Esta semana, tras dos años de espera, se estrenó la segunda temporada del anime Blue Lock, una serie que, con el fútbol como excusa, retrata temáticas más profundas, como el individualismo creciente en la juventud japonesa.
Esta producción, que en Colombia se puede ver a través de la plataforma Crunchyroll, ha captado la atención tanto de aficionados al fútbol como de seguidores del anime al poner en primer plano la competencia individual y la búsqueda del éxito personal, temas que resuenan con las tensiones entre el colectivismo tradicional japonés y la búsqueda de éxito personal entre las nuevas generaciones, un fenómeno estudiado por académicos como el sociólogo Shunya Yoshimi en su obra Pro-America, Anti-America: Political Unconsciousness in Postwar Japan (2007).
A través de cinco palabras japonesas abordadas en la serie, Blue Lock ofrece una representación de cómo estos conceptos impactan al protagonista, Yoichi Isagi, en su búsqueda por ser el mejor delantero de Japón, reflejando el entorno cultural y social contemporáneo en el país del sol naciente.
1. Ego (エゴ)
El personaje Ego Jinpachi encarna este concepto de forma literal. En Blue Lock, el ego es una fuerza fundamental en la transformación de Isagi. En lugar de seguir los valores tradicionales de humildad y trabajo en equipo, el personaje aprende a priorizar su propia ambición.
Esto se vincula con la visión de Yoshimi sobre el individualismo emergente en la juventud japonesa, donde la influencia global y el capitalismo tardío están moldeando una nueva generación menos dispuesta a subordinarse al bien común y más enfocada en la autoexpresión y el éxito personal.
2. Seikō (成功) – Éxito
El camino hacia el éxito en Blue Lock desafía las normas establecidas. Aquí, el éxito no se mide por el sacrificio por el equipo, sino por la capacidad de sobresalir individualmente.
Blue Lock retrata una lucha constante entre las expectativas sociales tradicionales y una economía global que exige habilidades competitivas, donde solo aquellos que asuman su egoísmo y se atrevan a destacarse podrán alcanzar el éxito.
3. Shūyoku (収欲) – Ambición
Cuando descubre su talento innato, la lectura global de los partidos y el poder anticiparse a cada jugada, Isagi entiende que el fútbol no es solo una cuestión de trabajo en equipo, sino una batalla de ambiciones.
Isagi debe enfrentar la presión de triunfar en un entorno donde la ambición individual se convierte en el motor para sobrevivir. Blue Lock refleja cómo la ambición, más que la humildad, define el camino hacia el éxito.
4. Kishō (気性) – Espíritu competitivo
El espíritu competitivo es otra característica fundamental que evoluciona en Isagi a lo largo de la serie.
En la primera temporada se vio cómo, en un entorno donde cada jugador debe destacarse para sobrevivir, la competitividad feroz se convierte en un atributo esencial a cada paso.
Esto resuena con lo que, en su análisis sociológico, Yoshimi identifica como una cultura laboral y educativa altamente exigente, donde la juventud japonesa enfrenta la presión constante de sobresalir para asegurarse un lugar en la sociedad.
Tal vez por eso Blue Lock es tan exitosa en Japón, pues el manga ya suma más de 20 millones de copias vendidas. Es una historia que magnifica la realidad de muchos menores, pero trasladada a un microcosmos de talento y supervivencia en el fútbol, donde Isagi lucha por convertirse en el mejor delantero y llegar a la selección japonesa para ganar un Mundial de fútbol.
5. Dokujisei (独自性) – Individualidad
En la narrativa de Blue Lock, la individualidad es prioritaria. En lugar de trabajar para el bien del equipo, Isagi aprende a confiar en su propia habilidad y tomar decisiones por sí mismo.
Esto refleja una ruptura con el colectivismo tradicional japonés, que históricamente priorizó la armonía y la cohesión del grupo sobre los logros individuales. En contraposición, la serie enfatiza la importancia de destacarse y construir una identidad única.
Blue Lock no solo es un anime sobre fútbol, es una exploración del individualismo y la ambición en un contexto deportivo que refleja las tensiones socioculturales contemporáneas de Japón.
Las teorías de Shunya Yoshimi, uno de los académicos más reputados de su país y que se ha dedicado los últimos 30 años a entender el cambio cultural hacia el individualismo en las generaciones más jóvenes, encuentran en esta serie un paralelismo directo.
La evolución de Isagi, desde un jugador centrado en el equipo hasta uno que prioriza su propio éxito, encapsula una narrativa que trasciende el deporte, revelando un Japón -y un mundo- en transición, donde los jóvenes buscan redefinir su lugar a través del ego, la ambición y la individualidad.