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Trampas que aporrean el fútbol

Suplantaciones, falsificación de documentos y casos insólitos de jugadores aficionados con afán de triunfo.

  • Trampas que aporrean el fútbol | ILUSTRACIÓN MORPHART
    Trampas que aporrean el fútbol | ILUSTRACIÓN MORPHART
06 de febrero de 2012
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La ilusión de fama y dinero hizo que Juan (nombre cambiado por petición de la fuente) enterrara tres años de su vida utilizando la identidad de un primo, menor de edad, para emprender el viaje a la gloria deportiva. Tenía 18 años y se convirtió en un quinceañero que descrestaba con su juego.

Con su edad real había intentado, sin suerte, ganarse un puesto en un equipo bogotano de la Primera B, en el que encontró jugadores "arreglados" procedentes de municipios de Chocó, Barranquilla y Buenaventura, que le explicaron "cómo era la vuelta".

Juan regresó a su pueblo pensando en que pagaría con la misma moneda. Un día un club vallecaucano lo fichó y, tras "organizar" los papeles, viajó "asustado", porque marcaba mucha diferencia. Le hicieron todo tipo de exámenes y los pasó. Después supo que los dirigentes ignoraron los resultados en su afán de lucro.

Superó categorías hasta llegar a un grupo en el que se topó con otros futbolistas "con documentos voltiaos", varios de los cuales emigraron más tarde al fútbol internacional. Viajó por Europa y alcanzó a probarse en un club italiano. "Yo fui el que abrió esa puerta y los que vendieron fueron otros".

Siendo antioqueño integró un seleccionado del Valle, pero en un campeonato lo reconoció un representante de la delegación paisa. A Juan le tocó inventarse una excusa para no actuar en la final, lo mismo que en un partido contra Nacional. Con sus condiciones pensaba jugar en cualquier lado y ahora trabaja en una bodega, a la espera de otra oportunidad.

Para no creer
El caso de Juan es idéntico al de muchos jóvenes que han llegado en forma ilícita al balompié profesional, en un fenómeno que en Colombia generó los mayores escándalos en la década pasada, cuando la Dimayor implementó la norma del sub-20, y abolida en 2009. Antioquia, Chocó, Nariño, Atlántico y departamentos del sur y el oriente del país han sufrido las consecuencias.

Aunque ligas, como la de Antioquia, crearon controles, siguen apareciendo mercaderes que mantienen vivo el negocio con la complicidad de registradores y notarios de municipios apartados de las grandes capitales, donde se forman "mafias" que actúan sin control.

Tramitar documentos falsos cuesta entre 300 mil y un millón de pesos en un pueblo de Urabá, según investigadores. "Dígame qué jugador le gusta y de qué edad lo necesita", preguntan los empresarios. Un registro civil se puede conseguir por 50 mil pesos.

La Liga Antioqueña de Fútbol inició en 2005 el proyecto Juego Limpio, por el que han pasado casos increíbles, señala el abogado Juan Fernando Serna, de la Comisión Disciplinaria. Como el jugador que tenía 13 años y resultó con hijo. O aquel que le pusieron el mismo nombre de su hermano menor, supuestamente fallecido, pero le cambiaron el año de nacimiento y no el día. Y el que presentó tres folios de registro civil con fechas y notarías diferentes.

También han detectado partidas de bautismo de parroquias "fantasmas" y certificados de estudio que, confrontados con otros documentos, muestran que el alumno tendría que haber ingresado a primaria a los dos años de nacido. El año pasado descubrieron dos suplantaciones, pero los nombres se omiten por tratarse de menores. Y llegaron a participar a los torneos de la Liga 14 jugadores del Cesar con documentos falsos.

La Corporación Los Paisitas, organizadora del Ponyfútbol, comprobó su último caso en 2009 con un jugador de Nariño. Tampoco volvieron a invitar a Córdoba, tres veces campeón, por las irregularidades en la documentación.

Alguna vez mandaron a un funcionario a investigar una suplantación a una región apartada de Medellín y lo amenazaron, pues ante la lucrativa transferencia de menores, miembros de grupos ilegales incursionaron en el negocio.

En otro caso, un registrador del Bajo Cauca vino a Medellín a pedir comprensión, pues, según él, lo obligaron a expedir un documento falso. "Si no lo hacía me mataban".

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