Andrés Cepeda: Fin de la travesía sonora
FONSECA
“La cultura es un vehículo para el bienestar. Esa es la razón de ser de nuestra Fundación Gratitud. La idea la trabajé largo tiempo con Camilo Hoyos, un amigo de hace muchos años. Él también veía el poder transformador de la cultura pero sentíamos que no tenía la visibilidad necesaria. Entonces comenzamos a apoyar proyectos culturales con impacto social. En Soacha, por ejemplo, identificamos unos gestores culturales que querían cambiar las cosas. No se trata solo de darles los medios para hacer música, sino de apoyarlos con capacitaciones para que su mensaje llegue a más personas. En ese andar, nos hemos apoyado en el hip-hop, que ve la música como una forma de sanación. Recuerdo otra experiencia en la que capacitamos en autocuidado, derivado del arte, a enfermeros en hospitales militares, para que tuvieran herramientas al hacerse cargo de los soldados heridos en guerra. Entre más caminamos nos vamos encontrando que por medio de la cultura, en un país como Colombia, se puede lograr reconciliación y resiliencia. La cultura ayuda a sanar y amortiguar procesos difíciles como la reintegración. Ahí vemos el valor de reconectar a la gente con lo que es y de dónde viene. Soñamos con llevar esta idea a un centro cultural en Soacha, ahí llega población de todas partes de Colombia y de Venezuela. Apostamos por una oportunidad para que más personas tengan bienestar emocional por medio de la cultura y eso incluye, por supuesto, a la música”.

JULIA SALVI
“La Fundación Salvi inicia este 2020 con la satisfacción de haber celebrado 15 años de actividad en Colombia. En este tiempo hemos incidido y generado oportunidades de acceso, formación y empleo, en distintos ámbitos del sector musical, a través de la organización de eventos, la producción y el cuidado de instrumentos musicales y el desarrollo de una constante actividad didáctica.
Nuestra labor, visibilizada a través del Cartagena Festival de Música, el recién inaugurado Ibagué Festival, los Centros de Lutería e Instrumentos de Viento, y proyectos con jóvenes intérpretes como la Orquesta Sinfónica de Cartagena, entre otros programas e iniciativas, han generado un punto de encuentro y de posibilidades para músicos, estudiantes y maestros de música, productores, constructores de instrumentos, gestores y, por supuesto, públicos.
Creemos en la transformación social desde la promoción de los escenarios musicales y el apoyo al talento nacional.
Por ejemplo, la decimocuarta edición del Cartagena Festival de Música evidenció, una vez más, nuestro esfuerzo por construir país a través de este evento, que reunió a miles de amantes de la música y es uno de los festivales musicales más importantes del continente.
Por todo esto, nuestro equipo de trabajo y Junta Directiva agradecen a las personas y organizaciones que nos han apoyado y que creen en la importancia de aportar a un sector musical dinámico y diverso para el bienestar y el progreso del país”.

YURI BUENAVENTURA
“Creemos que conocemos el mundo por la inmediatez de la comunicación, pero realmente hay es un desconocimiento de las raíces del planeta, de su cultura. Hay países con mayor desarrollo que el nuestro pero perdieron su folclor en la colonización.
En cambio, nosotros tenemos la fortuna de tener músicas originales en las comunidades y pueblos, como los del Pacífico, en especial en los asentamientos Emberá, que conservan sonidos que no llegaron con la colonización, sino que nacieron allí.
Desde Tumaco hasta Panamá tenemos una sonoridad que se riega hacia el Suroccidente del país por la migración, por eso Cali es impactado. La música no se queda solo en esa región, sino que se va esparciendo. Para lograrlo se necesita articular procesos culturales que solo son viables gracias a encuentros como el Petronio Álvarez, en Cali.
Tenemos que reconocer la grandeza y la riqueza que tenemos en nuestro patrimonio cultural y en la música del país. Esto nos convierte en una potencia global en medio de las sonoridades.
Somos dueños de una sonoridad muy limpia y pura, con sonidos tradicionales, ocultos para la humanidad y que podemos mostrar de una manera bonita y delicada. Son procesos humanos, auténticos, en muchos casos artesanales, detrás de los que hay historias desconocidas.
La música del Pacífico siempre ha estado allí y logró reconocimiento gracias a ChocQuibTown o Herencia de Timbiquí, pero la idea es que sean muchos más los que se escuchen”.
