas que suelen llamarse novelas en cuentos. La reseña de D. H. Lawrence sobre In Our Time de Hemingway sostiene que no era un libro de cuentos sino ‘una novela fragmentada’. Otros ejemplos de esta categoría incluyen Winesburg, Ohio de Sherwood Anderson, Dubliners de James Joyce, Jesus’ Son de Denis Johnson, Olive Kitteridge de Elizabeth Strout, Drown de Junot Díaz, e incluso The Canterbury Tales de Geoffrey Chaucer, en los cuales cada cuento se construye a partir del anterior para llegar a una conclusión que hace que ‘el todo sea mucho más que la suma de sus partes’ (una frase acuñada por Aristóteles)”.

¿Cuál de esos dos géneros busca instintivamente para leer?

“A excepción de una época en mis veintes cuando tuve trabajos menores –en una librería con pocas ventas, un restaurante fracasado, una incipiente sala de juegos– que me dejaban tiempo para leer las novelas importantes del canon, me ha atraído sobre todo el cuento. Me expone a muchas voces, estilos y enfoques distintos, y es más fácil de enseñar en clase. Les podía asignar a mis estudiantes el último cuento del New Yorker, por ejemplo, y disfrutaba mucho las discusiones animadas que producía. Ahora que me jubilé, extraño tener ese público cautivo. Me cuesta hacer que mi familia y amigos lean los libros que sugiero. Últimamente, después de terminar Legado, he estado leyendo novelas casi exclusivamente, en su mayoría colombianas y otras en español, y empecé un libro nuevo que quiero que sea una novela más convencional”.

Algunos textos están narrados en primera persona, uno solo en segunda y otros en tercera. ¿Qué razones lo llevaron a tal escogencia? ¿Cómo sabe cuál es el registro adecuado de cada historia?

“Me parece que la primera persona le permite a la narrativa ser un poco más conversacional, deja que el personaje hable con su voz natural. Una tercera persona cercana tiende a ser un poco menos conversacional y brinda la oportunidad de mostrar al personaje más desde afuera, y de usar la ironía de un modo un poco distinto. La segunda persona lleva al lector de forma más inmediata hacia los eventos y puede ser muy efectiva en dosis pequeñas (se puede volver tediosa si se usa en exceso). En Legado, quería usar los tres puntos de vista para que el personaje fuera más sustancioso”.

Lou –el personaje principal– enfrenta los dilemas de la paternidad. ¿Cuáles fueron sus referentes literarios para abordar un tema de esta naturaleza? ¿Hay elementos autobiográficos en Legado?

“En cuanto al tema de enfrentar la vejez, hay muchos referentes, pero no se me ocurren obras que se enfoquen en la relación entre un padre y una hija joven. Deben de haber pero no tenía ninguna en mente mientras escribía el libro.

Si, como con la mayoría de escritores, o al menos los que me gustan, el libro incluye fragmentos de autobiografía que se tienen que ensamblar, desarrollar y darles forma. Todo arte es una búsqueda de forma. La vida puede darte anécdotas, pero la diferencia entre una anécdota y una obra literaria es que la anécdota te cuenta que esto pasó y la obra literaria explora el ¿qué significa?, tanto en esa instancia como en un sentido más amplio, más universal.

Me gustó mucho que Javier Marías dijera que escribe sólo sobre cosas que le preocupan en su propia vida – la pérdida, el amor, la muerte, cosas que le preocupan a la mayoría de las personas, que es lo que yo hago también. No soy fan de la fantasía. Cuando leo algo que parece totalmente inventado, pierdo el interés. No quiero escapismo, quiero historias que me hacen mirar más al fondo a la vida, que presentan las complejidades y los matices de las vidas reales. No importa si los eventos ocurrieron en realidad, pero quien escribe debe convencerme de que ocurrieron y hacer que me importe” .

En un libro anterior se ocupó de la figura de la madre, ahora lo hace de la de la hija. ¿Qué tanto ha cambiado su mirada sobre estas relaciones a lo largo de su carrera literaria?

“La forma de llegar al fondo de quien es un personaje realmente, es explorando sus relaciones vitales –la familia, los amores, las amistades– que son las que en realidad importan al final”.

Lou se asoma al universo femenino y lo describe con una sinceridad tremenda. ¿Cómo y por qué hacerlo en una época en la que las mujeres han querido desafiar las narrativas de los hombres sobre ellas?

“Yo también quiero desafiar las narrativas machistas. En el cuento/capítulo ¨Esa clase de hombre¨, Lou comenta sobre cómo esa clase de hombre ¨hace quedar mal al resto¨. También precisa que ¨los buenos¨ que quedan callados en vez de denunciar ¨los malos¨ son cómplices”.

¿Qué le aportó a su obra vivir por más de veinte años en Colombia?

“Hablar otro idioma mejora tu expresión lingüística y vivir en otra cultura mejora tu percepción, dejándote notar cosas que en tu tierra nativa podrían pasar desapercibidas. Ser extranjero te da la perspectiva perpetua de un forastero (aunque siempre me sentí un forastero en mi país natal, que es común para un escritor).

Vivir en Colombia me ha permitido observar diariamente un país en desarrollo y ver Estados Unidos desde lejos y no de una manera gringocentrica. He podido comparar las diferentes formas en que juegan el elitismo y el sexismo y el racismo y la violencia y el abuso de poder”.

¿Qué pudo aprender de la literatura colombiana?

“Antes de vivir aquí, me fascinaba García Márquez. Pensé, ¡qué imaginación!, y ahora veo que mucho de lo que ocurre en su ficción es la realidad de este país: la naturaleza exuberante, las supersticiones, las costumbres, la tristeza y la alegría. Estoy cada vez más impresionado con la abundancia de talentosos escritores contemporáneos como Tomás González, Santiago Gamboa, Piedad Bonnett, Pilar Quintana, Melba Escobar y muchos más. He disfrutado y aprendido cantidades de su arte”.

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