Voy a enumerar actitudes, acciones, gestos y posiciones que no me gustan del presidente Santos.
No me gustó la manera como manejó el tema del contralmirante Gabriel Arango Bacci. Con razón alguien me dijo -y yo tenía testigos- que Arango Bacci no saldría libre sino cuando Santos renunciara al Ministerio de Defensa. Y así fue. Pero no lo reintegraron al cargo y menos lo ascendieron a Almirante, como lo merecía.
No me gustó el modo como manejó la elección de la Fiscal Vivianne Morales. Percibí cierto tufillo político y revanchista.
No me gusta que, siendo que parece entenderse tan bien con la rama Judicial, algo que me incomoda de por sí, no mueva un dedo para que deje de ser considerado un peligro para la sociedad el exministro Andrés Felipe Arias, quien, por tal sinrazón, está privado de la libertad y de estar con sus hijos y esposa en la etapa más fundamental del desarrollo infantil. Dios quiera que haya una Justicia proba, y Arias pueda, entonces, demostrar su inocencia.
Para nada me gustó que Santos se hubiera hecho elegir haciéndonos creer que continuaría las tres políticas esenciales de Uribe Vélez. Pienso que desde su campaña ya tenía claro que daría un giro de 180 grados. Por eso, quizás, al día siguiente de su juramento como presidente se reunió con Hugo Chávez (q.e.p.d.) en la Quinta de San Pedro Alejandrino, donde murió Bolívar, con el dolor de una suma de traiciones. Y que a partir de ese momento, el Presidente venezolano haya sido llamado "mi nuevo mejor amigo". Me arrepiento de mi voto. Mejor haber votado en blanco.
Me sentí muy mal por su ausencia en la ceremonia vaticana en la que el Papa Francisco asumió el cargo para el cual fue elegido. Hubo más de 132 Jefes de Estado o de Gobierno. Que no fue porque irá a la canonización de la primera santa colombiana, la religiosa paisa Laura Montoya Upegui. ¡Claro… en dicha ceremonia él será el centro de atención y eso es lo que necesita ahora que las encuestas le son adversas. Apuesto a que llenará el avión presidencial con los periodistas que se han doblegado a sus quereres, para que le hagan el eco que tanto necesita.
No olvidemos que hizo, con el avión presidencial lleno, cual arca de Noé, un periplo por Europa y Asia. Algo que no veíamos desde el criticado viaje del presidente Turbay Ayala (q.e.p.d.) y que creímos que no se repetiría por los costos que a la hora de la verdad salen del bolsillo de los contribuyentes. Recordemos que el presidente Uribe jamás hizo vuelos trasatlánticos en el FAC 001, porque salía mucho más costoso que ir en avión de línea comercial.
Al no ver a Santos en Roma y sí ver a su canciller, María Ángela Holguín, tuve la imagen de Santos haciendo guardia de honor ante el féretro de Hugo Chávez. Creo que ambos estaban en el lugar equivocado. Ella habría sido la perfecta para hacer guardia de honor en Venezuela.
Tampoco me gustó la actitud de Santos cuando su Canciller dijo que esperaba que en la Corte de La Haya hubiera una solución salomónica que dejara contentos a los nicaragüenses y a los colombianos. Frasecita que nos arrebató 75 mil kilómetros cuadrados de mar territorial. ¡Qué sentirían los negociadores colombianos que llevaban años estudiando una brillante defensa del Tratado Esguerra Bárcenas…
Se me acabó el espacio, pero no, la lista de cosas que me disgustan de Santos. Volveré sobre el tema.
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