Cada momento de crecimiento en la vida de las personas es diferente y a medida que va pasando el tiempo, las pruebas y los obstáculos marcan un nuevo comienzo. Esta es la historia de un hombre que, a pesar de las adversidades y un contexto marcado por la violencia, fue salvado por su familia y un deporte que le ha dado tanto, el patinaje.
Luis Fernando Valencia Ruiz, de 33 años y oriundo de Buenaventura, es un hombre, padre de familia, empresario y entrenador de patinaje, que gracias a las experiencias de la vida, supo sobreponerse ante el camino de las drogas y la violencia que su contexto le ofrecía. En entrevista con EL COLOMBIANO, contó varios detalles de su vida y cómo superó diferentes barreras sociales para salir adelante.
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No todo fue color de rosa. En medio de un complicado ambiente familiar, creciendo entre varias tías, un joven Luis de 13 años buscaba qué hacer con su vida y en ese momento conoció a un primo que le dio un motivo para salir adelante. Un primo que, a falta de lo demás, se terminó convirtiendo en un hermano que creyó en él.
Los comienzos: la llegada del patinaje a su vida
Luis pensaba que el estudio no era importante para la vida, pero gracias a su primo, aprendió a “leer de corrido”, así que el gusto por la academia comenzó por ahí. Años más tarde, cuando tenía entre 16 y 17 años, su primo le presentó un proyecto de grado que terminó volviéndose realidad.
Juntos, comenzaron la primera escuela de patinaje en Buenaventura. “En el momento en que él me presentó esa idea, yo dije: ¿patinaje en Buenaventura? Ese man está loco, eso acá, no pega. Y yo vivía en el mundo del fútbol, pero yo no creía en el proyecto del patinaje. Pero inicié con él porque era mi primo”, afirmó Luis.
Así, de repente, llegó el deporte a su vida. Más allá del gusto por el fútbol, la idea de implementar un deporte en ese lugar, era algo novedoso y no se imaginaban el impacto que tendría en el futuro.
Luis comenzó en la escuela de patinaje como utilero y realizando diferentes trabajos logísticos. Con el tiempo, el proyecto fue creciendo y se necesitó más personal. Además, la idea de su primo era que él en un futuro fuera el entrenador del equipo, por lo que Luis fue aprendiendo sobre el deporte.
Sin embargo, las dificultades con la educación y el vocabulario, no le permitieron comenzar cuando su primo le intentó delegar dicha función, ya que los padres de familia de los niños y niñas, se quejaban por la forma en la que Luis se refería hacia ellos.
A pesar de esto, continuó trabajando con su primo durante tres años más, entre 2006 y 2009. Tras este tiempo de trabajo, a Luis se le abrió la oportunidad de trabajar en la alcaldía de otro municipio cerca a Buenaventura, pero su paso por allí llegó hasta que el contrato se terminó, por lo que no pudo seguir y el regreso a su ciudad natal fue necesario.
El regreso a Buenaventura, la cárcel y el trabajo de moto taxista
La vida de Luis continuó y la experiencia, en ese lugar, le permitió crecer y seguir preparándose en cuanto al conocimiento del patinaje. Sin embargo, al regresar a Buenaventura y no poder conseguir trabajo nuevamente en el equipo donde estaba, tuvo que buscar opciones. Opciones que, por poco, lo dejan en el mal camino.
“Perdí la oportunidad de seguir en patinaje cuando regrese y debido a eso, por poco mi vida da un giro de 360 grados. Prácticamente, casi me veo inmerso en las bandas criminales. En medio del andar, del trasnocho y del nuevo trabajo, que era ser moto taxista, uno se ve relacionado indirectamente con todo ese peligro”, contó Luis.
Y es que, según el testimonio de Luis, los mototaxistas en Buenaventura son utilizados por los integrantes de estas bandas para hacer “favores o mandados”, entonces terminaban transportando a quien no debían o recogiendo sin saber las conocidas “vacunas” que cobran a las personas en el territorio.
Esta labor, desafortunadamente, le hizo sufrir una mala pasada a Luis. Una vez transportó a un sujeto que estaba armado y tras una requisa de las autoridades, lo relacionaron con dicho sujeto, por lo que tuvo que pasar 3 meses y 13 días dentro de la cárcel de Buenaventura.
“Mi vida corrió peligro, mi vida y mi libertad. Los mototaxistas corremos mucho peligro de estar al servicio de las bandas criminales indirectamente. Recogiendo dinero de extorsiones sin saber o transportando a alguien que uno conoce, pero sin saber que estaba armado. Eso me pasó a mí”, contó Luis, quien al momento de pasar por esa situación afirmó que fue difícil para su familia.
Sin embargo, a partir de ese suceso, la mentalidad de Luis Fernando cambió y del fruto de una relación con una mujer, supo que sería padre. A partir de ese momento, reflexionó sobre lo que estaba haciendo, pensando en que sería del futuro de su hija, si él seguía en ese camino realizando el mismo trabajo, por lo que desistió del mototaxismo y buscó nuevas oportunidades.
“La violencia te lleva a la cárcel o a la muerte. Si estás en la cárcel tu familia sufre y te tiene que ayudar, eso es más difícil y cuando esto me pasó, yo pensé y dije ¿qué hago? Y la otra opción era la muerte, la cual tampoco elegí. El saber que iba a ser papá, me cambió todo y tomé la decisión de salirme de ahí”, expresó Luis.
El resurgir de Luis: la familia, el deporte y los sueños por cumplir
Tras formar una familia y buscar nuevas oportunidades, una vieja conocida le ayudó a Luis a conseguir un nuevo trabajo como entrenador de patinaje en un colegio privado de Buenaventura. El cual le sirvió para seguir creciendo y al cabo de un tiempo, para el año 2019, Luis tuvo la oportunidad de volver a la escuela de patinaje donde comenzó, la que inició con su primo.
“Cuando volví, llegué como entrenador, presidente y gerente de la escuela, que gracias al trabajo se convirtió en un club oficial de la liga de patinaje del Valle y hasta el día de hoy, seguimos adelante. Mi filosofía siempre será que lo primero es el estudio y el deporte un complemento, yo les pido que hagan deporte a todos lo que hacen parte de nosotros”, apuntó Luis.
Una vida tranquila, feliz y haciendo lo que más le gusta, es el contexto del cual ahora se rodea Luis Fernando, tras vivir tantas cosas en los últimos 10 años de su vida. Para él, la familia y el patinaje le salvaron la vida, lo sacaron adelante y le dieron una nueva oportunidad de disfrutar lo que más le gusta.
“El patinaje me ha alejado de muchas cosas, por ejemplo de estar inmerso en la violencia como tal, de estar cerca de las bandas criminales. No es excusa que por no tener trabajo estaré en una banda criminal, pero el mismo sistema y en el cual yo vivo, hace que las personas terminen en la violencia. Gracias a mi familia y al patinaje estoy donde estoy ahora”, concluyó Luis.
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La Saeta Sport es la segunda familia de Luis, que con el lema “somos una gran familia” han logrado salir adelante y mejorar el deporte en Buenaventura. Dice que el camino por recorrer es largo, pero que el trabajar por los niños y niñas de su lugar de origen vale la pena.