Las ocurrencias de Carlos Alberto Betancur son tan grandes como aquel gigantesco cheque de cartón que le entregó el gobernador Luis Alfredo Ramos, al celebrar el título de la Vuelta a Colombia sub23.
" Hermano , lo que necesita mi familia en Ciudad Bolívar es una casa para vivir dignamente", le dijo 'Bananito' o 'La Ronca', como lo llaman en el ámbito del pedal, al primer mandatario de los paisas en el momento de recibir el premio.
Impulsivo, aventao y sin miedo para nada, así ha sido este muchacho al que la vida le sonríe a los 19 años de edad.
Recolector de café, criador de marranos y arranca yucas, esos fueron sus oficios, los que cumplía al lado de su padre, Ignacio de Jesús.
Además de ir a la escuela de la vereda, también le picaron las ganas de volarse hasta el pueblo para hacer mandados y ganarse unos pesos de más que bien le caían a él y su gente.
Hoy recuerda, entre risas, esas largas jornadas en las que se alzaba los bultos para llevarlos a su humilde casa o incluso al pueblo.
Igual los madrugones, los días fríos, las tardes de insoportable calor en el campo.
Pero el destino le tenía reservado un rincón especial en el otro mundo, en Europa.
El sábado, horas después de tener en su cuello la presea de plata en Mendrisio, Suiza, el nacido en la vereda El Manzanillo, del municipio de Bolívar, no salía del asombro por su formidable conquista.
De buenas a primeras, el rubio que se hizo bachiller en Jardín, cuando formaba parte del Cedep -Centro de Desarrollo Deportivo-, se convertía en segundo del mundo de la ruta sub23.
"Esto no me lo creo. Es una sorpresa maravillosa. Salté cuando tenía que saltar y lo hice, porque tenía muchas ganas de dejar en alto el nombre de mi país", dijo desde Suiza el pupilo del técnico Óscar Herrera, quien vigiló sus primeros pedalazos en el Suroeste.
El hoy del hombre de la pinta de europeo por su tez blanca, cabello castaño y ojos claros, a quien siempre se le ha visto de arete en la oreja izquierda, símbolo de esa juventud que maneja con total espontaneidad, ya no es más el campesino que terminaba cada jornada con las manos encalladas y las uñas llenas de tierra.
A la gran ciudad
Betancur, una vez surgió de Ciudad Bolívar, fue vinculado al programa del Cedep, que años atrás funcionó en Jardín con el apoyo de Indeportes.
Al quedar seleccionado por Antioquia, se vino a vivir a Medellín, siendo llevado a la Villa Deportiva Antonio Roldán Betancur. Eso fue hace tres años, en los que aprendió más de la vida y de la bicicleta, hasta llegar el 2009, que ha sido el de su explosión deportiva.
En abril fue ganador de la Vuelta a Colombia sub23; hace 15 días se coronó campeón de la montaña en la Clásica Valle de Osta, en Italia. Y el sábado logró la presea plateada del Mundial de ruta.
Un trabajador del campo que ha sabido aprovechar las oportunidades; que sacó partido al respaldo del Orgullo Paisa, escuela del pedal en la que le han enseñado mucho.
Sin embargo, Carlos Alberto ha seguido siendo auténtico y aventao, como ese ¡ Hermano !, con el que trata a todo el mundo por igual, incluso al gobernador Ramos, eso sí, sin dejarle de dar gracias a Dios de forma continua, de decirle a su familia, encabezada por Ignacio de Jesús y Piedad Helena, cuánto la quiere. Y, claro, de expresarle la gratitud a quienes le han extendido la mano.
"Chucho, no se olviden de llevar a mi novia (Estefanía) cuando me vayan a recibir en el aeropuerto de Rionegro", le recordó ayer a Jesús Piedrahíta, administrador del Orgullo Paisa, quien prepara la comitiva que irá esta noche al José María Córdova.
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