Tras la muerte de Diego Maradona, su legado empieza por el mismo día que marcó el mejor gol de los mundiales durante los cuartos de final ante Inglaterra en 1986, cuando también anotó un gol con la mano y quedó grabado como “la mano de Dios”.
El COLOMBIANO consultó distintas personas que lo conocieron para que hablaran de lo que, una de las máximas figuras mundiales, le deja al fútbol.
Carlos “El Pibe” Valderrama, el excapitán de la Selección Colombia, a quien enfrentó varias veces, cuenta que ningún otro jugador marcó tanto su carrera. “Lo que hizo en México 86 fue increíble, además él solito llevó al Napoli a que se convirtiera en un equipo grande en Europa, fue un símbolo para su país. Este es un día muy triste”.
Para el exportero argentino Sergio Goycochea, “lo que quedan son los hechos, su talento grabado en goles maravillosos, y su contribución para el crecimiento del fútbol. Será recordado como un héroe del fútbol, uno de los mejores jugadores que tuvo este deporte”.
La imagen de quienes no lo vieron en sus años de gloria es tal vez la de un futbolista cómico, que hablaba sin filtros y generaba escándalos, pero tuvo años brillantes, alejado de las drogas y los escándalos.
El exvolante colombiano Bernardo Redín, otro de los que compartió en la cancha con él, dice que su etapa, entre 1976 y 1981, fue sensacional.
“El mejor Maradona. Joven y lejos de los vicios. Era el más hábil y desequilibrante dentro de una cancha. Después se volvió más completo y explotó toda su condición en México 86”.
Varios exjugadores coinciden en que su adicción a las drogas lo perjudicó en todo sentido.
Así lo expresa Raúl Navarro, exportero argentino e ídolo de la hinchada de Atlético Nacional, para el que jugó en los años setenta. “Lástima que cuando muchos buscan a Maradona en internet se encuentran siempre referencias al dopaje. Es injusto”.
Dice Navarro que la frase que siempre recordará de él fue la de su despedida: “Pagué por lo que hice y la pelota no se mancha”. “Pudo haber sido mucho más, pero la droga no lo dejó”.
Jhon Jairo Tréllez, exfutbolista colombiano que compartió vestuario con él en Boca (1994) lo describe como un hombre que luchó por la reivindicación de los futbolistas. “Jamás se quedaba callado ante el poder, se enfrentó a la Fifa, gran compañero y líder”.
Diego fue noble, generoso, trató siempre de agradar a la afición y combatió sus propios demonios, con los que convivió hasta la muerte.