Por Ronal Castañeda
Además de recibir siete millones de visitas al año para ver su colección de 5.000 años de historia de la humanidad, el Museo Metropolitano de Arte (MET) de Nueva York es anfitrión de la Gala Met, un acto benéfico que reúne cada año a celebridades para recoger fondos. El evento estaba planeado para el 4 de mayo, pero al igual que el aniversario por sus 150 años, programado para el 13 de abril, fue postergado. Lo que iba a ser un año dorado se opacó con la llegada del nuevo coronavirus y hace dos meses está cerrado, despidió 81 empleados y anunció pérdidas por 150 millones de dólares para 2021.
Ese es uno de los más importantes del mundo, y no el único que está en problemas. Las dificultades por las que pasan estos templos del patrimonio por la cuarentena obligatoria mundial van desde no apagar el aire acondicionado (para cuidar las obras de arte) y mantener vigilancia, hasta recortes de personal y cierres.
Los museos que no son subvencionados por el estado y dependen de entradas y servicios son los que tienen una situación más difícil. Para poner un ejemplo, dos emblemáticos de España, el Museo del Prado y el Reina Sofía, calcularon pérdidas de un millón de euros cada quince días, solo por concepto de entradas. El del Prado, dijo su director Miguel Falomir, según la agencia Efe, recibió 70 % menos de ingresos desde que cerró el pasado 12 de marzo.
La alerta mundial la dio el Consejo Internacional de Museos (Icom, por sus siglas en inglés) en un comunicado en abril: “Los que están cerrados temporalmente corren el riesgo de cerrar permanentemente”.
El Museo Whitney, especializado en arte estadounidense del siglo XX, despidió a 76 empleados y sus directivas señalaron que tendrán pérdidas por siete millones de dólares; el New Museum sacó a 48 de sus 150 trabajadores, y el MoMA despidió a los 81 “freelances” de su departamento de educación y a 47 empleados vinculados.
Una encuesta publicada por la Red de Organizaciones de Museos Europeos (Nemo) y el Comité Internacional para la Gestión del Patrimonio Arqueológico (Icahm) muestra que la mayoría de los europeos están cerrados. A principios de abril, 650 de 41 países habían respondido a la encuesta en la que informaban que el 92 % no tenía sus puertas abiertas y solo el 70 % de la nómina se mantenía contratada. Del 5 al 7 % de los cientos de museos del mundo están abiertos debido a la pandemia, le dijo Peter Keller, director del Icom, al diario New York Times la semana pasada.
Panorama nacional
Según el Sistema de Información de Museos Colombianos (Simco), en Colombia hay 332 privados, 102 públicos y 8 mixtos (ver gráfico). Los que están en una situación más crítica son los primeros, cuenta Daniel Castro Benítez, director del Museo Nacional, porque basan su operación y sostenibilidad en el ingreso de la taquilla y los servicios: “Si no tenemos público esos ingresos no se darán”.
Castro, quien es el enlace entre el MinCultura y el sector, señala que no sucede lo mismo con los públicos, que están más asegurados sus recursos sea a través de un municipio, el departamento o la nación.
La crisis, no obstante, recae sobre la generalidad, no importa la denominación, por el hecho de que requieren público. Medellín tiene 27 que necesitan cerca de 4.500 millones para sus gastos mensuales, entre ellos, servicios públicos, vigilancia y nómina (se calculan cerca de 1.300 empleos directos), según cifras de abril de la Mesa de Museos Municipal. Algunos viven de lo ahorrado y otros de proyectos o ingresos programados para este año, pero otros tienen sus días contados, comenta Andrés Roldán, el presidente de esta mesa.
El de Antioquia es uno de los que está viviendo de la caja propia. Desde el 12 de marzo, un día después de la cuarentena nacional, pagó sus luces y se ha mantenido “viva” y sin recortes gracias a sus reservas. Los 27.000 metros cuadrados que ocupan sus dos edificios (y el lote del parqueadero), la misma área del Atanasio Girardot, custodian casi 7.000 piezas. Los costos diarios, que incluyen la nómina de 94 empleados, servicios públicos, el aseo y vigilancia, ascienden a 17 millones que suman cerca de 510 millones al mes. Lo normal era que esos recursos se recolectaran principalmente (70 %) a través de convenios con el sector público y privado, y el resto (30 %) por los ingresos de tienda, parqueadero, taquilla y arriendos. Este 30 % “está en jaque”, dice su directora María del Rosario Escobar, porque al depender del público no se está generando ese ingreso. Hasta ahora han podido mantener la planta de empleados, pero “esos recursos se están agotando”. Lo que sigue es una segunda fase financiera que se verá reflejada en “algunas disminuciones”.
Por su parte, el Museo de Arte Moderno (Mamm) espera una caída del 40 % de sus ingresos, según una proyección que hicieron sus directivas al 31 de diciembre. La parte más dramática son también los ingresos autogestionados: la tienda Mamm, los locales comerciales por los que reciben renta (como la librería, la tienda de Artesanías de Colombia, el restaurante Crepes & Waffles) y, por supuesto, por la taquilla. “Vamos a dejar de recibir casi 2.000 millones de pesos, en el mejor de los escenarios y contando que en algún momento en el segundo semestre podamos abrir”, comenta María Mercedes González, su directora. El complejo de Ciudad del Río ocupa 10.000 metros cuadrados y resguarda 2.400 obras, tiene costos fijos de 11 millones diarios y 350 al mes. A los 47 trabajadores se les han hecho ajustes salariales.
En cuanto al apoyo que han recibido estas instituciones de parte de la empresa privada, algunos patrocinadores han mantenido su fidelidad a los museos, pero otros han dicho que cortarán sus ayudas, sea por falta de recursos o porque han volteado sus ojos al sector de la salud.
Las pinacotecas más pequeñas, aunque no tienen tantas cargas prestacionales ni obligaciones, igual están afectadas por la asistencia. El Museo Etnográfico Miguel Ángel Builes, que tiene una colección de cerca de 3.000 piezas, dejó de recibir espectadores (grupos de escuelas, colegios y universidades) desde la última semana de marzo. Hasta que no haya un nuevo aviso, esta entidad privada no podrá volver a abrir sus salas, dice el padre Ómer Giraldo. La misma situación la tiene el de Antropología y Arte (Maja) de Jericó, Antioquia, que el año pasado recibió más de 30.000 usuarios (el municipio tiene 70.000 habitantes). Roberto Ojalvo Prieto, responsable de la entidad, dice que a pesar de que Jericó está libre de coronavirus están a la espera de que se autorice su reapertura.
Cómo abrir puertas
Nunca se había sentido el gremio más unido que ahora, cree Daniel Castro. “La crisis nos ha planteado oportunidades para vernos en conjunto y construir soluciones colectivas”. Una posible salida que se propone es generar condiciones para que sean espacios seguros en una posible reapertura y, además, que sean los primeros en ser tenidos en cuenta porque pueden lograr estándares de bioseguridad. Andrés Roldán explica: “Al contar con mediadores y educadores, es en los museos donde la interacción con el público puede ser mejor piloteada para volver a la normalidad gradual”. Según el líder, la razón es que estas entidades son finalmente formativas en muchos niveles.
Aunque así lo deseen los museos, las medidas que ha tomado el Gobierno hasta el momento, como lo indicó a finales de abril el viceministro de Fomento Regional y Patrimonio del Ministerio de Cultura, José Ignacio Argote López, se han concentrado en salvar vidas: “Estamos en el pico de contener esta pandemia que está afectando a Colombia y al mundo, hay varias iniciativas que se están proponiendo en temas digitales. Estamos haciendo un llamado a que el sector entienda que vamos a tener que transformarnos y cambiar la manera de desarrollar la cultura”.
El Mamm, por ejemplo, ha reforzado la programación virtual y ha reestructurado los eventos como una forma de reemplazar las exposiciones presenciales. Como indica María Mercedes este cambio de chip lo están haciendo artistas, espacios independientes, galerías y entidades grandes y medianas del circuito del arte. El problema está en que muchas instituciones reclaman la presencialidad, en palabras de Roldán, de manera profunda: “Es una necesidad humana verlo en vivo. No es lo mismo que me muestren la Torre Eiffel a visitarla. La experiencia no va a ser reemplazada por un medio digital”. Él cree que hay una urgencia de aceleración tecnológica porque el activo más difícil de conseguir en estos tiempos es la atención del público, pero la realidad es más compleja: “Ante la pregunta de si nos estamos reinventando, definitivamente sí, pero eso no quiere decir que se está monetizando en ese campo”.
La propuesta del gremio es proponerle al gobierno que puedan hacer una apertura gradual y controlada. Están preparando un protocolo general para presentarlo ante el Ministerio de Cultura, junto a un plan de salvamento (ver ayuda).
Como lo mencionó el padre de todos los museos, el Icom, un estado muy prolongado de cuarentena puede desaparecer muchos museos, porque se deben a las colecciones y a las visitas. Las palabras que usa María del Rosario Escobar es que son instituciones frágiles, no resisten estos grandes choques. Aún así su actividad no se detiene. Todavía en tiempos de pandemia, cada semana hay unas brigadas semanales de limpieza, fumigación y mantenimiento dentro de la infraestructura. A veces llueve y se rompe una canoa, o hay que retirar una telaraña, en otras ocasiones hay apagones de energía. Al fin y al cabo, más que edificios, son organismos vivos. . n