La tierra, el viento que toca las mejillas de una joven indígena y un telar vertical, son algunos de los pensamientos que pasaron por Adriana Santacruz para crear su proyecto de grado cuando estudiaba diseño de modas en la Universidad. Esa riqueza ancestral que encontró en su natal Pasto, Nariño, y que desde pequeña la llevaba a pasar horas y horas en el campo, compartiendo con los campesinos o viéndolos tejer al lado las gualdrapas de los caballos. Así, años más tarde, optó por salirse de lo convencional y en 1999 comenzó a crear piezas donde la sabiduría artesanal colombiana fuera la protagonista. Una idea que le ha permitido trabajar con indígenas de su región y de otras latitudes, para llevar la esencia de la tradición en cada prenda creada donde se mezcla el conocimiento artesanal con la visión del diseñador.
¿Por qué dejar a un lado la lencería, para luego dedicarse a hacer prendas de vestir exteriores?
“Son ciclos de la vida que se van sellando. Hace 29 años cuando hacía lencería, trabajaba en mi casa y tenía mis niños chiquitos, pero llegó el momento en el que quería algo diferente, más propio. Así que decidí entrar a estudiar, y allí todo cambió”.
¿Por qué hacer prendas tejidas?
“Todo empezó por mi proyecto de grado, el cual decidí llamarlo Tejidos de ayer y hoy, lo que fue y lo que es ahora. Una idea que surgió porque para mí, no tenía sentido hacer una colección con telas compradas, y siempre había tenido la idea de trabajar con gente linda, con mis campesinos, ese arraigo a la tierra y esa descendencia de los maestros, entonces fue en ese momento que me propuse trabajar con lo artesanal, y hacer algo diferente con toda esta riqueza cultural”.
La moda artesanal adquiere cada vez más adeptos, ¿qué piensa de esto?
“Es fantástico saber que fabrico tendencia y que hay un vuelco hacia un mundo natural en el que se quiere rescatar esa esencia del pasado”.
Adriana Santacruz representa una paleta muy colorida. ¿Por qué?
“Siempre he sido muy respetuosa del saber de la cultura, recuerdo que en mi primera feria de Expoartesanías me pidieron hablar de tendencias y yo comencé por los colores, entonces explicaba que los rosados significaban el viento besando la piel de la india o que el color café venía de los surcos de la papa. Aún lo tengo escrito y es algo divino”.
¿Los artesanos que escoge son de Nariño?
“Primero trabajaba solo con mujeres y ahora tengo hombres que son maravillosos tejiendo, ellas les enseñaron este oficio, que antes era netamente femenino. También trabajo con indígenas de Tufiño, en la frontera con Ecuador. Me gusta fusionar mis tejidos con los de otras etnias y sincronizarlos con los propios. A veces incluyo de México o Guatemala, es como hacer un sincretismo cultural”.