El 16 de diciembre de 2001, Alberto Facundo Costa salió de su hogar con una maleta y un pasaje rumbo a la isla de Guadalupe. En su cabeza llevaba el sueño de millones de jóvenes argentinos: ser futbolista profesional.
Hoy, 18 años después, tras una amplia carrera y en la que ya dejó huella en Europa, llegó a Atlético Nacional. Tiene 34 años, pero siente que aún le queda mucho por aportar. Atendió a EL COLOMBIANO y nos compartió parte de su historia de vida.
¿Cómo se ha sentido en estos días en la ciudad?
“Muy contento, trabajé solo durante una semana para ponerme a punto, después llegó todo el plantel y me recibió muy bien. Más allá de la calidad futbolística hay un grupo humano muy bueno. Los hinchas han sido muy respetuosos y estoy muy feliz”.
Empezó en el fútbol desde muy joven, ¿cómo fue eso?
“Cuando uno nace en Argentina el fútbol es una pasión más allá que un deporte, casi una religión, yo fui uno más de esos chicos que lo soñaron. Mi carrera es un poco atípica pero era un sueño y lo conseguí”.
¿Qué recuerdos le trae su niñez?
“Sí, éramos cuatro hermanos varones, una familia muy humilde y trabajadora desde siempre. Hoy en día siguen trabajando. Crecí en un barrio de pocos recursos, La Bandera Blanca, de la ciudad Las Flores, en el que siguen viviendo mis padres. No tuvimos todo lo que quisimos, pero crecimos en valores. Nos costaba llegar a fin de mes, pero nos llenamos de buenos ejemplos”.
¿A qué se dedican sus padres?
“Mi madre ya no trabaja y mi padre lo hace como empleado municipal”.
¿Por qué empezó su carrera en Isla Guadalupe?
“Fue simplemente un trampolín para mí. Es una isla que es colonia francesa. Fui con un señor que se llama Rubén Muñoz, un cirujano muy conocido en Europa y que tenía un club en Argentina en el que yo jugaba, Las Flores, y me propuso irme. Costó convencer a mis padres en un principio, pero sabían que era lo que quería hacer y me dejaron ir”.
¿Qué fue lo más difícil de ese momento?
“Perderme de muchas cosas por un sueño, hoy en día puedo decir que valió la pena. Tenía 15 años y me fui solo con mi mochila y un pasaje. No tenía ni un centavo. Fue un choque grande con el idioma, la cultura”.
¿Cuándo arrancó su carrera en firme?
“Después de unos años en la isla llegó lo que quería y me llevaron al Racing de París, con el que arranqué mi carrera profesional en 2004, jugué un año y me fue muy bien, luego me voy al Pau, también de Francia, tenía 18 años. Posteriormente, llegó la oportunidad de firmar con el Montpellier por dos años, en los que nos metimos en la Liga de Europa. Fui el jugador revelación del año y di pasos importantes para llegar al Valencia de España”.
¿Este equipo español fue su mejor momento?
“Firmé por cuatro temporadas y me quedé tres. Llegar allí era tocar la cima, éramos terceros en la Liga detrás del Real Madrid y el Barcelona; jugamos Champions todos los años y llegué a la Selección Argentina. Eso permitió que me conocieran a nivel mundial”.
¿Alguna anécdota de ese paso por tantos países?
“Colombia es mi sexta liga a nivel profesional, he conocido culturas, gente y jugadores de todo tipo”.
¿Tiene familia propia?
“No soy casado pero hace 8 años que estoy con mi novia Julie, que es francesa, y tengo un hijo. La conocí cuando jugaba en Montpellier. Cuando se fue conmigo a Valencia fue duro porque tuvo que dejar su trabajo, pero después, cuando formamos una familia, fue diferente. Cada año, o a lo máximo dos, cambiamos de país”.
¿Dónde nació su hijo?
“Se llama Giulian y tiene cuatro años. Julie quedó embarazada en Rusia pero nuestro hijo nació en Valencia, tiene también la nacionalidad francesa, por nosotros sus padres. Estoy muy contento porque ellos llegan a Medellín. Mi hijo es fanático del fútbol. Ya me toca comprarle ya la camiseta de Nacional”.
¿Qué es lo mejor de ser papá?
“Todo. Te cambia la vida en general, tenés una responsabilidad muy grande y amás a una persona de tal manera que nunca llegaste a imaginar. Despertarse al lado de una persona así es increíble. Lo más difícil ha sido separarme de él ahora, porque hace un mes no lo veo”.
¿Qué hace en sus tiempos libres?
“Me gusta estar en mi casa, cerca de mi familia, y si puedo estar con mi hijo mucho tiempo, disfrutarlo y verlo crecer, hacer diferentes actividades”.
¿Si no fuese futbolista...?
“Siempre quise ser médico, pero se desvió el camino”.
¿Y después del fútbol qué?
“Vivir en Europa, allá estuve desde los 15 años. Volví a los 32 años a San Lorenzo por el deseo que tenía mi padre de que jugara allá, me lo pidió y llegó ese momento. Hoy ando armando mi post-carrera”n