Muchos lectores se preguntan si tienen que conseguir las obras existentes de Roald Dahl antes de que las nuevas ediciones arrasen con palabras y enunciados completos por ser considerados ofensivos. Para los herederos del autor británico y su editorial, Puffin —una de los mayores sellos editoriales de libros para niños en Reino Unido—, libros como Matilda o Charlie y la fábrica de chocolates deben ser podados para que su lectura sea aceptable para el público de hoy.
Los medios británicos hablan de cientos de cambios introducidos en la obra de un autor que ha vendido alrededor de 250 millones de libros en todo el mundo, con reconocidas adaptaciones en el cine y las series. “Gordo” o “feo” son palabras que han sido suprimidas o cambiadas con el objetivo de que las historias que cuentan “puedan ser disfrutadas por todos hoy”, según la editorial. También han neutralizado el sexo de algunos de los personajes, y se han añadido explicaciones que Dahl no escribió ni probablemente haría nunca.
La palabra gordo ha sido cambiada por “enorme”en un personaje de Charlie y la fábrica de chocolate, mientras que una mujer de Los cretinos dejó de ser “fea y bestial” y ahora es solo “bestial”. Para explicar la calvicie de unas brujas, al final de un párrafo se le añadió el siguiente enunciado: “Hay muchas otras razones por las que las mujeres pueden usar pelucas y ciertamente no hay nada de malo en eso”, cita The Guardian.
Los cambios se tornan más confusos y arbitrarios en ciertas partes. En James y el melocotón gigante, el personaje del ciempiés canta “La tía Sponge era terriblemente gorda / Y tremendamente flácida”, “La tía Spiker era delgada como un alambre / Y seca como un hueso, solo que más seca”. Estos versos han sido quitados y modificados así: “La tía Sponge era un viejo bruto y desagradable / Y merecía ser aplastada por la fruta”, y “La tía Spiker era casi lo mismo / Y merece la mitad de la culpa”. La decisión no es fácil de entender, puesto que las tías pasan de ser descritas en su flacura a ser juzgadas a priori: ambas, con el cambio hecho, “merecen” ser aplastadas o cargar una culpa.
El ensayista Juan Soto Ivars criticó la decisión de la editorial y a los herederos de Dahl a quienes tildó de “estúpidos” por estar “convencidos de que los niños de esta época son más tontos que los de la época de Roald Dahl”. Además recogió otros cambios introducidos, inexplicables fuera de la luz de la corrección política: en Las brujas, una chica dejó de querer ser “cajera de supermercado” para querer ser “científica de éxito” (“para que la novela luche contra el machismo”, dice Ivars). En Matilda, la protagonista “no cree ‘navegar en los viejos barcos de vela leyendo a Joseph Conrad’, ni se transporta a la ‘India con Rudyard Kipling’, sino que abomina del colonialismo y abandona el privilegio blanco, transportándose ‘al siglo XIX con Jane Austen’ y ‘a California con Steinbeck’”.
Estos cambios se realizaron con la ayuda de un colectivo, Inclusive Minds, que se describe como un grupo “para personas apasionadas por la inclusión y la accesibilidad en la literatura”. Alexandra Strick, cofundadora de esa organización, explicó que con la decisión “apuntan a garantizar una representación auténtica, trabajando en estrecha colaboración con el mundo del libro y con aquellos que han vivido la experiencia de cualquier faceta de la diversidad”.
Un vocero de Roald Dahl Story Company, la entidad que maneja sus derechos de autor, dijo que en la revisión de nuevas ediciones de obras escritas hace décadas “no es inusual revisar el lenguaje utilizado junto con la actualización de otros detalles, como la portada y el diseño de página de un libro”. Y añadió: “Nuestro principio rector en todo momento ha sido mantener las tramas, los personajes y la irreverencia y el espíritu afilado del texto original. Todos los cambios realizados han sido pequeños y cuidadosamente considerados”.
“Eso no se puede borrar”
El escritor Salman Rushdie fue uno de los primeros en pronunciarse sobre el caso este domingo. En su Twitter dijo que se trataba de una “censura absurda” y que “Puffin Books y los herederos de Dahl deberían estar avergonzados”. “Aberrante: reescribir el pasado , intervenirlo, destruirlo, higienizar la literatura”, tuiteó por su parte la escritora mexicana Margo Glantz.
La escritora y promotora de lectura Velia Vidal le dijo a EL COLOMBIANO que “uno tiene que ser cuidadoso de cómo está narrando al otro, a fin de no perpetuar estereotipos y formas de exclusión que hacen daño. Pero esto no implica que en la literatura los personajes no puedan decir ciertas cosas”.
Vidal también considera “absurda” la decisión de la editorial británica. “La literatura es testimonio de su tiempo, eso no se puede borrar”. Cree que se “necesitan lectores críticos capaces de entender la literatura en su contexto”.
“Me parece de una beatería absoluta, y que da la razón a Dahl, porque no hay nada peor que el fanatismo de signo que sea. Y esa actitud y gesto es de un fanatismo que abraza lo totalitario”, dijo Manuel Borrás, editor de la española Pretextos.
Al suprimir o dejar de hablar de “feos” o “gordos” se está “diciendo que eso no existe”, explica Clemencia Ardila, profesora de literatura. En tal caso, suponen quienes están a cargo de esta reescritura, “los lectores no pueden leer sobre eso porque se va ejercer alguna influencia dañina”. La docente subraya que los libros muestran “la sociedad imperfecta” en la que vivimos, y no imperfecta “porque haya un feo o un gordo, sino por los prejuicios que tenemos sobre las otras personas”. Por el contrario, así pretenden “mostrarlo todo homogeneizado”.
En la distopía 1984, de George Orwell, el partido que está en el poder crea la “neolengua”, que consiste en una reducción sistemática y gradual del pensamiento de los ciudadanos a través de la reducción del lenguaje. Al suprimir palabras que ya dicen lo que quieren decir, se apelan a otras, imprecisas o solapadas, para que digan lo que solo unos cuantos quieren que se diga. ¿Es esto lo que buscan los herederos de Dahl, versionarlo a una neolengua potable para estos tiempos? ¿De verdad creen que sus lectores son todos unos “tontos”, como dice Ivars? Habrá que esperar a ver si las ediciones existentes en español pasan a ser piezas inencontrables y únicas al lado de una nuevas y censuradas por sus herederos.