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“Soy un escribidor. Me cuentan una cosa y la escribo lo mejor posible”: Javier Moro

El reconocido escritor es uno de los invitados destacados del Hay Festival en Jericó y Medellín. Viene a presentar su libro Nos quieren muertos, sobre la lucha de Leopoldo López contra el régimen de Nicolás Maduro.

  • Javier Moro es uno de los autores contemporáneos más leídos en español. FOTO Cortesía Hay Festival
    Javier Moro es uno de los autores contemporáneos más leídos en español. FOTO Cortesía Hay Festival
20 de enero de 2024
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Antes de llegar a Medellín para su participación en el Hay Festival, con presentaciones en Jericó, Medellín y Cartagena, el reconocido escritor español Javier Moro (Madrid, 1955) pasó unos días de descanso en África. Ha estado dedicado de lleno a la promoción de su último libro, Nos quieren muertos, que cuenta la historia del desafío del líder político venezolano Leopoldo López al régimen de Nicolás Maduro, que inició hace una década, en 2014.

No más empezar esta entrevista, Moro se apresura a explicar que la promoción ha sido agotadora porque lo llama mucha gente a preguntarle si ha sido imparcial en su relato. Al momento de preguntarle por la forma en que hizo su investigación, a través de la pantalla de la videollamada, Moro me muestra una silla al lado de su biblioteca. “Ese sillón era de mi madre, ahora lo llamo el sillón del psiquiatra, y ahí se sentaron Leopoldo, su esposa, sus familiares, a contarme su verdad”.

Autor de más de una decena de libros de éxito internacional, como Las montañas de Buda, El imperio eres tú o Mi pecado, Moro habló con EL COLOMBIANO de su experiencia al descubrir la historia de Leopoldo López, del significado que vio en ella y de las formas, contradictorias, en que los venezolanos valoran y asumen el exilio del líder político en Madrid.

¿Cómo ha recibido el interés de los lectores por el libro?

“Cada libro tiene una historia y una vida diferente. Y este libro al parecer desconcierta a mucha gente que me pregunta, ¿es usted imparcial? Y les digo, pero a ver, si no se trata de ser imparcial o no, yo aquí he contado una historia. Usted juzgue una vez que lo haya leído”.

¿A usted le parece que ha sido imparcial?

“He contado lo que me han contado las personas con las que hablé. Una historia que me ha parecido increíblemente humana y dramática”.

¿Cómo llega a sus manos?

“Tenía vínculos con Venezuela, pasé mucho tiempo de joven allí. Viajábamos mucho. Mi padre trabajaba en la aerolínea Viasa (desaparecida). Era la otra Venezuela. En aquel entonces, los pobres eran los colombianos que se iban a trabajar allí. Y los venezolanos los miraban por encima del hombro. ¡Fíjate cómo han cambiado las cosas!”.

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Venezuela era uno de los países más ricos de Sudamérica...

“Sí, era próspero y, bueno, era corrupto, eso también es verdad. Para mí ese era el país del futuro. Con 17, 18 años quería irme a vivir allí. Tenía un vínculo sentimental. Y bueno, después de la pandemia me encontré con los López en Madrid, que acababan de llegar. Y hablando con ellos, dije: ‘Aquí hay un libro y una historia formidable’. Antes de que se olvide, porque la memoria es muy frágil, quiero dejar este testimonio por escrito”.

¿Sabía de Leopoldo antes de conocerlo?

“Había seguido a Leopoldo desde antes, siempre he seguido la actualidad de Venezuela. Soy un news freak, veo noticias todo el día. Cuando Leopoldo se entregó, en febrero de 2014, pensé, este tío está loco. ¿Pero quién hace eso?”.

Obviamente no estaba loco...

“Era un gesto político, que marcó su carrera y debería de marcar la historia del país, porque poca gente ve eso. Y me da muchísima rabia que ahora los propios venezolanos en el exilio le estén tirando piedras, no lo reconocen”.

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¿Cómo lo ven desde el exterior?

“Tengo discusiones con todo tipo de gente, desde conductores de Uber, meseros, hasta gente rica, porque están todos aquí en España, de todas las condiciones. Y les pregunto, ¿qué habéis hecho por vuestro país que tengáis tanto que reprocharle a este señor López? Él por lo menos sí ha hecho algo”.

¿En algún momento se le ocurrió escribir un libro diferente sobre Venezuela, no particularmente concentrado en la historia de Leopoldo?

“Cuando conocí a los López, dije aquí está el vehículo para escribir sobre Venezuela, porque es una historia que lo tiene todo desde el punto de vista dramático: es una familia, hay una historia de amor, es un gesto heroico de los que me gustan, que mueven la historia rápidamente, hay persecución, solidaridad. Sale lo peor y lo mejor del ser humano. A través de esta epopeya, pues se ve el país. Y el régimen, sobre todo, se siente”.

¿Cómo recogió la información?

“Dentro de todo fue fácil, porque tenía la colaboración plena de los López. Hablando con ellos se hizo una especie de pacto, pero no hablado. Ellos tenían que tener confianza en mí y yo quería, a cambio, que me contasen toda la verdad, su verdad”.

Así fue construyendo las voces del libro...

“Sí, y luego hay un trabajo muy lento de reconstrucción de todo esto, de cómo mezclarlo bien para que se leyera como una novela”.

El narrador del libro tiene opiniones muy contundentes sobre el régimen, ¿cómo concibió ese narrador?

“Me he quedado siempre fuera del libro, les he dejado hablar y lo que pongo, lo pongo en boca de lo que me han contado ellos. No hay narrador omnisciente. Todo el mundo habla”.

En mi lectura, resaltan los juicios duros contra el régimen de Maduro...

“Detesto hacer moralina. ¿Esto es malo? ¿Esto es bueno? Creo que he transmitido a través de los personajes, que emiten el juicio, porque yo no hablo, no soy narrador de ese libro. Los narradores son ellos. De hecho, eso es lo que quería, contar su verdad, porque es diametralmente opuesta a cualquier verdad, entre comillas, del régimen.

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Y no estaba escrita esa verdad del refugiado venezolano...

“De acuerdo. No he visto nada escrito sobre eso. Sí, hay artículos de periódicos, hay reportajes, pero no había un libro que pudiera contextualizar todo esto. No se trata de ser objetivo entre el chavismo y la democracia, ese no es el problema, se trata de un régimen que ha secuestrado un país”.

Está claro, entonces, que el libro tiene una intención de denuncia...

“No soy de derechas ni de izquierdas. Esto va más allá de la ideología. Esto no se puede defender por la ideología”.

Usted es un escritor de novelas, pero diría que este es un libro más real...

“Siempre he escrito basándome en historias reales. No hago autoficción. No sé hacerlo. No sé hacer thrillers, a menos que me los cuenten, como en este caso. Por eso se puede decir que es un thriller. Hago historias que encuentro en la vida y me inspiran, porque pienso que pueden inspirar a mis lectores. No me puedo inventar personajes porque no me lo creo.

Prefiere el deslumbramiento de la realidad...

“Desde cómo los López conciben un hijo en la cárcel hasta cómo Leopoldo construye la amistad con los custodios, hay cosas que no puedes inventar, la dificultad es meter esa información de manera que se lea como literatura y es lo que le da al libro un valor más allá de la propia lectura”.

Un valor político...

“Llamarlo si quieres así, un statement, como dicen los norteamericanos, una declaración. Maduro podrá prohibir el libro en Venezuela, lo que no podrán hacer nunca es alterar el contenido, el mensaje, esas voces ya quedan ahí plasmadas, ahí está el valor del libro, independientemente de que guste o no cómo esté escrito”.

Una forma de hacer historia...

“Era un documento, una oportunidad que sentí que no debía dejar pasar. Políticamente puedo ser un tipo de centro, centro izquierda, si me aprietas un poco las tuercas, pero por supuesto demócrata y con mucha fe en el Estado de Derecho. Esa es mi postura política. Pero no soy especialmente de derecha como para meterme por ello contra un régimen. No, en absoluto es eso”.

¿A qué conclusión llegó de por qué Leopoldo López tomó la decisión de entregarse e ir a la cárcel?

“Desde luego no buscaba la gloria personal. Lo que ha hecho Leopoldo es lo que ha hecho Zelensky en Ucrania o Monseñor Álvarez en Nicaragua, son gente que ahora que la conozco no me extraña que lo haya hecho, porque es muy coherente con su pasado, su vocación. Él se siente realmente imbuido de una vocación social grande y lo tiene porque ha sido criado por su abuelo, por toda la familia, es descendiente de Simón Bolívar, ahí les viene una especie de visión, de sentido, de misión histórica”.

Algo religioso, de trascendencia...

“Es una fe enorme, pero la fe la tiene puesta en buen sitio, en el sentido en que él cree también en el Estado de Derecho, en la democracia, en la libertad. Lo hizo porque no tenía otra posibilidad, era la única manera de ser coherente con su lucha. Si él en ese momento se mete en la clandestinidad, lo hubieran pillado, entonces tuvo que enfrentarse. Imagínate lo que es eso. Tienes dos niños pequeños, tus padres, una vida cómoda y te vas a meter en la boca del lobo. Eso no lo hace cualquiera. Hoy en día los propios venezolanos no reconocen ese gesto político, pero la historia sí lo reconocerá”.

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Gran parte del libro trata de las consecuencias de esa decisión.

“Él toma esa decisión, pero no sabe dónde le va a llevar. El otro día un taxista de Uber venezolano me dice: ‘Bueno, pero el sacrificio de Leopoldo no ha servido para nada’... El mundo empezó a enterarse de lo que pasaba en Venezuela por el lío que montó Lilian Tintori, su esposa. En 2014 muchísima gente no creía la verdad de lo que estaba pasando en el país”.

La familia ayudó a llamar la atención de la comunidad internacional...

“La familia supo hacer un caso internacional, de repente, gente como Luis Almagro, de la OEA; Felipe González, el ex presidente de España, gente de la izquierda, empezaron a denunciar. Leopoldo sirvió de catalizador de todos estos horrores que estaban empezando. No cambió todo lo que él hubiera querido, que era tumbar ese régimen, como lo intentó el 30 de abril, pero el intento fue heroico”.

Y Diosdado Cabello, más que Maduro, es el gran antagonista en el libro.

“Diosdado es un malo de película. Es el malo perfecto, porque va de bueno, habla de una manera suave, le dice al padre que está preocupado por su hijo. Es un malo arquetípico”.

¿Cuál es el papel de España en esta historia?

“Un papel fundamental cuando estaba el embajador Silva. Pero luego, al entrar en el gobierno de España una coalición de extrema izquierda, con Zapatero cambió la orientación del gobierno y obligaron a cambiar la política exterior de España, cesaron al embajador, pusieron a otro, simpatizante ideológico de Maduro. Ahí cuando Leopoldo se tiene que ir del país”.

Y se marginó de la política...

“Aunque parece que los venezolanos hubieran querido que se hubiera entregado otra vez, aunque haya pasado cuatro años en la cárcel, siete en total privado de libertad, con la casa por cárcel”.

El héroe no reconocido, despreciado por su propio pueblo...

“Tiene algo de tragedia griega. Él encerrado en la torre, la mujer que lo salva, luego despreciado por no haber conseguido todo lo que esperaban de él, pero ha conseguido mucho”.

¿Es como si le cobraran su origen, su clase social?

“Siempre se lo han echado en cara. Ahora, digamos, está sublimando esa frustración de no poder estar en Venezuela haciendo esta alianza con otros exprisioneros políticos del mundo entero. Y han formado un grupo y un congreso para ayudar a fortalecer las democracias”.

A diez años de que empezara esta historia, la oposición está pidiendo la fecha para las elecciones presidenciales programadas para este año. ¿Usted ve a Leopoldo volviendo a Venezuela?

“La historia pone a la gente en su sitio, pero soy escéptico, no creo que esta gente permita unas elecciones libres y transparentes. Ahora, si hubiera elecciones limpias ganarían los opositores, no tengo la menor duda. Pero lo que sí tengo duda es que dejen el poder. Hablando con Luis Almagro me decía, en Latinoamérica no se deja el poder”.

Hay que quitarlo...

“Así es. No se deja así con buenas formas. No soy profeta, soy un escribidor. Me cuentan una cosa y la escribo lo mejor posible. Ahí está tu historia contada”.

¿El objetivo que usted tenía, que era entender más a Venezuela, lo consiguió con este libro?

“Eso por supuesto que sí. Nunca se entiende en todo un país, pero por lo menos sí la realidad del régimen”.

Para saber más

Javier Moro en el Hay Festival

Después de su paso por Jericó, donde conversó con la periodista Ana Cristina Restrepo, este martes 23 de enero a las 7:15 p.m., en la Plazoleta del Museo de Arte Moderno de Medellín, conversará con el periodista Alfonso Buitrago.

Posteriormente, tendrá dos encuentros en el Centro de Convenciones de Cartagena: el viernes 26 de enero estará compartiendo con Moisés Naím y el sábado 27 de enero hablará con Margarita Valencia.

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