Sorpresa y tristeza fue lo que sintió Sandra Valencia, una de las pioneras del fútbol femenino en Colombia, tras conocer las denuncias que el 18 de febrero hicieron las jugadoras de la Selección Colombia de mayores Isabella Echeverri y Melissa Ortiz por irregularidades en temas logísticos durante las convocatorias.
Pero la indignación de Sandra fue mayor cuando, días después, conoció las demandas por supuesto acoso sexual y laboral que instauraron ante la Fiscalía General de la Nación la fisioterapeuta Carolina Rozo y John Cano, papá de una integrante del equipo sub-17 que participó en el Sudamericano de 2018 en Argentina. Los implicados son el director técnico Didier Luna y el preparador físico Sigifredo Alonso.
Las primeras que decidieron hablar a los medios fueron Isabella y Melissa, quienes viven en EE. UU. Ellas, que representan un grupo de deportistas experimentadas (las llamadas Superpoderosas), dijeron que cuando asisten a los microciclos de preparación en el país, durante 15 o 20 días, no les pagan viáticos, algo que sucede después de Río-2016.
Agregaron que las que viven en el exterior no reciben los pasajes aéreos; que les dan uniformes sucios para entrenar y que hubo convocatorias paralelas en las que algunas tenían que pagar. Además, que las compañeras que protestaban eran vetadas y que en el gimnasio de la Federación no les facilitaban las máquinas.
“Llevamos muchos años intentando cambiar la realidad de nuestro deporte y ha sido difícil por falta de comunicación directa con la Federación”, apuntó Isabella en diálogo con EL COLOMBIANO.
Ortiz manifestó que al hablar pretenden “visibilidad y transparencia y que las mujeres tengan más oportunidades”. Añadió que ellas, más maduras, tenían que hacer notorios esos hechos en los que se sintieron vulneradas. “Esta lucha es para que las futuras generaciones reciban el respeto que se merecen”.
En medio del escándalo tras las declaraciones de Isabella y Melissa, la fisioterapeuta Carolina Rozo dijo que se llenó de fortaleza y rompió el silencio. Contó detalles de los supuestos abusos que ella y las menores de edad fueron víctimas por parte del técnico. Expresó que al no acceder a relaciones más allá de lo profesional con Didier Luna, en enero de 2018, este la amenazó y acosó laboralmente.
Al comentar los hechos con varias personas de la Federación, entre ellas el médico Carlos Ulloa, que no le brindó ninguna solución, decidió renunciar, pero se prometió denunciar al entrenador, “quien aprovechaba su figura paternal para tocarlas”.
En sus afirmaciones corroboró la denuncia del padre de una jugadora (omitimos nombre por ser menor de edad), quien le contó que Sigifredo Alonso (no responde las llamadas) trató de abusar de ella al ingresar a su habitación durante una concentración.
Tras ampliar su testimonio ante la Fiscalía y aportar pruebas este miércoles, Carolina espera la sentencia.
Luna, en un comunicado, agradeció el respaldo de un grupo de jugadoras de Bogotá y aseguró que sus abogados “están al frente de estas acusaciones injuriosas... Mi actuar como profesional siempre ha estado revestido de respeto por las personas que me rodean y más por las mujeres. Tengo esposa e hijas y he dedicado mi gestión como entrenador de selecciones femeninas a la defensa de sus derechos y su reconocimiento como iguales en una sociedad que se queda corta al exaltar las grandes capacidades de quienes se dedican a este deporte”.
Al respecto, Carolina Rozo apuntó que está en total desacuerdo con él. “Es el menos indicado para hablar del respeto a la mujer, porque nos trata fuerte, se sobrepasó en su vocabulario conmigo y fue agresivo”. La Federación pidió a la Fiscalía celeridad en las investigaciones y anunció “cero tolerancia”.
El presidente Ramón Jesurún argumentó este viernes que cuando supo sobre la denuncia contra Alonso, él mismo trasladó el tema al Departamento Jurídico de la entidad y ordenó destituirlo del cargo.
En Colombia no existen antecedentes de abuso sexual en el fútbol femenino. En 2018, en España, un entrenador cuyas iniciales son J.E.F. fue condenado a 18 años por ese delito, mientras que el médico de la selección estadounidense de gimnasia artística, Larry Nassar, recibió una sentencia de 40 años de prisión.