Cada vez que el capitán Tulio Hernández llegaba a Madrid, cual ritual, iba a tomar café al consulado de Colombia en la capital española. Siempre llegaba con un paquete de periódicos bajo el brazo.
Nunca hablaba de sus miedos ni tristezas. No. Prefería ocupar el tiempo en hablar de sus viajes, del país, de este país que le dolía. Era un piloto experimentado. Mejor dicho, era el mejor de los pilotos que tenía Avianca por aquellos días de noviembre 1983 y por eso le asignaron el Jumbo 747, una suerte de leyenda del aire para los colombianos, que se impresionaban con su tamaño.
Así recuerda al capitán, Alberto Velázquez Martínez, quien se desempañaba como cónsul general de Colombia en Madrid, cuando el Boeing 747, se estrelló a punto de alcanzar la pista del aeropuerto de Barajas a la 1:06 a.m. del 27 de noviembre de 1983. En el impacto contra las pequeñas montañas que rodean el terminal murieron 181 personas, incluyendo al capitán y sus 24.000 horas de vuelo. Y como en todo, en el hecho también hubo un milagro al salir con vida 11 de los pasajeros.
Al capitán Hernández le gustaba tomar cafecito en el consulado. En una tradición que él se inventó mientras se realizaban los cambios de tripulación.
"Hablábamos mucho de Colombia. De sus experiencias. No, no hablábamos de temas trascendentales. Compartíamos libros. Le gustaba leer", recuerda el exconsul Velásquez y, entonces, comienza a relatar cómo empezó aquella trágica noche de sábado cuando el frío alcanzaba los 11 grados centígrados.
"En Madrid estaba el expresidente Misael Pastran a y, esa noche, el embajador J. Emilio Valderrama y yo lo llevábamos al aeropuerto para que abordara el vuelo que venía de Fráncfort con destino a Bogotá. Pero el avión estaba muy retrasado, asunto que por esos días no era rutinario", explica.
Para saber qué era lo que estaba pasando, Velásquez buscó al gerente de Avianca en Madrid, Roberto Uribe, y preguntó el por qué de la demora. "Lo vi muy nervioso. Cuando le pregunté qué era lo que estaba pasando, el doctor Uribe me dice: pasó algo muy horrible. El avión se estrelló. Así nos llegó la noticia".
Luego llegaron las horas de angustia, un mes lleno de caos, días sin sueño. La primera decisión que tomaron fue que Pastrana regresara para la embajada mientras que Velásquez y los otros funcionarios se ponían al frente de la situación.
"Salí para mi casa en busca de algo para protegerme del frío y justo cuando estaba llegando comenzaron a llamarme los medios de comunicación de Colombia que me preguntaban si el doctor Pastrana había muerto. A las 4:30 a. m. salí para Mejorada del Campo, donde impacto el avión. Allá me encontré con el entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván. Lo que vimos era un cuadro dantesco".
Y entonces, comenzaron los días sin sueño tratando de darle respuesta a todos los familiares, estando con los heridos, resolviendo esto y aquello. "Comenzó el viaje de todos los familiares de las víctimas a Madrid para reconocer los cadáveres, muchos quedaron carbonizados, irreconocibles. Los 11 que se salvaron los visitamos todo el tiempo en el hospital".
Minutos antes de estrellarse, el capitán Hernández les dijo a los pasajeros que esperaba que hubieran tenido un feliz viaje. En ese momento empezó un fuerte debate con el copiloto por el control de la nave en el descenso. Aunque el capitán tenía gran experiencia esa madrugada erró el rumbo, no sabía exactamente dónde estaba y tampoco atendió los esfuerzos desesperados del copiloto para que redireccionaran el rumbo. Segundos antes del impacto en la cabina solo se escuchó la ya inevitable alarma: "eleve, eleve, eleve el avión..."
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