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Realidad o ficción en “Pálpito”: ¿Un corazón trasplantado conserva sentimientos del donante?

“Pálpito”, una de las más recientes series de Netflix, ha puesto sobre la mesa algunos asuntos que se mueven entre la realidad y la ficción. Se los explicamos.

  • “Pálpito”, la nueva serie de Netflix, se mueve entre la realidad y la ficción. Aborda contextos como el tráfico y el trasplante de órganos. FOTO TOMADA DE LA SERIE - NETFLIX.
    “Pálpito”, la nueva serie de Netflix, se mueve entre la realidad y la ficción. Aborda contextos como el tráfico y el trasplante de órganos. FOTO TOMADA DE LA SERIE - NETFLIX.
26 de abril de 2022
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“Pálpito” (o “The Marked Heart” en inglés), escrita por el venezolano Leonardo Padrón para Netflix, lleva casi una semana y media siendo la serie más vista de la plataforma en todo el mundo.

Es protagonizada por los colombianos Sebastián Martínez, Margarita Muñoz, Ana Lucía Domínguez y el argentino Michel Brown. La historia ha puesto en discusión distintos asuntos en torno al tráfico y el trasplante de órganos.

Por su alcance y la naturaleza de su trama, la Asociación Colombiana de Trasplantes de Órganos, en un comunicado oficial, señaló preocupación con respecto a que el contenido de la serie “llegue a impactar negativamente la cultura de la donación, afectando a los miles de pacientes que en la actualidad se encuentran en lista de espera”.

La producción está catalogada en la plataforma como un thriller (de suspenso), no relacionada con el género documental, por lo que se deduce que es una serie de ficción (basada en hechos inventados, no reales).

Sin embargo, y aunque esto es claro, no implica que la historia no afecte en términos reales a los espectadores. “A veces a los seres humanos se nos dificulta separar la ficción de la realidad”, explica Nicolás Cadavid, psicólogo clínico y docente de la Universidad CES, “más cuando la vemos en medios influyentes como la televisión... Pensemos en las fake news, a veces no pueden separarse de la realidad, terminan afectándonos y es difícil pensar en qué es lo real”.

La escritura de ficción

Cuando se habla de ficción se hace referencia a argumentos que no están basados en hechos reales y, en esa medida, los escritores cuentan con licencia para explorar y empujar los límites de la realidad.

Lo importante en estos casos, explica el libretista Miguel Ángel Baquero, autor de historias como Un ángel llamado azul, Merlina mujer divina, entre otras, “es que los universos que uno cree tengan sus propias normas, de manera que pueda haber una posibilidad narrativa verosímil. Los espectadores juegan a esas reglas”.

Los escritores de ficción no suelen preguntarse entonces si lo que están narrando puede ocurrir o no en el mundo real; lo que hacen es procurar que eso que cuentan sea posible dentro del universo inventado. “Desde que inicia la historia la gente compra esas reglas o no. Por eso existen géneros como la fantasía, que no son probables en la realidad, pero que igual la gente asume”.

Un contexto en el que sí debe problematizarse el proceso creativo, continúa, es cuando se está escribiendo para un público infantil. “Los niños son expertos en comprar la ficción, por eso hay que tener claro qué se les está comunicando, sobre todo qué valores”.

Finalmente, de acuerdo con el psicólogo Cadavid, entre los adultos (y los menores de edad también) una forma responsable de acercarse a este tipo de contenidos es conversándolo con familiares, amigos y profesionales.

Ante dudas o temores hay que remitirse a fuentes confiables, hablar con los padres, amigos, profesionales que nos orienten”, dice, “la salud mental es muy permeable a estímulos externos. También debemos aprender a regular las emociones y a dejar las series, las películas y los documentales en su propio contexto”, es decir, a no sacarlos de lo que Baquero llama el “universo creado”.

En “Pálpito”, ¿qué es lo real y qué es lo inventado?

Con el fin de aclarar algunas dudas y conceptos, EL COLOMBIANO conversó con Cristián Mauricio Álvarez Botero, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, y director del Laboratorio de Inmunología de Trasplantes de la misma institución.

- No es una muerte cualquiera
Una persona donante debe haber tenido una muerte encefálica: su cerebro debió haber dejado de funcionar, por un trauma o un accidente, de manera que los órganos queden intactos. La causa del deceso no puede ser otra: ni un paro cardiorrespiratorio ni un balazo ni una herida por arma blanca, “eso hace que los órganos no sirvan para una donación”, comenta el docente.

“No puede haber derramamiento de sangre ni traumatismo múltiple. Una de las condiciones para trasplantar es que los órganos no hayan quedado privados de oxígeno”, explica. Y esto último, en definitiva, solo se garantiza si la muerte es cerebral.

- Saber si se es compatible
Para hacer el emparejamiento donante - receptor se tienen en cuenta diversas variables, entre ellas el grupo sanguíneo y la compatibilidad genética (a nivel molecular).

“Adicionalmente, hay una prueba muy importante que se debe hacer antes del trasplante, se llama “prueba cruzada” y consiste en provocar una reacción en laboratorio entre las células del donante y la sangre del receptor. Si esa prueba cruzada da positiva, no se puede realizar el trasplante”. Además, señala Álvarez, antes del momento quirúrgico deben descartarse infecciones por VIH, SARS-CoV-2, etc.

- ¿El órgano recibido conserva “algo” del donante?
El órgano trasplantado termina siendo un tejido que no tiene nervación, es decir, queda conectado a la circulación, pero sin conexión nerviosa.

A nivel psicológico, no obstante, “hay quienes pueden experimentar algo similar a lo que muestra la serie, por eso uno de los estudios previos a la autorización del trasplante es una evaluación psicosocial que determina que el paciente está en condiciones de recibirlo, que va a tener un acompañamiento, un soporte emocional”.

- No existen los bancos de órganos...
Los órganos no se pueden almacenar. Un corazón, después de haber salido del organismo del donante, debe trasplantarse en máximo 5 o 6 horas. “Cuando salen del organismo del donante son órganos que no tienen circulación sanguínea y esa es la que les provee el oxígeno. Si la circulación no se mantiene, las células se van muriendo y los órganos dejan de funcionar”, puntualiza Álvarez.

“Además, hay mucha demanda de órganos como para tenerlos almacenados”. Lo que sí existe son los bancos de tejidos, que guardan partes de un órgano, un trozo de piel, una córnea, porque no necesitan circulación, funcionan más como soportes, es decir, no tienen funciones vitales.

- ¿Es probable que exista el trafico de órganos?
Es difícil que exista teniendo en cuenta que son muchos los requisitos necesarios para que un trasplante sea exitoso. “El trasplante va más allá del acto quirúrgico, son demasiados los procesos que deben llevarse a cabo para que el órgano sea viable”, señala el docente.

Así pues, hablar de un mercado negro es complejo y difícil en un país como Colombia que lo tiene todo regulado (en la Ley 1805 de 2016). “En países en los que no está regulado sí se trasplanta en otras condiciones, hay personas que se dedican a eso clandestinamente, pero yo no hablaría de tráfico de órganos”. En Colombia la Ley no solo evita la conformación de mercados negros, continúa, sino que también garantiza que los trasplantes se hagan en condiciones adecuadas.

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