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Así es la serie de Cien años de soledad, la quimera de Netflix

Dirigida por Laura Mora y Álex García López, esta serie que crece en cada capítulo es una obra con vida propia que suma una nueva imagen a la que ya han construido millones de lectores desde que García Márquez publicó la novela en 1967.

  • Arriba, Claudio Cataño como Aureliano Buendía. Abajo, a la izquierda, Marleyda Soto como Úrsula Iguarán y Diego Vásquez como José Arcadio Buendía. FOTOS Cortesía Netflix
    Arriba, Claudio Cataño como Aureliano Buendía. Abajo, a la izquierda, Marleyda Soto como Úrsula Iguarán y Diego Vásquez como José Arcadio Buendía. FOTOS Cortesía Netflix
  • Laura Mora, Rodrigo García Barcha y Alex García López en el lanzamiento de la serie sobre Cien años de soledad. FOTO Colprensa
    Laura Mora, Rodrigo García Barcha y Alex García López en el lanzamiento de la serie sobre Cien años de soledad. FOTO Colprensa
  • Primeras imágenes del Macondo creado en Tolima que compartieron desde Netflix. FOTO Cortesía
    Primeras imágenes del Macondo creado en Tolima que compartieron desde Netflix. FOTO Cortesía
  • Diego Vásquez como José Arcadio Buendía, amarrado al árbol, una de las grandes escenas de Cien años de soledad. FOTO Cortesía Netflix
    Diego Vásquez como José Arcadio Buendía, amarrado al árbol, una de las grandes escenas de Cien años de soledad. FOTO Cortesía Netflix
10 de diciembre de 2024
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Conviene decir que Macondo existe como pueblo verdadero desde La hojarasca, primera novela de Gabriel García Márquez, y tomó un espíritu mayor cuando en 1967 se publicó Cien años de soledad. La serie de Netflix –ahora mismo a un clic para todos los que tienen cuenta en la plataforma– solo suma una imagen más a la que tenemos millones de lectores, no es el libro, es una obra con vida propia. Puesto el fundamento, hay que decir que Laura Mora y Álex García López lograron dirigir una pieza que crece con cada capítulo.

Se sabe que en vida Gabriel García Márquez nunca aceptó que se llevara Cien años de soledad al cine ni a la televisión, le parecía, y con mucha razón, que ese mundo narrativo era muy grande para abarcarlo en el cine, se sabe que la palabra escrita es más grande que la imagen. Sin embargo, hoy, con la creencia de que los guiones de las series equiparan a Shakespeare, la tentación era difícil de esquivar.

Rodrigo García Barcha, el cineasta hijo del nobel, ha dicho en varias oportunidades que cuando los ejecutivos de Netflix lo buscaron para adquirir los derechos de la novela hizo tres solicitudes: que se hiciera en Colombia, con actores latinoamericanos y de manera fiel al libro. Con los años y la tecnología las condiciones se cumplieron.

Laura Mora, Rodrigo García Barcha y Alex García López en el lanzamiento de la serie sobre <i>Cien años de soledad.</i> FOTO Colprensa
Laura Mora, Rodrigo García Barcha y Alex García López en el lanzamiento de la serie sobre Cien años de soledad. FOTO Colprensa

Todo se fraguó con gran secreto hasta hace unos meses, cuando Netflix permitió la visita de varios medios de comunicación al campamento-set que montaron en una llanura del Tolima, donde armaron y encontraron algo parecido al Macondo que García Márquez describe en esas primeras páginas portentosas de la novela: un caserío al lado de un río con grandes piedras como huevos prehistóricos. Puesto el caserío –que se ve evolucionar de pequeñas casas con paredes de maderas a casonas de amplios corredores y jardín central; en la de los Buendía está el majestuoso castaño al que amarran a José Arcadio–, entonces aparece en la pantalla el trabajo de arte: el vestuario, las armas, el corte de pelo. Hay, quizá en el capítulo tres, un momento de gran esplendor cuando Amaranta y Rebeca están en edad de casarse y la casa se transforma, entonces en la serie ocurre lo que dice la novela, y perdonarán la cita larga:

“La casa nueva, blanca como una paloma, fue estrenada con un baile. Úrsula había concebido aquella idea desde la tarde en que vio a Rebeca y Amaranta convertidas en adolescentes, y casi puede decirse que el principal motivo de la construcción fue el deseo de procurar a las muchachas un lugar digno donde recibir las visitas. Para que nada restara esplendor a ese propósito, trabajó como un galeote mientras se ejecutaban las reformas, de modo que antes de que estuvieran terminadas había encargado costosos menesteres para la decoración y el servicio, y el invento maravilloso que había de suscitar el asombro del pueblo y el júbilo de la juventud: la pianola. La llevaron a pedazos, empacada en varios cajones que fueron descargados junto con los muebles vieneses, la cristalería de Bohemia, la vajilla de la Compañía de las Indias, los manteles de Holanda y una rica variedad de lámparas y palmatorias, y floreros, paramentos y tapices. La casa importadora envió por su cuenta un experto italiano, Pietro Crespi, para que armara y afinara la pianola, instruyera a los compradores en su manejo y las enseñara a bailar la música de moda impresa en seis rollos de papel”.

Primeras imágenes del Macondo creado en Tolima que compartieron desde Netflix. FOTO Cortesía
Primeras imágenes del Macondo creado en Tolima que compartieron desde Netflix. FOTO Cortesía

Los primeros dos capítulos tienen la dolencia de que los diálogos suenan impostados, no calzan completamente en los actores, que los recitan como metidos en un saco de fuerza. Sin embargo, cuando entran en escena Diego Vásquez, como José Arcadio Buendía, y Marleyda Soto, como Úrsula Iguarán, un bálsamo dulce se desliza por las escenas, parecen bendecidos por un arcano. Hay que ver la escena en la que José Arcadio enloquece y los hombres de Macondo se le echan encima, lo disminuyen y lo amarran al castaño para atestiguar el milagro.

Diego Vásquez como José Arcadio Buendía, amarrado al árbol, una de las grandes escenas de <i>Cien años de soledad</i>. FOTO Cortesía Netflix
Diego Vásquez como José Arcadio Buendía, amarrado al árbol, una de las grandes escenas de Cien años de soledad. FOTO Cortesía Netflix

Asi fue el lanzamiento en Bogotá de Cien años de soledad

Netflix hizo esta semana un gran lanzamiento en el Museo El Chicó, en Bogotá, al que asistieron hasta el presidente Gustavo Petro y el ministro de las culturas, Juan David Correa, además de un gran rosario de actores, escritores, políticos. Antes de la proyección del primer capítulo, donde al final hubo un gran aplauso, hubo una ronda de entrevistas cortas con actores, productores, equipo técnico, directores. Por allí apareció Rodrigo García Barcha, el hombre que concretó la venta de los derechos, el hijo del genio, del marqués.

–¿Los personajes de la serie se parecen a los de la imaginación de su niñez, cuando leyó por primera vez Cien años de soledad?

–No sé si se parecen y no me importa, lo que importa es qué reflejan físicamente. Cada personaje tiene que reflejar una especie de esencia, de ADN, de fuego interior, de obsesión de cada personaje. Físicamente es imposible, tendrías que tener un actor por cada lector, lo que importa en las series es el gran caudal, el río de la historia, cómo ocurre la historia en el tiempo y que los personajes, los actores que se escogen, tengan un fuego interior, logren representar la pasión, que es la misma que tienen los personajes de la novela.

-¿Por qué no hizo usted la serie?

-Porque estaría tres horas contestando preguntas. No, soy muy cercano a la historia, no tengo perspectiva, hay un asunto con el libro y un mundo con el que crecí, esto lo deben interpretar otras personas, con nuevas y frescas visiones.

Quién es el director argentino de Cien años de soledad

Alex García López es un director de cine argentino, más o menos desconocido en su país, que ha trabajado en grandes producciones gringas como The Witcher, Daredevil y Star Wars. Es un hombre simpático, afectuoso. Viste de sombrero, como un cowboy, o como un pirata. Él empezó la serie, esos tres primeros capítulos que presentan a Macondo y rompen la imagen personal que cada lector tenía de los Buendía.

–¿Cómo fue trabajar con actores naturales, teniendo en cuenta que en los primeros dos capítulos los diálogos a veces parecen pesados?

–En los primeros tres capítulos, como decís vos, hay tantos personajes jóvenes, niños de 7 a 9 años, que no tienen nada de experiencia, que la grabación se convierte en todo un reto; se contrata a niños por su forma de ser, porque tienen algo que obviamente es del personaje, entonces como director traté de crear un lugar, una burbuja, en donde ellos se sintieran muy cómodos, entonces para mí el detalle del diálogo no era tan importante, sino la emoción. Y como sabemos, es una es una serie donde no hay tanto diálogo, tampoco entonces fuimos muy minimalistas con el diálogo, y tratamos de ser un poco más ambiguos con los personajes, con sus decisiones, por cómo actúan, con sus acciones y tratamos también de confiar en la audiencia, que la audiencia también es sofisticada y puede leer y capturar un poquito su versión de ese momento.

-Entonces fue un reto...

-Fue un proceso de paciencia también, mucha paciencia, de crear un espacio donde ellos se sintieran cómodos. La cámara filmaba y filmaba, yo le pedí a mi cinematógrafo que iluminara las escenas casi 360 grados para no cortar, porque cuando uno filma un plano y después tiene que hacer un contraplano, te tardás 40 minutos en volver a iluminar y ahí ya perdés a los niños, en cambio, yo quería cambiar muy rápidamente para no perder la energía, era un tema también un poco de logística.

Diego Vásquez, en la piel de José Arcadio Buendía

Diego Vásquez tiene un prendedor de canutillos en el lado izquierdo de su camisa negra. Es un pez, como los pececillos de Aureliano. Su papel es una manera del daño, una fuerza.

–¿Cómo fue trabajar un personaje a cuatro manos? Es decir, recibir un personaje de manos de un actor más joven que, cuando llega a vos, evoluciona, se ve el peso de la experiencia, ¿cómo fue trabajar eso?

–Tuvimos varias reuniones previas, ya conociendo los libretos, trabajando un poco las escenas, leyéndolas juntos para tratar de encontrar los puntos de conjunción y, en realidad, a mí me dio mucho susto la primera escena que tuve porque ellos ya llevaban un mes y medio rodando y yo no sabía cómo iba a caer allí. Tuve miedo.

–¿Y cuál fue la primera escena que grabó?

-Fue del capítulo tres, cuando justamente aparece por primera vez José Arcadio mayor, fue una escena con Melquiades, del momento en el que se deslumbra por el daguerrotipo. Yo estaba totalmente asustado. Fue un momento de confiar en el director, de dejarse guiar. En ese momento era Álex y me dijo que confiaba en mí. Pero uno nunca sabe, el actor jamás tiene nada asegurado.

–La escena en que amarran a José Arcadio al árbol es completamente dura y desoladora, ¿cómo la vivió?

-Para mí se trató de entender el significado de la mansedumbre. ¿Tú sabes que es la mansedumbre? Es el sentido de tener la fuerza viva, pero aceptar el dominio. Es como el caballo, el caballo se vuelve manso porque acepta que lo monten, sin embargo, tiene mucha más fuerza que el hombre. De eso se trata, de resignarse, de aceptar y de convivir con la persona que de alguna manera le está proveyendo, un poco es eso, ese sentido animal que tiene José Arcadio Buendía en su instinto, que es una cosa más primitiva, pero él dice “ya no peleo más, ya no lucho más”.

Para saber más

Cuentan desde Netflix que la primera parte de Cien años de soledad tendrá ocho episodios disponibles desde este 11 de diciembre: “Es uno de los proyectos audiovisuales más ambiciosos de la historia de Latinoamérica. La serie fue filmada en su totalidad en Colombia con el apoyo de la familia del Nobel de literatura”.

Los dos directores de la serie, Laura Mora y Alex García López, repartieron las cargas en la dirección de la siguiente manera: Alex García López dirigió los episodios 1, 2, 3, 7 y 8 mientras que Laura Mora tuvo a cargo la seguidilla del 4, 5 y 6.

Por ahora no se sabe qué capítulos le correspondió a cada uno de la segunda parte, de la que tampoco se ha adelantado la fecha de estreno, solo se sabe que será ya en 2025.

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