Hace siete años, el 17 de abril, falleció en su residencia en Ciudad de México el escritor Gabriel García Márquez, uno de los autores claves del boom latinoamericano. Su legado periodístico quedó en sus crónicas y reportajes, y también en Medellín. Esta ciudad heredó el Festival Gabo, fruto de una relación que venía de antes.
El primer contacto con la capital antioqueña lo hizo cuando era periodista en la década del 50. En 1961 Aguirre Editor publicó su segunda novela. Así mismo fue protagónica en uno de sus reportajes novelados, Noticia de un secuestro (1996). “El periodismo lo unió a Medellín”, relata Jaime Abello Banfi, cofundador de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, FNPI y de director de la Fundación Gabo. Hoy esa cofradía no se ha separado.
El derrumbe
El escritor de Aracataca fue enviado a Medellín cuando era reportero raso de El Espectador. Cuenta Gerald Martin en el libro Gabo periodista, que José Salgar, jefe de redacción de ese diario, lo mandó a que averiguara “qué carajo fue lo que pasó” en los derrumbes que dejaron más de 60 muertos, ocurridos en la zona de Media Luna, corregimiento de Santa Elena.
“Hace sesenta años comenzó la tragedia”, tituló la crónica de tres entregas que aparecería 20 días después. Así comienza su publicación: “El lunes 12 de julio, un poco antes de las siete de la mañana, los niños Jorge Alirio y Licirio Caro, de once y ocho años, salieron a cortar leña. Era un trabajo que realizaban tres veces por semana, con un pequeño machete de cachas de cuerno, gastado por el uso, después de tomar el desayuno con su padre, el arenero Guillermo Caro Gallego, de 45 años...”
Las víctimas estaban en el lugar presenciando el rescate de una familia que había quedado atrapada en un alud, ocurrido horas antes. Entre ellas estaban la madre y una hermana del campeón de la Vuelta a Colombia, Ramón Hoyos Vallejo, de quién escribiría más adelante el periodista.
“En medio de la tragedia, descubrió el goce de ser un reportero-detective, la creatividad que encerraba descubrir –y, en cierto modo, inventar– la verdad... Fue el primero de unos ochenta reportajes que escribiría en el año antes de su partida para Europa”, recuerda en su ensayo el biógrafo y crítico literario británico.
En su autobiografía Vivir para contarla, Gabo recuerda a Medellín como tierra de “grandes escritores y poetas” y donde estudiaba su novia Mercedes Barcha, en el colegio de la Presentación. El día que llegó a hacer su crónica, dejó la maleta con ropa para tres días de estadía en el hotel Nutibara. A las 11 de la mañana, en medio de una borrasca, se echó a la calle a hacer su reportería.